EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Estados Unidos planea reducir los cazas F-16 y F-15E disponibles para la OTAN de 150 a 100, retirar todos sus aviones de reabastecimiento y recortar patrulleros marítimos.
- ¿Quién está detrás? El Pentágono, bajo la administración Trump, que exige a los aliados europeos un gasto en defensa del 3,5 % del PIB.
- ¿Qué impacto tiene? La OTAN pierde capacidad de ataque de largo alcance y vigilancia. Para España, supone una mayor presión para asumir misiones de reabastecimiento y escolta aérea en el flanco sur y el Mediterráneo.
El Pentágono prepara una poda silenciosa pero de enorme calado estratégico sobre las fuerzas que pone a disposición de la OTAN en Europa. Según ha adelantado The New York Times y confirma Defense News, la Casa Blanca planea pasar de 150 a 100 cazas F-16 y F-15E, recortar los aviones de patrulla marítima de 26 a 15 y, sobre todo, retirar los ocho aviones de reabastecimiento que mantiene en el continente. La decisión, comunicada a dos altos funcionarios europeos, no es provisional: Washington quiere que el peso de la defensa recaiga sobre una Europa que aún no ha asumido el gasto militar que le exige Trump.
El tijeretazo del Pentágono: qué se va y cuándo
La reordenación de fuerzas que prepara el Pentágono afecta al núcleo mismo de la proyección aérea aliada. De los 150 cazas polivalentes que Estados Unidos asigna al modelo de fuerzas de la OTAN —una mezcla de F-16 y F-15E Strike Eagle—, solo quedarán 100. La reducción es proporcionalmente mayor en los aviones de vigilancia marítima: de 26 aparatos se pasará a 15. Pero el golpe más duro es la retirada completa de los ocho aviones cisterna que permiten a los cazas y bombarderos aliados operar lejos de sus bases. Sin esos tankers, los ataques en profundidad —como los que la OTAN podría necesitar para disuadir a Rusia en el flanco este— se quedan sin el combustible que los hace viables.
Además, la administración Trump contempla redesplegar un submarino lanzamisiles, un portaviones con su grupo de escolta y decenas de aeronaves embarcadas, así como reasignar uno de los dos grupos de bombarderos que hasta ahora se reservaban para la defensa de Europa. La portavoz de la OTAN, Allison Hart, ha tratado de quitar hierro a la decisión: “Históricamente ha habido una dependencia excesiva de las fuerzas y capacidades de Estados Unidos”, ha dicho en un comunicado por correo electrónico. Hart sostiene que a medida que Europa y Canadá inviertan más en defensa, “el equilibrio de responsabilidades puede cambiar” y que eso fortalecerá a la Alianza al reducir la dependencia de un solo miembro. Pero, a día de hoy, la inversión europea no llega al umbral del 3,5 % del PIB que exige Trump.
El agujero en la capacidad de largo alcance de la OTAN
La retirada de los aviones de reabastecimiento es la pieza más delicada del rompecabezas. La OTAN carece de un número suficiente de cisternas propias; los principales los ponía Estados Unidos. Sin ellos, una misión de ataque contra una batería antiaérea rusa en Kaliningrado, por ejemplo, se vuelve más corta, más predecible y menos letal. Los cazas europeos, incluidos los Eurofighter y Rafale, pueden reabastecerse en vuelo, pero necesitan quién les dé el combustible. Los aviones cisterna europeos —operados por Francia, Reino Unido y, en menor medida, por el consorcio multinacional de la MMF— no bastan para sostener una campaña aérea de alta intensidad durante semanas.
El Pentágono no está reduciendo tropas: está retirando el andamio logístico que hace útiles a los cazas aliados.
La decisión llega apenas un mes después de que Reuters adelantara que Estados Unidos planeaba reducir las capacidades que pondría a disposición de sus socios en una crisis grave. El Mando Europeo de Estados Unidos (EUCOM) afirmó la semana pasada que “ajustaría” sus contribuciones al modelo de fuerzas de la OTAN, sin dar detalles. Y el Pentágono no ha respondido aún a las solicitudes de comentarios. La lectura más inmediata es que la administración Trump está pasando del aviso a los hechos: si Europa no gasta en defensa, Washington no pondrá los medios que hasta ahora sostenían la arquitectura de seguridad transatlántica.
Las implicaciones para España son directas. Nuestro país no solo alberga la base de Rota, desde donde opera una parte de la flota de destructores AEGIS y aviones de patrulla marítima: también es punto de tránsito para las rutas de reabastecimiento hacia el Mediterráneo y el Sahel. Con menos aviones cisterna, las misiones de escolta y vigilancia sobre el Estrecho de Gibraltar o en apoyo a la Operación Atalanta contra la piratería en el Índico dependerán más de medios europeos, y en particular de los aviones cisterna que Francia despliega en Yibuti y en Morón. La presión sobre el Ejército del Aire y del Espacio para asumir tareas de reabastecimiento crecerá en los próximos meses.
Equilibrio de Poder
La poda de capacidades estadounidenses en Europa es el último capítulo de un forcejeo que dura décadas. En 2011, durante la intervención en Libia, la OTAN ya sufrió la falta de aviones cisterna y municiones de precisión europeas, una carencia que la administración Obama señaló como prueba del free-riding europeo. Quince años después, la situación no ha mejorado lo suficiente. La diferencia es que ahora la Casa Blanca no se limita a quejarse: recorta unilateralmente los medios que pone sobre la mesa.
Para Rusia, la retirada de los cisternas supone un alivio táctico. La capacidad de la OTAN para proyectar poder en el Mar Negro o el Báltico sin Estados Unidos es menor, y Moscú lo sabe. El Kremlin puede interpretar el gesto como una fisura en la credibilidad del Artículo 5 y un incentivo para probar los límites de la disuasión aliada en el flanco este. El mensaje es incómodo para Bruselas: en un momento en que la OTAN intenta reforzar su postura de defensa avanzada, su principal patrocinador le pide que camine sola.
Para España, el recorte agrava un dilema estratégico. Con la atención de Washington girando hacia el Indo-Pacífico, la península ibérica se convierte en una retaguardia crucial para el flanco sur de la OTAN. Pero asumir ese papel exige inversiones en cisternas, patrulleros marítimos y sistemas de mando y control que no están previstas en el actual ciclo inversor de Defensa. Si la Alianza quiere mantener su capacidad de golpe a distancia, los socios europeos —España entre ellos— tendrán que acelerar la adquisición de aviones de reabastecimiento, como los futuros A330 MRTT del programa MMF, o replantearse doctrinas enteras de ataque. La cumbre de la OTAN que se celebrará en La Haya en los próximos meses será el primer termómetro de cómo de lejos está dispuesta a llegar Europa para llenar el hueco que deja el Pentágono.
Sin los aviones cisterna, la OTAN se parece más a una fuerza expedicionaria de corto recorrido que a la alianza de proyección global que había sido hasta ahora. Y ese cambio de naturaleza no lo decide Rusia, sino Washington. A los europeos les toca decidir si quieren pagar el combustible de su propia defensa o seguir volando con el depósito a medias.

