La economía de los grandes modelos de inteligencia artificial es insostenible. Esa es la conclusión a la que llega Ed Zitron, uno de los analistas más críticos del sector, en una entrevista con MacRumors. Y mientras gigantes como OpenAI, Google u Oracle se endeudan a un ritmo frenético esperando la rentabilidad, Apple observa con más de 130.000 millones de dólares en caja y una estrategia de mínima exposición. La próxima corrección, si se desencadena, podría dejarla en una posición inigualable para comprar activos a precio de saldo.
Claves de la operación
- OpenAI acumula pérdidas de 20.900 millones de dólares frente a 13.070 millones de ingresos en 2025. El modelo de suscripción no cubre el coste real de los tokens y el déficit se financia con capital externo.
- Apple mantiene uno de los mayores colchones de liquidez del mercado, con más de 130.000 millones en caja. En lugar de construir su propio gran modelo de lenguaje, ha optado por alquilar capacidades a Google y otros proveedores.
- Oracle ha comprometido más de 340.000 millones de dólares, buena parte en deuda, en infraestructura para IA. El riesgo de impago recae sobre los inversores que sostienen a los centros de datos si la demanda no se materializa.
El modelo de negocio de la IA generativa, bajo la lupa
Zitron explica que la inteligencia artificial rompe con la lógica del software tradicional. En lugar de un coste fijo por usuario, los modelos cobran por token consumido. Cada consulta, cada respuesta fallida, cada bucle de generación de código que no llega a buen puerto consume recursos que el proveedor no puede repercutir íntegramente al cliente. OpenAI ingresó 13.070 millones de dólares en 2025, pero perdió 20.900 millones, lo que evidencia que la cuenta de resultados no cuadra sin inyecciones externas de capital.
Un caso revelador es el de Uber. La compañía agotó su presupuesto anual de tokens en un solo trimestre tras cambiar a un sistema de facturación por consumo. Su director de operaciones reconoció que cada vez resulta más difícil justificar el gasto.
Oracle apostó más de 340.000 millones de dólares, en gran parte financiados con deuda, a que OpenAI se convierta en la empresa más rentable del mundo antes de 2030. Si esa previsión falla, el efecto dominó se extendería a los fabricantes asiáticos de servidores los índices bursátiles de Taiwán y Corea del Sur y, finalmente, a los inversores estadounidenses que sostienen las valoraciones de las grandes tecnológicas.
Apple se mantiene al margen del gasto masivo y espera recoger los restos
Frente a esa carrera por construir centros de datos, Apple ha seguido la estrategia contraria. Zitron recuerda que la compañía apenas ha invertido 14.000 millones de dólares en infraestructura de IA este año, frente a los más de 650.000 millones que ha movilizado el conjunto del sector. Apple trata la IA como una materia prima que se alquila, no como una batalla que deba ganar por cuenta propia, subraya el analista.
El acuerdo para integrar Gemini en la nueva Siri le cuesta a Apple unos 1.000 millones de dólares al año, una cifra que factura en un solo día. Es decir, ha resuelto su carencia de inteligencia artificial con el flujo de caja de un martes cualquiera. Mientras tanto, los precios de la memoria RAM se han duplicado en 2026 por la demanda desmedida de los centros de datos, lo que ha provocado subidas de precio en los dispositivos de la propia Apple y de otras marcas.
Ed Zitron cree que, si la burbuja estalla, Apple se limitará a ver el incendio desde la barrera. Incluso podría aprovechar para realizar alguna adquisición selectiva mientras el resto de actores se desploma. El riesgo, advierte, es que la propia burbuja de la IA sea un síntoma de que a la industria se le han acabado las ideas, y recomienda a Apple que centre sus esfuerzos en hacer del Vision Pro un dispositivo invisible más que en perseguir modas pasajeras.

Los centros de datos se construyen hoy con dinero prestado y sin una demanda que justifique la inversión. Si la música para, la resaca puede ser mundial.
¿Quién tiene razón? El precedente de Oracle y el riesgo de la deuda
La historia de Oracle ofrece un espejo incómodo. La compañía llevaba dos décadas con ingresos estancados cuando decidió apostarlo todo a la inteligencia artificial. Su plan se sustenta en que OpenAI alcance una rentabilidad estratosférica antes de 2030. Si eso no ocurre, el agujero financiero será de proporciones sistémicas, arrastrando a los proveedores asiáticos y a los mercados bursátiles de la región.
En España, Apple ha seguido una estrategia similar a su posicionamiento global: crecimiento orgánico, tiendas propias y servicios recurrentes. Sin grandes adquisiciones ni inversiones milmillonarias en infraestructuras de IA, la filial española de la compañía se beneficia de la solidez de la matriz. La caja de 130.000 millones de dólares ofrece a Apple una ventaja competitiva que pocos gigantes tecnológicos pueden igualar. Si la corrección llega, la compañía de Cupertino dispondrá de munición para comprar talento, tecnología y cuota de mercado a precios de derribo.
Zitron no es el único que ve grietas en el modelo. Los propios reguladores europeos han empezado a cuestionar la concentración de inversión en centros de datos sin una evaluación clara del retorno social o económico. Sin embargo, la industria sigue quemando capital como si no hubiera mañana.
En esta redacción creemos que la tesis de Zitron, aunque catastrofista, pone el dedo en la llaga. El mercado de la inteligencia artificial se ha convertido en una apuesta de todo o nada, financiada con deuda y sin beneficios a la vista. Si la demanda de servicios de IA no crece al ritmo necesario, la corrección no será un ajuste suave, sino un terremoto. La pregunta no es si Apple saldrá bien parada —su posición de caja lo garantiza—, sino quiénes serán los primeros en caer.
