EN 30 SEGUNDOS
- ¿A quién afecta? A toda la ciudadanía madrileña usuaria de la sanidad pública y a los más de 107.000 pacientes en lista de espera quirúrgica. También a los profesionales sanitarios, inmersos en una huelga intermitente estatal.
- ¿Cuándo ocurre? Este domingo 31 de mayo a las 12:00 horas. Cuatro columnas partirán de Atocha, Colón, Sevilla y Plaza Dalí-Felipe II y confluirán en la plaza de Cibeles.
- ¿Qué cambia hoy? La movilización llega en un momento de máxima tensión: desde el 1 de junio, especialistas de 15 hospitales públicos dejarán de hacer peonadas (horas extra), lo que previsiblemente disparará las listas de espera.
La sanidad pública vuelve a llenar las calles de Madrid. La plataforma Vecinas y Vecinos de los Barrios y Pueblos de Madrid —que agrupa a más de un centenar de asociaciones y entidades locales— ha convocado para este domingo 31 de mayo la quinta manifestación en defensa de un modelo sanitario «cien por cien público». Bajo el lema ‘Salvar nuestra Sanidad Pública es salvarnos a todos’, la movilización repetirá el esquema de las grandes marchas vecinales de los últimos años: cuatro columnas humanas que convergerán en Cibeles al mediodía.
Las salidas están fijadas a las 12:00 horas desde Atocha, Colón, Sevilla y la Plaza de Dalí-Felipe II. El recorrido confluirá en la fuente de Cibeles sobre las 13:30, donde se leerá un manifiesto que los convocantes resumen en una frase: «Cada euro que se desvía de lo público a lo privado es un euro que se roba a la atención de nuestros mayores y al futuro de nuestros hijos».
Las reivindicaciones: del blindaje de lo público a las 35 horas para los profesionales
El pliego de exigencias que la plataforma pondrá sobre la mesa de la Consejería de Sanidad es amplio. En primer lugar reclaman el «blindaje» de la sanidad pública mediante la derogación de las leyes que, a su juicio, han facilitado la privatización de servicios y la externalización de pruebas diagnósticas. Exigen revertir «los bienes privatizados» y recuperar para la gestión directa los centros que operan bajo modelos concesionales.
Otro de los pilares es la atención primaria, «la puerta de entrada al sistema». Los organizadores piden que al menos el 25% del presupuesto sanitario de la Comunidad de Madrid se destine a este primer nivel asistencial. Según denuncian, la sobrecarga de los centros de salud ha hecho que el tiempo medio de espera para una cita con el médico de familia se cuente «por semanas» y que las urgencias extrahospitalarias sean «cajas vacías sin personal suficiente. Datos de la propia Consejería correspondientes a abril cifran en 728.917 las personas que aguardan una primera consulta con el especialista, con una demora media de 61 días.
La marcha también servirá para reclamar «dignidad» para los profesionales sanitarios. La implantación de las 35 horas semanales en la Comunidad de Madrid es una reivindicación que une al movimiento vecinal y a los sindicatos médicos. La convocatoria llega, además, en plena huelga estatal de médicos y facultativos, que acumula ya cuatro semanas de paros y tiene prevista una nueva tanda entre el 15 y el 19 de junio.
Cada euro que se desvía a la privada es un euro que pierde la sanidad de todos, y los datos de listas de espera empiezan a traducir esa brecha en historia clínica.
El contexto más tenso: la huelga médica y el fin de las peonadas el 1 de junio
El domingo no será una protesta aislada. El comité de huelga estatal —con Amyts como representante de los facultativos madrileños— ha ido escalando la presión desde diciembre de 2025. Las 26 primeras jornadas de paro han provocado en la región la suspensión de 10.470 cirugías, 215.344 consultas y 21.733 pruebas, con un impacto económico cifrado por Sanidad en más de 16,4 millones de euros.
A esta dinámica se suma ahora una decisión que puede alterar de forma inmediata la asistencia: especialistas de hasta 44 servicios de 15 hospitales públicos madrileños han anunciado que a partir del 1 de junio dejarán de hacer horas extra, las conocidas como peonadas, que hasta ahora aliviaban las listas de espera. En la práctica, la medida amenaza con engordar unas cifras que ya sitúan a Madrid con 107.208 pacientes en espera quirúrgica (46,6 días de demora media) y 186.810 pruebas diagnósticas pendientes.
«No podemos seguir expulsando talento mientras la sanidad se queda sin personal. Cuidar a quienes nos cuidan es la única garantía», resume el manifiesto que se leerá en Cibeles. La plataforma vincula directamente la precariedad laboral con el deterioro asistencial y denuncia una «privatización encubierta» que, según sus portavoces, expulsa a los pacientes hacia los seguros privados mediante esperas insostenibles.
Una movilización que mide el pulso al modelo sanitario madrileño
Las cinco marchas organizadas por esta plataforma en los últimos cuatro años dibujan un calendario de confrontación cíclica con la administración de Isabel Díaz Ayuso que no parece encaminarse hacia un punto de encuentro. La de mayor capacidad movilizadora hasta la fecha fue la celebrada en noviembre de 2022, coincidiendo con los paros de médicos y pediatras de Atención Primaria, y la de mañana aspira a recuperar parte de aquella fuerza apoyándose en el malestar acumulado tras dos años de incremento de las listas de espera.
En términos de financiación, la comparativa que airearán los convocantes es demoledora. El gasto sanitario público por habitante en la Comunidad de Madrid se situó en 1.424 euros en 2025, la mitad que en Asturias (2.301 euros) y muy por debajo de la media nacional. Los organizadores sostienen que la región es la que más crece en población y la que «menos invierte por habitante y más recursos desvía de la pública a la privada».
La Consejería de de Sanidad no ha reaccionado por ahora a la convocatoria. Fuentes del gobierno regional suelen recordar que Madrid lidera los rankings de espera y de satisfacción según algunas encuestas, pero la presión en la calle evidencia un descontento que la administración no consigue desactivar con datos. Más allá del domingo, el verdadero termómetro será el miércoles 1 de junio, cuando se materialice el apagón de las peonadas y se ponga a prueba la resistencia real del sistema.
