Las claves que convierten a Argelia en un socio estratégico para España frente Marruecos

Las relaciones entre España y Argelia recuperan estabilidad mientras Argel mantiene sus diferencias con Marruecos y refuerza su papel estratégico en energía, seguridad e influencia regional.

Las relaciones entre España y Argelia atraviesan un momento de reconstrucción tras varios años marcados por una profunda crisis diplomática. Aunque los contactos políticos y económicos han recuperado parte de la normalidad, la confianza todavía no ha regresado plenamente. Al mismo tiempo, Argel continúa observando con enorme atención el fortalecimiento de los vínculos entre Madrid y Rabat, dos países que en los últimos años han estrechado su cooperación en materia migratoria, comercial y de seguridad.

Una circunstancia que queda reflejada en el viaje del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha viajado a Argel principalmente para sellar el fin de la crisis diplomática con Argelia provocada en 2022 por el giro de España sobre el Sáhara Occidental, y para garantizar y reforzar el suministro de gas hacia Europa.

Para España, Argelia sigue siendo un socio estratégico difícil de sustituir. No solo por su cercanía geográfica, sino también porque continúa siendo uno de los principales proveedores de gas natural y un actor de primer nivel en la estabilidad del Mediterráneo occidental y del Sahel. Sin embargo, para el Gobierno argelino existe una cuestión que condiciona prácticamente toda su política exterior hacia España: la posición española respecto al Sáhara Occidental.

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El giro diplomático anunciado por el Ejecutivo español en 2022, al respaldar el plan de autonomía marroquí como la propuesta «más seria, creíble y realista», provocó una de las mayores crisis bilaterales entre Madrid y Argel desde la independencia argelina. La suspensión del Tratado de Amistad, las restricciones comerciales y el enfriamiento institucional evidenciaron hasta qué punto la cuestión saharaui constituye una línea roja para las autoridades argelinas.

En los últimos meses ambas partes han impulsado una gradual recuperación de las relaciones, favorecida también por el interés mutuo de mantener la cooperación energética y comercial. Sin embargo, Argelia mantiene una política exterior claramente diferenciada de la española respecto a Marruecos, y no oculta sus discrepancias sobre el equilibrio de poder en el Magreb.

El presidente del Gobierno Pedro Sanchez y el primer ministro argelino Sifi Ghrieb en Argel Argelia a 20 de julio de 2026 Moncloa
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el primer ministro argelino, Sifi Ghrieb, en Argel, Argelia, a 20 de julio de 2026 (Foto: Europa Press)

La energía convierte a Argelia en un socio prioritario para España

Uno de los principales pilares de las relaciones entre España y Argelia sigue siendo el suministro energético. El gasoducto Medgaz, que conecta directamente ambos países a través del Mediterráneo, constituye una infraestructura estratégica para garantizar el abastecimiento energético español.

Aunque España ha diversificado sus importaciones de gas tras la invasión rusa de Ucrania, Argelia continúa ocupando una posición privilegiada gracias a la proximidad geográfica, la capacidad de producción de Sonatrach y la existencia de contratos de largo plazo con compañías españolas.

La importancia energética trasciende incluso el ámbito bilateral. Argelia aspira a convertirse en uno de los grandes proveedores de gas para Europa en un contexto de reducción de la dependencia energética de Rusia. Esta circunstancia ha incrementado notablemente el peso geopolítico del país norteafricano.

A ello se suma el potencial futuro del hidrógeno verde. Tanto España como Argelia estudian fórmulas de cooperación para aprovechar las infraestructuras existentes y desarrollar nuevas conexiones energéticas que permitan transportar combustibles limpios hacia el continente europeo.

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Esta dimensión económica explica por qué, incluso durante los momentos de mayor tensión diplomática, ninguna de las dos partes llegó a romper completamente los canales de diálogo.

El Sáhara Occidental sigue marcando la distancia con Marruecos

Si existe un asunto que condiciona toda la política exterior argelina es el Sáhara Occidental. Argelia mantiene desde hace décadas un firme respaldo al Frente Polisario y defiende la celebración de un referéndum de autodeterminación auspiciado por Naciones Unidas.

Esta posición choca frontalmente con la estrategia de Marruecos, que considera el territorio parte inseparable de su soberanía nacional y apuesta por un régimen de autonomía bajo administración marroquí.

La rivalidad entre Argelia y Marruecos va mucho más allá del Sáhara. Ambos países mantienen cerrada su frontera terrestre desde 1994 y compiten por el liderazgo político, económico y militar del Magreb. La carrera de modernización de sus Fuerzas Armadas, las diferencias diplomáticas y las disputas regionales convierten esta relación en uno de los principales focos de tensión del norte de África.

España intenta mantener una política de equilibrio entre ambos vecinos, aunque resulta una tarea especialmente compleja. Con Marruecos comparte la gestión migratoria, la cooperación antiterrorista y la vecindad inmediata de Ceuta y Melilla. Con Argelia comparte intereses energéticos esenciales y una larga historia de colaboración económica.

Ese delicado equilibrio explica buena parte de la diplomacia española en el Mediterráneo occidental.

Recepcion de ninas y ninos saharauis del programa ‘Vacaciones en Paz en el Congreso de los Diputados Moncloa
Recepción de niñas y niños saharauis del programa ‘Vacaciones en Paz’, en el Congreso de los Diputados, a 16 de julio de 2025, en Madrid (Foto: Europa Press)

Argelia observa el fortalecimiento del eje entre Madrid y Rabat

Desde la perspectiva argelina, el acercamiento entre España y Marruecos ha modificado el equilibrio regional. La reapertura plena de las relaciones bilaterales, la coordinación migratoria y los acuerdos de cooperación económica son interpretados en Argel como un respaldo político a Rabat.

No obstante, las autoridades argelinas también son conscientes de que España necesita mantener abiertas las relaciones con ambos países para proteger sus propios intereses estratégicos.

La cooperación hispano-marroquí resulta especialmente importante en materias como el control de los flujos migratorios, la lucha contra el terrorismo yihadista y la vigilancia del Estrecho de Gibraltar. Al mismo tiempo, la estabilidad del suministro energético convierte a Argelia en un socio cuya relevancia resulta difícilmente sustituible.

Por ello, durante los últimos meses se han intensificado los contactos diplomáticos destinados a recuperar la confianza perdida. Empresas españolas han retomado proyectos comerciales y ambos gobiernos han mostrado voluntad de normalizar progresivamente la relación.

Sin embargo, Argelia sigue transmitiendo un mensaje muy claro: cualquier evolución futura dependerá del respeto a sus posiciones sobre el Sáhara Occidental y del mantenimiento de una política española que no altere aún más el equilibrio regional.

El presidente del Gobierno Pedro Sanchez y el presidente de Argelia Abdelmadjid Tebboune Moncloa
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el presidente de Argelia, Abdelmadjid Tebboune (Foto: Europa Press)

El Magreb seguirá siendo una prioridad estratégica para Europa

Más allá de la relación bilateral, el contexto internacional está otorgando un protagonismo creciente al Magreb. La inestabilidad en el Sahel, el aumento de la competencia energética mundial, la presión migratoria y la rivalidad entre grandes potencias convierten a esta región en uno de los espacios geopolíticos más relevantes para la Unión Europea.

En este escenario, Argelia aspira a consolidarse como un actor indispensable gracias a sus recursos energéticos, su capacidad militar y su influencia diplomática en África. Paralelamente, Marruecos continúa reforzando su posición mediante inversiones internacionales, acuerdos comerciales y una intensa política exterior orientada a estrechar la cooperación con Europa y Estados Unidos.

España se encuentra en el centro de este complejo tablero. Su proximidad geográfica hace imposible elegir un único socio prioritario, obligándola a mantener una política exterior basada en el equilibrio entre dos vecinos que mantienen profundas diferencias estratégicas.

El futuro de las relaciones entre España y Argelia dependerá de la capacidad de ambos gobiernos para separar la cooperación económica de las discrepancias políticas, especialmente en torno al Sáhara Occidental. Mientras tanto, Argelia continuará reivindicando su papel como potencia regional y recordando que su colaboración resulta esencial para la seguridad energética, la estabilidad mediterránea y la proyección europea hacia el norte de África.

En paralelo, la creciente competencia entre Argelia y Marruecos seguirá condicionando buena parte de la política exterior española. Madrid deberá gestionar con cautela sus alianzas para preservar la cooperación con Rabat sin poner en riesgo una relación estratégica con Argel que continúa siendo clave para los intereses nacionales y para el conjunto de la Unión Europea.