La escalada de Israel en el Líbano: Reino Unido y Alemania exigen el cese de la ofensiva

La toma del castillo de Beaufort y los bombardeos sobre Beirut agravan un conflicto que ya deja más de 3.400 muertos. Hezbolá mantiene sus ataques y Washington negocia una desescalada que los aliados europeos piden respetar.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Israel ha capturado el castillo de Beaufort y expandido la ofensiva terrestre en Líbano, con nuevos bombardeos que dejan al menos 12 civiles muertos el domingo. Las hostilidades rompen la tregua alcanzada a mediados de abril.
  • ¿Quién está detrás? Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) bajo órdenes de Netanyahu; Reino Unido y Alemania condenan la escalada; Hezbolá mantiene los ataques con drones y cohetes.
  • ¿Qué impacto tiene? Aumenta la presión sobre el alto el fuego y las conversaciones indirectas EE.UU.-Irán. Más de 3.400 muertos y 1,6 millones de desplazados en Líbano, y riesgo para las misiones de paz como la española en FPNUL.

Israel captura el castillo de Beaufort y escala su ofensiva en Líbano, mientras Reino Unido y Alemania exigen el cese de hostilidades. El movimiento consolida la presencia militar israelí y complica los esfuerzos diplomáticos de Washington para una desescalada.

La ofensiva terrestre se consolida con la caída del castillo de Beaufort

Las FDI han capturado el castillo de Beaufort, una fortaleza de las Cruzadas de 900 años de antigüedad, en un avance que consolida la presencia israelí en el sur del Líbano. El primer ministro Benjamin Netanyahu anunció el domingo que había ordenado al ejército «expandir su maniobra terrestre» contra Hezbolá, en un movimiento que rompe la tregua alcanzada a mediados de abril. Ese alto el fuego, logrado tras más de un mes de combates, estipulaba el cese de los ataques transfronterizos, pero Israel ha intensificado los bombardeos en los últimos días.

Según datos de las autoridades libanesas, la operación militar israelí lanzada a principios de marzo —pocos días después del ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán— ha dejado ya más de 3.400 muertos, alrededor de 10.000 heridos y ha desplazado a más de 1,6 millones de personas. Solo el domingo, al menos 12 civiles murieron en ataques de las FDI, según Al Jazeera.

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Hezbolá, por su parte, mantiene sus ataques con drones y cohetes contra el norte de Israel. La organización chií insiste en que no cesará las hostilidades mientras Israel no detenga su ofensiva, una postura que enroca aún más el escenario de violencia.

El castillo de Beaufort simboliza el avance israelí, pero la presión diplomática de los aliados europeos puede ser el único freno antes de una nueva catástrofe humanitaria.

Reacciones internacionales: Londres y Berlín condenan, Washington busca una salida

Hezbolá

La ministra de Exteriores británica, Yvette Cooper, fue contundente en su cuenta de X: «La escalada militar de Israel en Líbano ha matado y desplazado a civiles, destruido infraestructuras y reducido el espacio para la diplomacia. Debe terminar». Cooper también pidió a Hezbolá que cese sus ataques y deponga las armas.

En Alemania, el ministro de Exteriores Johannes Wadephul calificó los avances israelíes como «motivo de grave preocupación» y advirtió de que podrían «agravar la ya tensa situación y provocar nuevas oleadas de desplazamientos dentro del Líbano». La postura de los dos aliados europeos es la más clara condena desde el inicio del conflicto.

Mientras tanto, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, llamó por teléfono tanto a Netanyahu como al presidente libanés Joseph Aoun durante el fin de semana para presentar una nueva propuesta de «desescalada gradual». Según fuentes diplomáticas citadas por RT, el plan pide a Hezbolá que detenga los ataques con drones contra Israel y, a cambio, las FDI se abstendrían de escalar las operaciones en Beirut. Sin embargo el presidente del Parlamento libanés, Nabih Berri, cercano a Hezbolá, insistió en que los israelíes deberían «dejar de disparar primero».

Equilibrio de Poder

La ofensiva israelí en Líbano tensiona varios tableros simultáneamente. Para Washington, el conflicto pone en peligro las conversaciones indirectas con Irán, cuyas exigencias incluyen la paz en Líbano. Rubio busca un alto al fuego que permita prolongar la tregua con Teherán, pero la orden de Netanyahu complica ese juego diplomático. Para Bruselas, la condena abierta de Londres y Berlín subraya la creciente frustración con un aliado que desoye los llamados a la contención.

Para España, el conflicto tiene un impacto directo. El contingente español en la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en el Líbano (FPNUL) es uno de los más numerosos, con más de 600 cascos azules desplegados en el sur del país. Cualquier escalada aumenta el riesgo para estas tropas y reabre el debate sobre la seguridad de las misiones de paz en Oriente Próximo. Además, la inestabilidad en el Mediterráneo oriental amenaza las rutas energéticas y los proyectos de exploración de gas en la región, en los que España tiene intereses a través de empresas como Repsol.

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Históricamente, la toma del castillo de Beaufort evoca la ocupación israelí del sur del Líbano entre 1982 y 2000. Aquel conflicto, marcado por la resistencia de Hezbolá, terminó con la retirada unilateral de Israel. La pregunta ahora es si Netanyahu repetirá ese patrón o si esta ofensiva ancla a las FDI en territorio libanés durante años.

El riesgo inmediato es una nueva catástrofe humanitaria. La cifra de 1,6 millones de desplazados en apenas tres meses —desde marzo de 2026— supera ya la de la guerra de 2006. Y mientras Hezbolá mantiene su capacidad de ataque, los bombardeos israelíes no muestran signos de remitir. La próxima ventana crítica será la cumbre de la OTAN en La Haya a finales de este mes, donde los aliados podrán coordinar una respuesta más firme —o certificar la parálisis diplomática.