Ryanair y Aena dejan al Aeroport de Girona en su peor verano

El pulso entre la aerolínea irlandesa y la gestora aeroportuaria por las tasas coincide con el encarecimiento del queroseno por la crisis de Ormuz. La Costa Brava prevé una caída de entre el 10% y el 15% de asientos programados frente al verano de 2025.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿A quién afecta? Pasajeros, hoteleros y comerciantes de la Costa Brava y comarcas gerundenses que dependen del turismo aéreo low cost durante la temporada alta.
  • ¿Cuándo ocurre? Verano de 2026, con el grueso del impacto entre junio y septiembre. Ryanair ya ha comunicado a Aena los recortes de programación.
  • ¿Qué cambia hoy? Menos frecuencias, menos rutas y precios al alza. Quien tenga viaje pendiente debe verificar su vuelo y, si depende del aeropuerto para llegar a Girona, contemplar Barcelona-El Prat o Perpiñán como alternativa.

El Aeroport Josep Tarradellas Barcelona-Girona afronta el verano más incierto en una década, atrapado entre el pulso de Ryanair con Aena por las tasas y el encarecimiento del combustible derivado de la crisis del estrecho de Ormuz. La aerolínea irlandesa, que mueve cerca del 90% del tráfico de Vilobí d’Onyar, ha vuelto a recortar capacidad y la infraestructura gerundense paga la factura antes que ninguna otra.

La situación no es nueva, pero sí más grave. Ryanair lleva meses presionando a Aena para que rebaje las tarifas aeroportuarias en aeropuertos regionales, y Girona figura en el grupo de los que el grupo de Michael O’Leary considera ‘inviables’ con la estructura de costes actual. La respuesta de Aena ha sido firme: las tasas están reguladas y no se renegocian fuera del marco DORA.

Por qué Girona paga la factura antes que nadie

La dependencia del aeropuerto respecto a Ryanair es estructural. Mientras El Prat opera con decenas de compañías y un mix equilibrado entre tráfico nacional, europeo e intercontinental, Girona vive prácticamente al ritmo que marca una sola aerolínea. Cuando esa aerolínea decide reasignar aviones a otros mercados —Italia, Polonia o Marruecos, donde negocia incentivos públicos— la programación gerundense se vacía con una rapidez que ningún otro operador puede compensar.

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A eso se suma el factor combustible. La inestabilidad en el estrecho de Ormuz ha disparado el precio del queroseno desde principios de año, y las low cost son las que más sufren ese encarecimiento porque trabajan con márgenes ajustadísimos por billete. La ecuación es sencilla: si el coste por trayecto sube y la tasa aeroportuaria no baja, la ruta deja de ser rentable y desaparece del cuadro.

Qué se juega la Costa Brava este verano

El impacto va mucho más allá de la terminal. El turismo de la Costa Brava depende del aeropuerto de Girona como puerta de entrada principal de los mercados británico, irlandés, alemán y nórdico. Hoteleros de Lloret, Tossa, Roses y l’Estartit llevan semanas advirtiendo de que las reservas para julio y agosto se mueven más lentas que el año anterior, y el sector apunta directamente a la merma de plazas aéreas como factor explicativo.

Las cifras orientativas que manejan en el sector hablan de una caída de entre el 10% y el 15% de asientos programados respecto al verano de 2025. Traducido a personas: varios cientos de miles de pasajeros menos en una temporada. Para una comarca que concentra buena parte de su PIB en los meses de verano, esa horquilla no es un matiz, es un agujero.

La Generalitat ha intentado mediar. El Departament d’Empresa ha mantenido contactos con la dirección de Ryanair y con Aena para buscar una salida, pero el conflicto trasciende lo catalán: es una pulseada estatal que se libra en los despachos de Madrid y Dublín. El Govern queda como espectador con voz limitada.

Cada verano que Girona pierde asientos no se recupera al siguiente: los turoperadores reasignan camas a destinos competidores y el daño tarda años en revertirse.

Un patrón que se repite y nadie corrige

Lo que observamos en esta redacción es un patrón conocido. En 2020, en plena pandemia, Ryanair ya cerró su base en Girona y la reabrió a medias en 2021 tras meses de negociación. En 2014, otro pulso similar provocó la salida temporal de rutas clave. La diferencia ahora es el contexto geopolítico: el combustible no va a abaratarse a corto plazo y la presión sobre las low cost europeas es transversal, no exclusiva del mercado español.

La comparación con Reus es ilustrativa. El aeropuerto tarraconense ha vivido un proceso parecido durante la última década y hoy opera con una fracción de los pasajeros que llegó a mover. La Generalitat siempre ha defendido un modelo aeroportuario catalán propio, fuera del paraguas de Aena, pero ese debate lleva años bloqueado en la comisión bilateral con el Estado. Cada verano de incertidumbre revive la conversación; cada otoño se vuelve a aparcar.

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El cierre de la temporada dirá qué dimensión real ha tenido el recorte. Si las cifras confirman la caída prevista, la presión política sobre Aena para revisar el modelo de tasas en aeropuertos regionales será inevitable. Y si Ryanair traslada finalmente parte de su base a Marruecos o Italia, como ha insinuado en varias ocasiones, el efecto sobre Girona será difícilmente reversible. La próxima reunión técnica entre la compañía y la gestora aeroportuaria, prevista para finales de este mes, marcará el termómetro de los próximos meses. La ficha oficial del aeropuerto en Aena sigue mostrando la programación habitual, pero el detalle por rutas ya empieza a contar otra historia.