Huelga en Leche Pascual de Gurb por la venta a Casa Tarradellas

La plantilla de la fábrica de Osona reclama garantías laborales antes de que se cierre la operación con el grupo de Vic. Pascual traslada la responsabilidad al comprador y Casa Tarradellas mantiene un perfil bajo. La Generalitat observa por si tiene que mediar.

La plantilla de Leche Pascual en Gurb convoca huelga indefinida ante la falta de garantías laborales tras la venta de la fábrica a Casa Tarradellas. La protesta arranca esta semana en la planta de la comarca de Osona, donde alrededor de 150 trabajadores reclaman información sobre su futuro en la operación que ha sacudido al sector lácteo catalán.

El comité de empresa denuncia que ni Pascual ni Casa Tarradellas han concretado el plan industrial ni las condiciones que regirán para la plantilla una vez se complete el traspaso. La operación, anunciada hace semanas, sitúa a la firma de Vic como nuevo propietario de una de las plantas de referencia del grupo burgalés en Catalunya. Y deja en el aire decenas de empleos.

Qué hay detrás del conflicto en la planta de Osona

La fábrica de Gurb procesa leche y derivados desde hace décadas y forma parte del entramado industrial agroalimentario más potente de Osona. La comarca concentra una densidad de empresas del sector cárnico y lácteo difícil de igualar en el resto de Catalunya. Casa Tarradellas, con sede a apenas unos kilómetros, es uno de sus pilares.

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La compra de la planta encaja con la estrategia del grupo de Tarradellas de reforzar su posición en lácteos, un movimiento que en clave industrial tiene sentido. Lo que no encaja, según los trabajadores, es el silencio sobre el futuro de la plantilla. El comité asegura que las reuniones celebradas hasta ahora con la dirección no han aclarado si se mantendrán las categorías profesionales, los convenios vigentes ni el volumen de empleo actual.

En esta redacción hemos consultado a fuentes sindicales conocedoras de la negociación, que apuntan a una preocupación específica: la posible reorganización productiva una vez la planta entre en el perímetro de Casa Tarradellas. Si la nueva propiedad decide especializar Gurb en una línea concreta y trasladar otras producciones, el ajuste de plantilla sería casi inevitable.

Por qué la huelga llega ahora y no antes

El calendario no es casual. La operación de compra avanza hacia su cierre formal y los trabajadores entienden que el momento de presionar es antes de que el contrato esté firmado, no después. Una vez consumada la transmisión, el margen sindical para condicionar el plan industrial se estrecha mucho.

Hay precedente reciente que pesa. En operaciones similares dentro del sector agroalimentario catalán de los últimos años, las plantillas que no fijaron garantías por escrito antes del traspaso vieron cómo, meses después, llegaban expedientes de regulación o reestructuraciones. La memoria es corta en los despachos, pero larga en los comités de empresa.

A eso se suma la posición de Pascual. El grupo burgalés, que ha pilotado la venta como parte de su reordenación estratégica para centrarse en otras líneas de negocio, traslada la responsabilidad sobre el futuro laboral al comprador. Casa Tarradellas, por su parte, ha mantenido un perfil bajo en la comunicación pública sobre la operación. Ese vacío es el que, según los sindicatos, alimenta la desconfianza.

El silencio industrial es el peor aliado de cualquier operación corporativa: cuando la plantilla no sabe nada, el conflicto llega antes que el plan.

Qué está en juego para Osona y para el sector lácteo catalán

La planta de Gurb no es un activo cualquiera. Su ubicación, su capacidad de procesado y su conexión con la red de distribución de Pascual la convierten en una pieza estratégica. Para Casa Tarradellas, la incorporación supone dar el salto definitivo en el segmento lácteo más allá de los productos cárnicos y la pizza refrigerada que la han hecho líder en sus categorías.

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Para Osona, el conflicto es político-económico además de laboral. La comarca depende de su tejido agroalimentario para sostener empleo en municipios medianos y pequeños, y cualquier reestructuración tiene impacto inmediato en los ayuntamientos. Vic, Manresa y los pueblos del entorno siguen la operación con atención.

La lectura desde Moncloa.com es que esta huelga marca el primer test serio de la reordenación lácteo-cárnica en Catalunya. Si Casa Tarradellas y Pascual cierran un acuerdo con el comité antes de la firma definitiva, la operación servirá de modelo. Si no, el conflicto puede escalar y arrastrar a la Generalitat a mediar, algo que el Departament d’Empresa i Treball ya ha hecho en otras crisis industriales recientes en comarcas del interior.

El comité ha anunciado que mantendrá la huelga hasta que haya una propuesta concreta sobre la mesa. Pascual y Casa Tarradellas tienen ahora la pelota. Y el reloj corre.

La próxima reunión está prevista en los próximos días con presencia de representantes de ambas empresas. Hasta entonces, la planta de Gurb sigue parada. El desenlace, abierto.