Te alojas en un cinco estrellas de los Dolomitas y, tras un día de esquí, pides agua fresca. La camarera niega con la cabeza: «Aquí solo servimos embotellada». Piensas que es un malentendido, insistes, y el hotel se mantiene firme. Este calvario se ha repetido durante siete años en Corvara, con un hotel que ahora respira tranquilo: el Tribunal Supremo italiano le ha dado la razón.
Lo que debes saber
- No hay ley que obligue. En Italia ningún establecimiento de hostelería está forzado a ofrecer agua del grifo, aunque el cliente insista o quiera pagar por ella.
- Siete años de batalla. La sentencia cierra un pleito donde una huésped pidió una indemnización de 2.763 euros por el perjuicio de tener que consumir botellas de siete euros cada una.
- Un país de embotellada. Italia es el tercer consumidor mundial de agua envasada, solo por detrás de México y Tailandia, según los datos que recoge Il Corriere della Sera.
El caso saltó a las páginas de los periódicos porque la demandante consideraba el agua un derecho universal y argumentaba que su petición era legítima. Los magistrados, sin embargo, han aplicado la premisa más simple: si no hay texto legal, cada negocio fija sus propias reglas.
El agua es un derecho, pero el servicio en un restaurante es un contrato entre privados. Y en Italia, ese contrato no incluye el grifo.
La historia comenzó en el hotel Sassongher, un alojamiento de montaña donde la huésped pedía una y otra vez «acqua del rubinetto». La respuesta siempre fue la misma: una botella de agua mineral a siete euros. Tras agotar la vía amistosa, la turista llevó el caso a un tribunal de primera instancia y, después, escaló hasta el Supremo. Dos cortes italianas respaldaron al establecimiento con el mismo razonamiento: la normativa comunitaria que recomienda prácticas sostenibles en el agua no se ha traducido en Italia en una obligación expresa, al contrario de lo que sucede en España o Francia.
Ahí radica la paradoja cultural. Los italianos veneran las aguas minerales de sus manantiales, y el consumo embotellado supera con creces al de otros países europeos. De hecho, muchas trattorias ni siquiera ofrecen una jarra de cristal porque el grifo no forma parte del servicio. La sentencia no hace más que consolidar esa costumbre: pedir agua del grifo en un restaurante italiano no será más fácil a partir de ahora.
Para el viajero: lo que esto significa
Si viajas a Italia, no cuentes con el agua del grifo. Llevar una botella reutilizable y rellenarla en las fuentes públicas sigue siendo la opción más sostenible y barata. Si en el restaurante pides agua, te ofrecerán una botella cerrada; puedes solicitar la de litro o medio litro, pero no esperes una jarra. Algunos establecimientos, en zonas muy turísticas, han empezado a ofrecer agua filtrada de cortesía, pero son la excepción.
En tu próxima reserva, simplemente recuerda que en Italia el grifo no es un derecho, sino un gesto de buena voluntad que casi nunca llega.
