EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Una investigación periodística destapa que aerolíneas fantasma vinculadas al Kremlin operan desde aeropuertos argelinos vuelos discretos hacia el Sahel, con material militar y personal del Africa Corps a bordo.
- ¿Quién está detrás? Compañías de carga rusas con estructura opaca, herederas del esquema logístico del antiguo Grupo Wagner, y autoridades argelinas que consienten la operativa.
- ¿Qué impacto tiene? Refuerza la presencia militar rusa en Mali, Burkina Faso y Níger justo en la frontera sur española y debilita la posición de la UE y de Francia en la región.
La investigación publicada por Defense News esta semana confirma lo que en los despachos europeos era ya un secreto a voces: Argelia se ha convertido en plataforma logística de las aerolíneas fantasma rusas que abastecen al Africa Corps en el Sahel. El hallazgo cambia la lectura sobre Argel y sobre el flanco sur de la OTAN.
El esquema, según la documentación reunida por los investigadores, combina compañías de carga registradas en jurisdicciones opacas, aeronaves Il-76 y An-124 con identificadores cambiantes y escalas técnicas en aeropuertos argelinos del interior. Desde allí los aparatos siguen rumbo a Bamako, Uagadugú o Niamey. Sin manifiesto público.
Plataformas, rutas y carga: cómo opera la red rusa desde Argelia
El armazón aéreo descrito por Defense News se apoya en transportes pesados Il-76 (avión de carga militar de fabricación soviética con capacidad para 40 toneladas) y, en operaciones puntuales, en el An-124 Ruslan, capaz de mover hasta 120 toneladas en un solo vuelo. Los identificadores de cola y los planes de vuelo se modifican entre tramos, una técnica habitual del antiguo dispositivo logístico de Wagner que el Ministerio de Defensa ruso ha integrado, sin disolver, en la estructura del Africa Corps tras la muerte de Prigozhin.
La carga incluye sistemas antiaéreos portátiles, vehículos blindados ligeros y munición de artillería de calibre 152 mm, además de rotaciones de instructores y combatientes rusos hacia las juntas militares de Mali, Burkina Faso y Níger. Es decir, la triple frontera saheliana donde Francia y la misión Barkhane fueron expulsadas entre 2022 y 2023.
Argel niega oficialmente cualquier implicación. La trayectoria, sin embargo, es coherente con la deriva del país desde 2022: Argelia se ha consolidado como segundo cliente mundial de armamento ruso, solo por detrás de India, con contratos por encima de los 7.000 millones de dólares en cazas Su-57, sistemas S-400 y submarinos Kilo, según datos de SIPRI. La factura energética rusa pagada por los europeos durante el primer tramo de la guerra de Ucrania financió, en parte, esa relación.
Por qué este movimiento erosiona el flanco sur de la OTAN
Lo que observamos no es un episodio aislado, sino una arquitectura. Moscú ha construido en treinta meses un corredor que conecta el Mediterráneo occidental con el Sahel sin necesidad de pisar bases atlánticas ni mediterráneas controladas por la OTAN. El Estrecho deja de ser la única puerta. Argelia es ahora la otra.

Para España la implicación es directa. El Sahel concentra el origen de los principales flujos migratorios irregulares hacia Canarias y la fachada atlántica, y la presencia rusa en Mali y Níger ha coincidido con el desmantelamiento de la cooperación europea en seguridad fronteriza. Madrid mantiene a fecha de hoy unos 130 efectivos en misiones de adiestramiento en la región, una sombra de los 500 que llegó a desplegar en EUTM Mali antes de la retirada de 2022.
Argelia es ya el puente logístico que permite a Moscú sostener el Sahel sin pasar por el Estrecho, y eso convierte la frontera sur española en un problema de la OTAN, no solo de Madrid.
La paradoja es evidente. España importa de Argelia algo más del 25% de su gas natural, según datos de Enagás correspondientes al primer trimestre de 2026, y mantiene con Argel una relación comercial que el Gobierno ha calificado de estratégica tras la crisis diplomática de 2022 por el giro sobre el Sáhara Occidental. Denunciar con dureza la operativa rusa desde suelo argelino tiene, por tanto, un coste energético tangible que Moncloa no quiere pagar en pleno año eléctrico tenso.
Francia, ya fuera del tablero saheliano, observa con resignación. Italia, a través del plan Mattei, intenta construir un esquema alternativo de cooperación con la región pero sin músculo militar. Bruselas ha reactivado los contactos con la CEDEAO, debilitada tras la salida de Mali, Burkina Faso y Níger en enero de 2025.
Equilibrio de Poder
El eje Washington-Moscú-Bruselas se mueve aquí en tres velocidades distintas. La administración Trump, fiel a su lectura transaccional, considera el Sahel una responsabilidad europea y ha recortado a la mínima expresión la presencia de AFRICOM en la región tras el cierre de la base de drones de Agadez en 2024. El Pentágono ha trasladado a sus aliados europeos que el problema saheliano lo resuelven en Bruselas o no se resuelve. Moscú lo sabe y opera en consecuencia.
El Kremlin gana profundidad estratégica a coste muy bajo. Mantener al Africa Corps en el Sahel cuesta, según estimaciones de RUSI, alrededor de 250 millones de dólares anuales, una cifra modesta comparada con el retorno: control sobre minas de oro en Mali, acceso a uranio en Níger y una palanca de presión migratoria sobre la UE. Es la doctrina Gerasimov llevada al continente africano sin disparar un misil.
Para España, la lectura es incómoda. La frontera sur ya no es solo Marruecos y el Sáhara. Es también el corredor que va de Argel a Niamey, y ahí Madrid tiene poco margen: ni puede romper con Argel por el gas, ni puede ignorar que desde aeropuertos argelinos se sostiene a regímenes militares hostiles a los intereses europeos. La línea de análisis del Real Instituto Elcano sobre la región saheliana viene advirtiendo de este escenario desde hace dos años. La pregunta es qué hace ahora la OTAN con un flanco sur que tiene, literalmente, aviones rusos cargando material militar a 400 kilómetros de Almería.
El precedente está en Siria 2015. Entonces, Moscú entró en el tablero mediterráneo con un puente aéreo similar desde la base de Hmeimim, ante la pasividad europea. Una década después, la jugada se repite en clave africana, con menos ruido pero mayor proyección. La próxima cumbre OTAN del 24 y 25 de junio en Vilna debería abordar este corredor. Aún no figura en el orden del día. Y ahí está el problema.

