Netflix acierta de nuevo con una de esas series que parecen ligeras a primera vista pero que terminan enganchando más de lo esperado. Esta vez lo hace con ‘Mar de fondo’, una ficción juvenil ambientada en la costa belga que mezcla lujo, secretos y ese aire de drama adolescente que inevitablemente recuerda a clásicos como ‘Compañeros’ o ‘Al salir de clase’, aunque con un tono algo más incómodo, menos ingenuo y con una tensión que se va colando poco a poco.
Netflix sabe perfectamente cómo construir este tipo de historias donde todo entra fácil, gente joven, paisajes de postal, conflictos emocionales y relaciones que se cruzan sin parar, pero en ‘Mar de fondo’ hay una capa extra que la diferencia, una sensación constante de que nadie es del todo transparente y de que, detrás de cada conversación aparentemente normal, hay algo que no termina de encajar, lo que hace que cada capítulo deje ese pequeño gancho que invita a seguir viendo casi sin darte cuenta.
2La tercera temporada sube el nivel emocional
Netflix ha decidido ir un paso más allá en la tercera temporada, donde ‘Mar de fondo’ deja de apoyarse solo en el drama adolescente para apostar por una carga emocional más intensa, marcada sobre todo por el regreso de Louise tras haber pasado varios meses en un centro psiquiátrico, un punto de partida que ya deja claro que las cosas no van a volver a ser como antes.
Netflix juega aquí con los silencios, con las miradas que pesan más que cualquier diálogo y con esa distancia incómoda que se instala entre los personajes, especialmente entre Alex, Daan y Louise, mientras al mismo tiempo el imperio de la familia Vandael empieza a tambalearse, dejando la sensación constante de que todo ese mundo aparentemente sólido puede romperse en cualquier momento sin previo aviso.

