El agotamiento laboral ya no es una sensación puntual después de una semana dura, se ha convertido en un estado casi permanente para muchas personas que viven pendientes del correo, de las reuniones que se pisan unas a otras y de esa sensación constante de no llegar a todo. A veces se cuela en la rutina sin que nadie se de cuenta, se normaliza, y cuando uno se entera, ya está funcionando en automático, cumpliendo tareas pero sin energía ni claridad.
El agotamiento laboral también tiene mucho que ver con cómo entendemos hoy el trabajo, porque durante años se ha premiado estar ocupado por encima de ser realmente efectivo. En ese contexto aparece la propuesta de Cal Newport, profesor de la Universidad de Georgetown, que plantea algo que suena casi provocador: bajar el ritmo para trabajar mejor, dejar de confundir movimiento con resultados y empezar a hacer menos cosas, pero con más sentido.
1La trampa de parecer productivo
Una de las ideas clave que explica el auge del agotamiento laboral es lo que Newport llama “pseudoproductividad”, que no es otra cosa que medir el trabajo por lo visible, por lo que se puede mostrar fácilmente, como responder correos, asistir a reuniones o estar siempre disponible. Es una lógica heredada de otros tiempos, cuando el trabajo sí podía medirse en unidades claras, pero que hoy encaja mal con tareas más mentales y complejas.
El problema es que esta forma de trabajar crea una ilusión, porque parece que se está haciendo mucho cuando en realidad se avanza poco en lo importante. El agotamiento laboral crece justo ahí, en ese desgaste invisible de estar en mil cosas a la vez sin terminar ninguna con profundidad, en esa presión constante de demostrar que se está activo aunque no necesariamente productivo.
