Merz acusa a Trump: «EEUU está siendo humillado por Irán»

El canciller cristianodemócrata rompe la disciplina atlantista y acusa a Washington de carecer de plan en el Golfo. La grieta llega con el Brent por encima de 95 dólares y el gasto militar alemán ya en el 2,4% del PIB. La cumbre OTAN de junio será el primer test.

El canciller alemán Friedrich Merz acusa abiertamente a Trump de carecer de estrategia de salida en el Golfo y de estar siendo humillado por Teherán. La declaración, recogida por medios alemanes y replicada por el ecosistema informativo internacional, abre una grieta inédita en la relación transatlántica en plena recomposición del tablero europeo.

Las palabras de Merz no son un desliz. Llegan tras semanas de fricción soterrada entre Berlín y Washington por la gestión del expediente iraní, el bloqueo del Estrecho de Ormuz y el encarecimiento del crudo Brent por encima de los 95 dólares en las últimas sesiones. El canciller cristianodemócrata rompe la disciplina atlantista que caracterizó a Merkel y a Scholz.

Qué ha dicho exactamente Merz y por qué importa ahora

El canciller, en declaraciones difundidas esta semana, sostiene que Estados Unidos ‘no tiene un plan creíble para salir del Golfo’ y que la Casa Blanca está siendo ‘humillada’ por la República Islámica. La traducción literal del giro alemán empleado —’gedemütigt’— tiene una carga más intensa que el equivalente español. Es una palabra dura. Pensada para ser oída en Washington.

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Merz vincula esta crítica a la falta de coordinación entre la administración Trump y los socios europeos en el dossier nuclear iraní, al uso unilateral de las bases del Golfo y a la presión sobre Berlín para que el Bundeswehr asuma despliegues adicionales en el flanco este sin contrapartida en el Mediterráneo oriental. La queja alemana es de fondo: Washington pide compromisos sin compartir el mando estratégico.

Hay precedente reciente. En 2003, el entonces canciller Gerhard Schröder rompió con George W. Bush por la guerra de Irak. Merz, ideológicamente situado en las antípodas de Schröder, repite el gesto con un republicano. La continuidad del patrón es lo que merece atención.

Por qué Berlín se atreve a romper la disciplina ahora

La pregunta es legítima. Alemania es el segundo contribuyente neto a la OTAN tras Estados Unidos y depende del paraguas nuclear estadounidense. ¿Por qué arriesgarse?

Tres factores explican el viraje. Primero, el coste económico: el repunte del Brent y la disrupción del tráfico en Ormuz golpean directamente al sector industrial alemán, ya tocado por la transición energética y la pérdida del gas ruso barato. Segundo, el calendario político: Merz necesita marcar perfil propio frente a una AfD que crece encuestando por encima del 22% y que reclama autonomía estratégica. Tercero, la doctrina Trump: la administración estadounidense ha trasladado a Berlín que su prioridad es el Indo-Pacífico y que Europa debe asumir su propia defensa convencional.

canciller alemán Merz

A eso se suma un dato técnico relevante. El gasto militar alemán supera ya el 2,4% del PIB en 2026, según los datos preliminares de SIPRI, frente al 1,4% que Berlín mantenía en 2021. La capacidad de presión germana ya no es solo económica.

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Cabe recordar que Merz llegó a la Cancillería en 2025 prometiendo restaurar la voz alemana en Bruselas y en Washington. Esto encaja.

Equilibrio de Poder

La fractura entre Berlín y Washington tiene tres lecturas que conviene desbrozar. Analizamos esta declaración como un viraje doctrinal, no como un gesto táctico para consumo interno.

En el eje Washington-Moscú-Bruselas, la jugada beneficia objetivamente al Kremlin. Cada grieta transatlántica es una victoria estratégica para Putin, que lleva desde 2014 trabajando para erosionar la cohesión occidental. Moscú aprovechará la brecha alemana para tensar la negociación sobre Ucrania, donde Trump ya ha mostrado disposición a forzar concesiones territoriales. La Comisión Europea, por su parte, observa con incomodidad: Von der Leyen necesita el músculo alemán para sostener el plan ReArm Europe, pero no puede permitirse una guerra abierta entre Berlín y Washington en plena negociación del nuevo marco financiero plurianual. Bruselas intentará mediar, sin demasiado éxito previsible.

Cuando el segundo contribuyente de la OTAN acusa al primero de estar siendo humillado por un adversario regional, la doctrina de la alianza ya ha cambiado, aunque los comunicados oficiales tarden meses en reconocerlo.

Para España el impacto es directo y de doble filo. La base de Rota concentra cuatro destructores AEGIS, el mayor despliegue antimisiles permanente de Estados Unidos en Europa, y Moncloa ha apostado por el atlantismo como ancla de su política exterior. Si Berlín marca distancia con Washington, Madrid pierde el escudo alemán que tradicionalmente le permitía moverse con margen. A eso se suma la presión sobre el 5% del PIB en defensa que Trump exige a los aliados: lo que Sánchez negoció en La Haya como prórroga puede saltar por los aires si Alemania reabre el debate sobre la arquitectura de seguridad europea. Y en el flanco sur —Marruecos, Sahel, Magreb—, una OTAN dividida significa menos recursos para una región donde Rusia, China y Turquía ya están desplazando posiciones occidentales. El precio para España es alto.

La lectura a 5-10 años es la que más nos preocupa en esta redacción. Si el eje franco-alemán recupera la idea de autonomía estratégica europea —enterrada por la guerra de Ucrania—, la OTAN entraría en una fase de reconfiguración profunda. Existe un precedente: la retirada francesa de la estructura militar integrada en 1966, que tardó 43 años en revertirse. No estamos ahí, eso sí. Pero el patrón de erosión se parece. La próxima cumbre de la OTAN, prevista para junio, será el primer test serio: si Merz acude con un documento conjunto franco-alemán sobre defensa europea autónoma, el daño será estructural.

El Pentágono no comenta. Como siempre.

Conviene seguir tres hitos en las próximas semanas: el Consejo Europeo de mayo, donde se discutirá la financiación común de defensa; el próximo informe del IISS sobre el balance militar en el Golfo; y, sobre todo, la respuesta del Departamento de Estado a las palabras de Merz. El silencio sería tan elocuente como una réplica airada.