EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Donald Trump anunció ayer que las fuerzas estadounidenses atacarán ‘muy pronto’ el complejo nuclear subterráneo Pickaxe Mountain, en Irán, y que la campaña militar no se detendrá.
- ¿Quién está detrás? La Casa Blanca, con el respaldo de inteligencia israelí sobre el traslado de centrifugadoras al búnker, y con operaciones del Mando Central de EE.UU. en la zona.
- ¿Qué impacto tiene? La tensión mantiene el Estrecho de Ormuz cerrado al tráfico comercial, disparando el precio del petróleo y amenazando con repuntes inflacionarios en España por el encarecimiento de la energía importada.
Donald Trump declaró este martes que Estados Unidos ‘no ha terminado en absoluto’ con Irán y que un ataque al complejo nuclear subterráneo Pickaxe Mountain llegará ‘muy pronto’, mientras la tensión bélica mantiene el Estrecho de Ormuz bloqueado y el precio del barril de petróleo escala por encima de los 130 dólares.
El presidente estadounidense realizó estas declaraciones durante un encuentro en la Casa Blanca con el presidente libanés Joseph Aoun, al ser preguntado por una información del Wall Street Journal según la cual los servicios de inteligencia israelíes creen que Irán trasladó miles de centrifugadoras avanzadas al complejo subterráneo el otoño pasado. Trump restó importancia al movimiento: ‘Eso no significa nada a menos que tengan el material. No lo tienen. Nosotros seguimos el material. Ahí está la clave’, afirmó.
Situado cerca de las instalaciones nucleares de Natanz, Pickaxe Mountain es un búnker excavado en la roca que preocupa a Washington y Tel Aviv por su capacidad para albergar centrifugadoras y, potencialmente, actividades nucleares no declaradas. Los inspectores internacionales llevan años reclamando mayor acceso al lugar.
‘Golpearemos esa zona muy pronto y con mucha fuerza’, advirtió Trump, quien añadió que cualquier intento de reconstituir el programa nuclear será respondido con nuevos ataques. ‘Si nos fuéramos ahora mismo, a Irán le llevaría entre 20 y 25 años reconstruirse’, subrayó, dejando claro que la campaña militar no se detendrá.
Mientras, el Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) mantiene operaciones diarias contra infraestructura militar iraní —centros de mando, sistemas de defensa aérea, activos navales— con el objetivo declarado de garantizar la libertad de navegación en el estratégico paso marítimo. Según informó el el portavoz del Mando Central, los ataques continuarán mientras Irán mantenga bloqueado el estrecho.
Para España, este escenario supone un shock energético de primer orden. España importa más del 70% de su crudo desde Oriente Medio y el Magreb, y cada dólar extra en el barril se traduce en mayores costes de producción industrial, transporte y, en última instancia, precio de los carburantes en el surtidor. Con una inflación que aún no ha retornado al objetivo del 2% del Banco Central Europeo, un nuevo repunte complicaría la política monetaria y encarecería la financiación de la deuda soberana española.
Trump no está improvisando: su lógica militar es cortar de raíz cualquier reconstitución nuclear de Irán, castigando a Teherán por el bloqueo del estrecho y eliminando toda ventana diplomática.
La lógica de Washington
Desde la Casa Blanca, la operación contra Pickaxe Mountain no se presenta como un ataque aislado, sino como la culminación de una estrategia que arrancó con la retirada del acuerdo nuclear de 2015 y la política de ‘máxima presión’ durante el primer mandato de Trump. Ahora, con un Partido Republicano dominado por el ala más beligerante y el respaldo incondicional de Israel, la administración estadounidense interpreta que solo una degradación militar completa de las capacidades iraníes puede impedir que Teherán se convierta en una potencia nuclear.
El precedente histórico más claro no es la invasión de Irak, sino los bombardeos selectivos de la era Reagan contra Libia en 1986: golpes quirúrgicos que no buscaban un cambio de régimen, sino dejar claro que el coste de desafiar a Washington sería insoportable. Trump lo ha dejado escrito: ‘Si nos fuéramos, tardarían décadas en reconstruirse’. Esa es la medida del éxito para el ocupante del Despacho Oval.
En lo económico, la lógica es igual de directa. El cierre del Estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del crudo mundial, es visto como un acto de guerra económica que justifica una respuesta militar contundente. Washington no solo protege a sus aliados y al mercado global; también envía una señal a China, principal comprador del petróleo iraní, de que el dominio naval estadounidense sigue intacto.
Ficha del Caso
- El caso: Trump anuncia un ataque inminente al complejo nuclear subterráneo Pickaxe Mountain y confirma que la campaña militar contra Irán continuará, sin espacio para la diplomacia.
- Datos clave: Brent por encima de los 130 dólares; el Estrecho de Ormuz bloqueado; Irán habría trasladado centrifugadoras avanzadas al búnker; España importa más del 70% de su crudo de la zona.
- Para España: El encarecimiento del petróleo amenaza con reactivar la inflación, elevar el coste de la deuda y frenar la incipiente recuperación económica, mientras la tensión geopolítica añade incertidumbre a las relaciones comerciales con Estados Unidos.

