La industria de defensa en Cataluña podría triplicar su volumen en cinco años si el ecosistema tecnológico catalán acelera la apuesta por la llamada tecnología dual, según un informe sectorial que ha empezado a circular en círculos empresariales y administrativos. La proyección dibuja un mapa con tres polos claros —Barcelona, Sabadell y Terrassa— y un timing que coincide con el rearme europeo y el aumento del gasto comprometido por los Estados miembros de la OTAN.
El dato no es menor. Cataluña ha sido durante décadas un actor secundario en el negocio militar español, eclipsado por la concentración industrial en Madrid, Sevilla, Cádiz y Cartagena. La hipótesis de triplicar facturación en un lustro implicaría pasar de un sector de nicho a una pata reconocible del PIB industrial catalán, con efectos directos en empleo cualificado, inversión extranjera y capacidad exportadora.
De la electrónica civil al contrato del Ministerio de Defensa
El motor de la previsión es la tecnología dual: software, sensores, óptica avanzada, ciberseguridad, drones, comunicaciones cifradas, materiales compuestos. Productos y servicios que sirven igual para una flota comercial que para un programa militar, y que constituyen el grueso del tejido tecnológico que ya existe en el área metropolitana de Barcelona y en el Vallès Occidental.
Sabadell y Terrassa aportan tradición industrial reconvertida y un ecosistema de pymes muy especializado. Barcelona pone capital, talento universitario —UPC, UB, UAB— y el efecto imán del 22@. El informe identifica una ventana de cinco años para consolidar contratos con el Ministerio de Defensa y con consorcios europeos antes de que el ciclo de inversión se enfríe.
En esta redacción observamos un detalle que el propio sector reconoce en privado: muchas empresas catalanas ya facturan a defensa sin presentarse como contratistas militares. Trabajan vía subcontratación, integradas en cadenas de valor de Indra, Navantia o Airbus. La pregunta es si darán el paso de aparecer con nombre propio.
Por qué Cataluña ha llegado tarde y por qué ahora puede no llegar
La industria de defensa en Cataluña arrastra un debate político incómodo. Durante años, parte del arco parlamentario del Parlament —especialmente la izquierda independentista y los Comuns— ha mirado con recelo cualquier inversión vinculada a lo militar. La Generalitat nunca ha tenido una estrategia industrial declarada en este terreno, a diferencia de lo que sí ocurre en Madrid o Andalucía.
Eso está cambiando, despacio. La presión del rearme europeo, los fondos comunitarios vinculados al EDF (Fondo Europeo de Defensa) y la propia urgencia de las empresas catalanas por no quedarse fuera de la nueva ola de contratación están forzando un giro pragmático. El Govern aún no ha presentado un plan específico para el sector defensa, pero fuentes empresariales consultadas por Moncloa.com confirman que existen contactos con el Departament d’Empresa i Treball para mapear capacidades.
La lectura política es otra. Si el Govern de Salvador Illa quiere capitalizar este crecimiento, tendrá que hacerlo sin romper con los socios parlamentarios que sostienen la legislatura. ERC y Comuns no firmarán un plan industrial militar con esa etiqueta. Sí podrían avalarlo si se presenta como apuesta por la tecnología dual, ciberseguridad y sectores de alto valor añadido. La diferencia es semántica, pero en política catalana la semántica decide.
Tres polos, una incógnita: ¿quién lidera?
El mapa del informe no es casual. Barcelona concentra capital y talento, pero su Ayuntamiento ha sido históricamente reacio a vincularse con la industria militar. Sabadell y Terrassa, con tradición metalúrgica y textil reconvertida, ofrecen suelo industrial, mano de obra especializada y consistorios más receptivos a la inversión sin filtros ideológicos.
La capacidad real de triplicar el sector dependerá de tres variables: acceso a contratos del programa europeo de defensa, alineamiento del Govern con la estrategia industrial del Gobierno central, y capacidad de las pymes catalanas para escalar sin ser absorbidas por grupos extranjeros. La tercera es la más delicada. El interés de fondos franceses y alemanes por compañías catalanas de óptica y software de defensa ya es notorio.
Cataluña tiene los ingredientes para triplicar su industria de defensa en cinco años, pero la receta exige una decisión política que en el Palau todavía nadie quiere firmar con su nombre.
Cabe recordar un precedente: hace una década se proyectó un crecimiento similar para el sector aeroespacial catalán y se quedó a medio camino, lastrado por la falta de tracción institucional. Madrid acabó capturando la mayoría de los grandes contratos. El riesgo de repetir el patrón sigue ahí, y el calendario europeo no espera.
El próximo Consell Executiu del Govern abordará, según fuentes consultadas, una primera radiografía del peso real del sector dual en Cataluña. No será un plan, será un diagnóstico. El paso siguiente —si llega— marcará si la previsión del informe es realista o se queda en titular.

