El FBI desclasifica el caso Chi Mak: espionaje chino en la US Navy

El FBI desclasifica documentos del caso del ingeniero naval que filtró durante dos décadas tecnología de propulsión silenciosa al MSS chino. La operación es el manual que Pekín sigue aplicando hoy contra astilleros y contratistas de defensa.

El FBI ha desclasificado documentos sobre el caso Chi Mak, el ingeniero naval que durante más de dos décadas alimentó al MSS chino con tecnología de propulsión silenciosa de la US Navy. La revelación llega de la mano del agente especial James Gaylord en una sesión del International Spy Museum, y permite reconstruir uno de los expedientes de contrainteligencia HUMINT más relevantes de los últimos treinta años.

Le adelanto que el caso Chi Mak no es una anécdota del pasado: es el manual operativo que Pekín sigue aplicando hoy, con variaciones tácticas, contra astilleros, laboratorios y contratistas de defensa en Europa y Estados Unidos. Lo veo así porque he seguido durante años el modus operandi del Ministerio de Seguridad del Estado (MSS) chino, y porque las pautas que destapó el FBI en 2005 reaparecen, casi calcadas, en operaciones detectadas en 2023, 2024 y 2025.

El expediente, además, ofrece una lección de oficio difícil de encontrar en la literatura abierta. Y eso es lo que me interesa contarle.

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La operación: un agente durmiente activado durante dos décadas

Chi Mak llegó a Estados Unidos desde Hong Kong en la década de los setenta. Se nacionalizó. Se integró con perfil bajo. Y acabó trabajando como ingeniero en Power Paragon, contratista de la US Navy especializada en sistemas de propulsión eléctrica para buques de guerra, incluida la tecnología de motores silenciosos para submarinos y la futura plataforma DDG-1000 Zumwalt.

El FBI lo identificó como objetivo en 2004. La vigilancia física y técnica se prolongó durante más de un año antes de la detención. La célula familiar incluía a su mujer, Rebecca Chiu, y a su hermano Tai Mak, encargado de la mensajería operativa hacia el continente. El tradecraft era arcaico y, precisamente por eso, eficaz: documentos técnicos copiados, cifrados de forma rudimentaria y grabados en discos que viajaban a Cantón en mano, dentro del equipaje de Tai Mak en vuelos comerciales hacia el sur de China.

Sin dead drops sofisticados. Sin SIGINT detectable. Sin canal digital trazable.

Cuando el FBI registró su domicilio de Downey (California), encontró una lista de tareas escrita por su controlador en Pekín — en chino — con peticiones específicas sobre sistemas de propulsión, tecnología de cancelación de ruido submarino y datos del programa Aegis. El material que Chi Mak había sustraído cubría tres décadas de programas clasificados de la Marina estadounidense. En 2007 fue condenado a veinticuatro años y medio de prisión federal. Su hermano y su cuñada, a penas menores. Su mujer, deportada.

Anatomía del oficio: por qué el MSS gana cuando juega a largo plazo

Lo que diferencia al MSS chino del SVR ruso o del propio Mossad es el horizonte temporal. Moscú activa, exfiltra y protege. Tel Aviv prioriza la operación quirúrgica. Pekín siembra y espera. El agente durmiente del MSS puede pasar veinte años sin entregar nada relevante antes de que su acceso profesional madure. Chi Mak es el caso de manual: reclutado joven, instalado sin urgencia, productivo solo cuando alcanzó el círculo técnico que justificaba la inversión.

El agente especial Gaylord lo describe en la sesión desclasificada con una expresión que merece la pena retener: una operación construida ‘a fuego lento, con disciplina de relojería’. La traducción al oficio es sencilla. Cero brillos. Cero riesgos. Cero comunicaciones innecesarias. Toda la cadena humana, ningún eslabón electrónico vulnerable.

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caso Chi Mak

Si usted ha seguido los casos posteriores — el ingeniero de General Electric Aviation detenido en 2018, el caso Yanjun Xu (oficial del MSS extraditado desde Bélgica, primera extradición de un agente chino a EE.UU.), las redadas en laboratorios académicos del programa China Initiative del FBI hasta 2022 — verá que el patrón se repite. Reclutamiento étnico-cultural, paciencia operativa, mensajería física, peticiones formales por escrito desde el continente. La doctrina no ha cambiado. Solo se ha ampliado a biotecnología, semiconductores y computación cuántica.

Ya advertí en El quinto elemento que la ciberguerra no eliminaría el HUMINT clásico, sino que lo haría más necesario. Las redes son trazables. Un ingeniero leal a otra bandera, no.

Dossier Moncloa: Ojos en la Sombra

El vector de amenaza en el caso Chi Mak es Infiltración HUMINT mediante agente durmiente de larga duración, con extracción documental física y mensajería transcontinental sin componente SIGINT. La agencia atacante es el MSS chino, operando a través de oficiales de caso situados en el continente que cursaban peticiones formales al activo. La agencia defensora fue el FBI Counterintelligence Division, con apoyo del Naval Criminal Investigative Service. Los terceros interesados — y aquí está la parte que rara vez se menciona — fueron los aliados Five Eyes, especialmente el Reino Unido y Australia, cuyas marinas comparten arquitecturas de propulsión con la US Navy y que recibieron briefings clasificados tras la detención.

El nivel de clasificación estimado del material exfiltrado se sitúa, a juzgar por el tipo de programas afectados, entre Secreto y Top Secret/NOFORN, con componentes específicos sobre el sistema Aegis y la propulsión integrada del DDG-1000 que justifican el extremo superior de la horquilla.

El espionaje chino no se mide por las redes que caen, sino por las que llevan veinte años activas y todavía no han sido desmanteladas.

El precedente del oficio que mejor encaja con Chi Mak no es Aldrich Ames ni Robert Hanssen — esos eran topos motivados por dinero, dentro de la propia agencia —, sino Larry Wu-Tai Chin, analista de la CIA reclutado por la inteligencia china en los años cincuenta y descubierto en 1985 tras tres décadas de servicio. Misma matriz operativa. Misma paciencia. Misma dificultad para detectarlo desde dentro. El MSS lleva setenta años aplicando la misma doctrina con resultados consistentes.

Reconozco que la atribución en este caso es sólida — confesión parcial, material físico incautado, lista de tareas en chino, cadena de custodia familiar — y eso no es lo habitual cuando hablamos de China. Por eso me interesa especialmente. Le pongo en contexto: la mayoría de los casos contra el MSS se sostienen sobre indicios técnicos circunstanciales. Chi Mak es la excepción documental.

La conexión española es menos obvia, pero existe. El CNI viene monitorizando desde hace al menos cuatro años patrones similares en el sector naval gallego y vasco, particularmente alrededor de programas de propulsión para los submarinos S-80 y los contratos de exportación a la Marina australiana en el marco AUKUS. Me consta por fuentes consultadas en el ámbito de la Casa de Castelló — eufemismo periodístico para el CNI que sigue siendo válido — que el caso Chi Mak se utiliza internamente como material de formación para oficiales destinados a contrainteligencia industrial. La razón es evidente: el modus operandi se reproduce.

El próximo hito a vigilar es el informe anual de amenazas del ODNI que se publicará en los próximos meses, donde la sección sobre actividades de inteligencia china suele incorporar referencias actualizadas a casos abiertos. También conviene seguir las publicaciones del FBI Counterintelligence Division sobre tipologías de reclutamiento, y la cobertura técnica del MSS chino que ayuda a contextualizar la estructura del servicio.

El caso Chi Mak está cerrado judicialmente desde 2007. Operativamente, no. Y esa es la parte que sigue sin contarse.