Turull (Junts) acusa al Govern Illa de priorizar salvar a Sánchez y abandonar a los alcaldes

El secretario general de Junts reúne a cargos electos en la convención municipalista de Vilafranca del Penedès. Denuncia que el Ejecutivo catalán está más pendiente de la estabilidad de Moncloa que de los problemas de los ayuntamientos.

Jordi Turull ha escalado la crítica contra el Govern de Salvador Illa a un año de las elecciones municipales, y lo ha hecho desde un escenario simbólico: Cal Figarot, la sede de los Castellers de Vilafranca del Penedès. Ante cientos de cargos electos de Junts, el secretario general del partido ha acusado al Ejecutivo catalán de gobernar más pendiente de la estabilidad de Pedro Sánchez que de los problemas reales de los ayuntamientos.

Un Govern más atento al ‘estercolero judicial’ que a los vecinos

Turull ha sido explícito al señalar que la prioridad del Govern de Illa es ‘no molestar a Pedro Sánchez’, incluso con una mayoría parlamentaria en contra. En su intervención, ha denunciado que el actual Ejecutivo de la Generalitat ‘gobierna más por la supervivencia y por el poder por el poder que por la ambición de país’, una dinámica que, según el dirigente de Junts, acaba afectando directamente a los ciudadanos.

El secretario general ha utilizado la imagen de un Govern que mira hacia Madrid mientras los alcaldes y concejales de Junts trabajan ‘a la intemperie’. ‘Os han dejado solos ante el crecimiento demográfico desmesurado, ante la burocracia y el papeleo’, ha resumido en un discurso pensado para espolear a las bases municipalistas.

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Rodaliess, energía y padrón: el goteo de problemas que recae en los municipios

La crítica territorial se ha concretado en tres frentes: el ‘caos de Rodalies’, la transición energética ‘impuesta desde un despacho de Barcelona sin contar con el territorio’, y las dificultades en la gestión del padrón. Para Turull, estos son ejemplos de cómo el Govern abandona a los ayuntamientos, forzando a los alcaldes de Junts a ser ‘los únicos que se ponen al lado de los vecinos’.

En materia de vivienda, el líder de Junts ha cargado contra lo que ha calificado de ‘políticas pijoprogresistas’ —en alusión a los Comuns— y también ha rechazado el ‘uso del miedo al diferente para ganar votos’, en clara referencia a Aliança Catalana. La defensa de los pequeños propietarios, la lucha contra la multirreincidencia y el acceso a la vivienda para los jóvenes han sido las recetas que ha contrapuesto.

La carrera hacia 2027: el municipalismo como ariete electoral

La convención de Vilafranca ha servido para medir el estado de ánimo de un partido que se ve con opciones de crecer en las próximas municipales. Turull ha reivindicado a Junts como ‘el único voto útil para levantar Catalunya’ y ha asegurado que la formación está preparada para ganar, con ‘raíces profundas en el territorio’. La comparación con la Masia del Barça —pese a su confesa afición perica— resume la estrategia: construir desde abajo y diferenciarse de un rival al que tilda de ‘equipo de pacotilla’.

El respaldo explícito a Eduard Pujol, nuevo candidato en Vilafranca, ha permitido a Turull unir el discurso de agravio territorial con el relato de las ‘injusticias judiciales’ sufridas por el partido. ‘Son más fuertes las convicciones que las injusticias’, ha afirmado, arrancando el aplauso de los asistentes.

La mayoría de los alcaldes junteros ha compartido en privado la sensación de abandono que Turull ha verbalizado en público: la queja no es solo retórica electoral.

El análisis de fondo trasciende la anécdota de un mitin. La ofensiva municipalista de Junts se produce en un momento en que el Govern de Illa necesita aprobar los presupuestos de 2027 y mantiene una interlocución compleja con ERC y los Comuns. Atacar la gestión territorial y vincular a Illa con la suerte judicial de Sánchez es una jugada que tensiona el tablero catalán y coloca a la oposición independentista en modo precampaña.

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En el cierre, Turull ha apelado al espíritu de los castellers —’fuerza, valor, equilibrio y seny’— para escenificar un proyecto que, más allá de la bronca del momento, aspira a presentarse como alternativa de gobierno en las urnas de 2027. El grito de Cal Figarot marca el inicio de una larga precampaña en la que el municipalismo será mucho más que una coartada: será la trinchera desde la que Junts pretende recuperar el voto perdido.