Ingeniero de Google acusado de insider trading: ganó 1,2 millones en Polymarket con datos internos

El italiano de 36 años accedió sin autorización a las tendencias anuales de búsqueda de Google para apostar por los personajes más buscados. Utilizó criptomonedas y alias para ocultar el rastro, pero el FBI lo identificó al vincular una cartera con su DNI.

Un ingeniero de seguridad de Google ha sido arrestado en Nueva York acusado de utilizar datos confidenciales de la compañía para apostar en el mercado de predicciones Polymarket. Michele Spagnuolo, ciudadano italiano de 36 años residente en Suiza, se embolsó más de 1,2 millones de dólares en beneficios, según el Departamento de Justicia. Le cuento una historia que, aunque no parte de un servicio de inteligencia estatal, pone al desnudo el modus operandi de un insider que explotó información privilegiada con una sofisticación digna de cualquier operación encubierta.

Un acceso privilegiado a las tendencias más buscadas del planeta

El hoy acusado trabajaba desde 2014 como security engineer en Google. Tenía acceso a una herramienta interna que monitorizaba las tendencias anuales de búsqueda, ese Year in Search que la compañía publica cada diciembre y que resume lo que el mundo ha tecleado en el buscador con más datos del planeta. Sobre esa herramienta, según la querella desclasificada el miércoles 27 de mayo, lucía un banner en rojo con la frase «Google Confidential». Spagnuolo había confirmado que conocía las políticas de confidencialidad de la empresa al acceder a ese recurso.

No era el único dato a su alcance. El ingeniero podía ver qué términos despuntaban semanas o meses antes de que Google los revelara al público. Una ventana de ventaja que transformó en apuestas millonarias. Creó una cuenta en Polymarket en mayo de 2024 y, entre finales de ese año y principios de 2025, arriesgó aproximadamente 2,75 millones de dólares en 25 resultados que el mercado consideraba improbables. Apostó por los personajes más buscados de 2025 y acertó. El beneficio neto superó los 1,2 millones.

Publicidad

No me extraña que el investigador del FBI que rastreó los movimientos lo describa como un individuo que «tomó medidas deliberadas para ocultar el uso de información no pública». Lo hizo con un oficio que usted, lector, reconocerá si ha seguido otros casos de cibercrimen o contrainteligencia.

Cryptomonedas, mezcladores y un mapache alfanumérico: anatomía de la ocultación

Spagnuolo usó en Polymarket el alias «AlphaRaccoon». Para financiar sus apuestas recurrió a una cartera de criptomonedas trazada por el FBI hasta una cuenta vinculada a su documento de identidad italiano. Tras obtener las ganancias, movió los fondos a través de un servicio de intercambio de criptomonedas —un swapping service que dificulta el rastreo— y los hizo llegar a otra cuenta a su nombre. Todo el proceso, un juego de capas que recuerda a las cadenas de custodia que usan los agentes en operaciones encubiertas para despistar a los servicios de contrainteligencia.

El detalle más revelador llegó a principios de diciembre de 2025, cuando Google publicó su Year in Search. Varios usuarios de Discord y X (antes Twitter) empezaron a sospechar que la cuenta «AlphaRaccoon» era un insider de la compañía. En ese momento, Spagnuolo cambió su nombre de usuario de Polymarket a una dirección alfanumérica de cartera, una maniobra torpe pero eficaz durante unas semanas. No lo suficiente para burlar al FBI.

Voy a ser claro: lo que hizo Spagnuolo es un delito financiero, pero la técnica es idéntica a la que emplearía un empleado infiltrado para extraer información sensible de una infraestructura crítica. Y en España, con 8.000 infraestructuras críticas identificadas, el riesgo de un insider que sepa borrar sus huellas es real.

El caso Spagnuolo no es un asunto de Wall Street; es un manual de instrucciones sobre cómo un acceso privilegiado se convierte en dinero negro saltándose todos los controles internos.

Dossier Moncloa: Ojos en la Sombra

El vector de amenaza es claro: un empleado con conocimiento profundo de los sistemas de monitorización interna y con acceso a datos confidenciales que decide explotarlos para beneficio personal. No hablamos de un hackeo externo, sino de una filtración desde dentro, el talón de Aquiles de cualquier organización que maneje grandes volúmenes de información, ya sea una tecnológica, un ministerio o un servicio de inteligencia. El tradecraft empleado —criptomonedas, mezcladores, alias cambiantes— es el mismo que documentamos en operaciones de exfiltración de datos por parte de grupos APT.

Las agencias implicadas en este episodio no son el CNI ni el Mossad, pero la estructura es extrapolable. En el lado defensor, Google cuenta con sus propios equipos de seguridad y políticas de confidencialidad; la víctima directa es la integridad del mercado de predicciones Polymarket y, por extensión, la confianza en que los datos internos de una corporación no se usarán para manipular apuestas. El atacante es un insider solitario, pero el Tercero Interesado bien podría ser cualquier servicio de inteligencia extranjero que hubiera reclutado a un perfil similar: piense en la utilidad de conocer las tendencias de búsqueda de un país semanas antes de que se hagan públicas, para campañas de desinformación o para anticipar movimientos sociales.

Publicidad

Estimo que el nivel de clasificación del material manejado por Spagnuolo era Confidencial —el propio banner lo indicaba—, lo que en el argot del oficio equivale a un riesgo de daño para la compañía si se divulgara. La lectura confidencial es que este caso subraya la necesidad de que las grandes tecnológicas, que manejan datos casi tan sensibles como los de un gobierno, refuercen los controles de acceso y monitoricen comportamientos anómalos. En España, el CCN-CERT ya advierte en sus guías de protección sobre la amenaza del insider; esto es un ejemplo de manual.

El caso me trae a la memoria —salvando las distancias— el de Robert Hanssen, el agente del FBI que durante décadas vendió secretos a los soviéticos y a Rusia. Hanssen conocía los sistemas de contrainteligencia y los burló durante años. Spagnuolo conocía los sistemas de Google y los burló el tiempo suficiente para ganar 1,2 millones. La diferencia es que él no quiso vender secretos de Estado, sino apostar en un mercado de predicciones. Pero el camino recorrido es el mismo: acceso, ocultación y beneficio ilícito.

Le queda ahora a Google la difícil tarea de revisar sus protocolos de acceso a las herramientas de marketing intelligence, y a la industria del cumplimiento normativo, un nuevo dolor de cabeza: los mercados de predicción descentralizados son un terreno casi virgen para la regulación. Ya lo escribí en El quinto elemento: el próximo 11S empezará con un clic. Y ese clic bien podría darlo un empleado infiltrado que sepa exactamente qué información vale millones.

No me malinterprete: no estoy equiparando el delito de Spagnuolo con un acto de terrorismo, sino señalando la fragilidad de los sistemas que creemos seguros. Un solo ingeniero fue capaz de burlar los controles de una de las compañías más vigiladas del mundo. Si él pudo, ¿qué impediría a un agente durmiente del GRU o del MSS hacer lo mismo en otro entorno?

El precio de la avaricia y el futuro de los mercados de predicción

Spagnuolo se enfrenta a cargos por violación de la Ley de Intercambio de Materias Primas, fraude electrónico y blanqueo de capitales, con penas máximas que suman hasta 50 años de prisión. La Comisión de Comercio de Futuros de Materias Primas (CFTC) también ha presentado una demanda civil contra él. La respuesta de Google ha sido tajante: lo ha suspendido de empleo y colabora con la investigación. En un comunicado, la compañía ha calificado el acceso a material confidencial para apostar como una «grave violación de nuestras políticas».

Mientras tanto, los mercados de predicción como Polymarket, que operan con criptomonedas y a menudo al margen de la regulación tradicional, quedan expuestos a escándalos de este tipo. La SEC y la CFTC llevan meses estudiando cómo regular estos espacios, y el caso Spagnuolo les dará munición para argumentar que sin normas claras, la integridad del mercado es una quimera. En lo personal, creo que la tentación de usar información privilegiada en plataformas con un anonimato a medias es demasiado alta como para que no veamos más casos en los próximos meses.

El FBI ha demostrado que, incluso con criptomonedas y servicios de mezcla, la trazabilidad es posible cuando el investigador sigue el dinero hasta llegar a un documento de identidad. Spagnuolo cometió un error básico: vincular su cartera a su DNI italiano. Verá usted que, en el espionaje, ese tipo de descuidos son los que acaban con carreras enteras.