En un momento en el que el tablero de Oriente Próximo parece haber saltado por los aires, las palabras de los expertos cobran una relevancia casi profética. Durante su intervención en el programa Al Rojo Vivo de laSexta, el catedrático de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Complutense de Madrid, Ignacio Álvarez-Ossorio, ha dibujado un panorama desolador sobre la situación en la frontera entre Israel y el Líbano. Tras los intensos bombardeos registrados en las últimas horas de este inicio de marzo de 2026, el analista ha sido tajante: estamos ante un escenario de «guerra total» donde las normas que regían el conflicto hasta ahora se han volatilizado.
Para Álvarez-Ossorio, lo que estamos presenciando no es simplemente una escalada más en una cronología de décadas de fricciones, sino un cambio de paradigma militar y diplomático. Según el catedrático, el Gobierno de Benjamín Netanyahu ha decidido romper con cualquier tipo de restricción operativa, operando bajo la premisa de que ya no existen líneas rojas que respetar. Esta ausencia de límites se traduce en ataques que ya no solo buscan desmantelar la infraestructura de Hizbulá, sino que impactan de lleno en el corazón de la sociedad libanesa, afectando a barrios residenciales y servicios básicos.
El fin de la contención y la impotencia internacional
Uno de los puntos más críticos del análisis de Álvarez-Ossorio radica en la soledad diplomática en la que se encuentra la legalidad internacional. El experto subraya con preocupación que «ninguna potencia internacional puede pararle los pies a Israel». Este vacío de autoridad global es, en gran medida, el resultado de una coyuntura política muy específica. Con la administración de Donald Trump en la Casa Blanca volcada en un enfrentamiento directo con Irán a través de la Operación «Furia Épica», Israel ha encontrado el «cheque en blanco» definitivo para actuar en su frontera norte.
El catedrático explica que la diplomacia europea, tradicionalmente más inclinada al diálogo y a la imposición de cordones sanitarios en el conflicto, se encuentra hoy en un estado de parálisis. Sin el respaldo de Washington para presionar por un alto el fuego, los llamamientos de Bruselas o París caen en saco roto. Esta impunidad percibida por Tel Aviv es, a ojos de Álvarez-Ossorio, el motor que impulsa la expansión de la ofensiva, convirtiendo al Líbano en un segundo frente de destrucción masiva que emula, en muchos aspectos, la devastación vista en la Franja de Gaza.
El Líbano como daño colateral del eje Irán-EE.UU.
La situación en el Líbano no puede entenderse de forma aislada a los sucesos en Teherán. El análisis en laSexta vincula directamente la presión sobre Hizbulá con el intento de desarticular toda la red de aliados regionales de Irán. Ante la muerte de la cúpula del régimen iraní y el acoso militar estadounidense en el Golfo, Hizbulá se siente acorralado. Ignacio Álvarez-Ossorio advierte que un grupo armado con esa capacidad de fuego, cuando se siente contra las cuerdas, tiende a una respuesta de «tierra quemada», lo que solo da más argumentos a Israel para intensificar sus incursiones terrestres.
El escenario de guerra total implica, además, una crisis humanitaria de proporciones bíblicas para un país, el Líbano, que ya arrastraba una situación económica y política extremadamente frágil. Álvarez-Ossorio destaca que el desplazamiento masivo de civiles hacia el norte no es solo un problema logístico, sino una estrategia de presión demográfica que busca desestabilizar al Estado libanés desde dentro. La desaparición de las líneas rojas supone que las escuelas, los hospitales y las redes de suministro de agua han pasado a ser, bajo la retórica de la «seguridad nacional», objetivos militares legítimos a ojos de las Fuerzas de Defensa de Israel.
Un conflicto sin fecha de caducidad
Hacia el final de su intervención, el catedrático lanzó una advertencia sobre la duración de este nuevo ciclo de violencia. A diferencia de enfrentamientos anteriores que terminaban con una tregua mediada por la ONU, el actual conflicto parece no tener una «rampa de salida» diplomática. La lógica de la fuerza bruta se ha impuesto sobre la mesa de negociaciones. Para Álvarez-Ossorio, el riesgo de que el Líbano se convierta en un Estado fallido bajo ocupación parcial es hoy una posibilidad más que real, lo que generaría un foco de inestabilidad permanente que afectaría a toda la cuenca del Mediterráneo.
El mundo asiste, según el experto, a la confirmación de que el derecho internacional es hoy una herramienta de otro siglo, incapaz de contener las ambiciones geopolíticas de los actores implicados en 2026. La «guerra total» no es solo un término académico; es la descripción de una realidad donde los civiles libaneses han pasado a ser peones en una partida de ajedrez sangrienta donde la victoria se mide en la aniquilación total del adversario, sin importar el coste humano o histórico.
