El sorpasso ya no es una hipótesis de pasillo. Una encuesta de YouGov para el Ara coloca a Aliança Catalana por delante de Junts y obliga a recalcular todo el tablero catalán de cara a la próxima legislatura. La formación de Sílvia Orriols sigue creciendo, Junts encaja un golpe simbólico de primer orden y el bloque de izquierdas, contra pronóstico, mantiene la mayoría que sostiene a Salvador Illa en el Palau.
El dato sacude el relato dominante de los últimos meses. La derecha catalana se fragmenta y se canibaliza, mientras PSC, ERC y Comuns aguantan el envite con un suelo electoral que no termina de erosionarse. La paradoja es evidente: la ola identitaria-conservadora crece, pero no llega a desplazar al Govern.
Por qué el sorpasso de Aliança Catalana cambia el tablero
Lo relevante no es solo que Aliança Catalana adelante a Junts en intención de voto directo. Lo relevante es lo que esa cifra dice del estado de ánimo de una parte concreta del electorado catalán: el votante poscovergente, rural, irritado con la gestión migratoria y con la deriva de los grandes partidos. Ese votante, que durante una década osciló entre Junts y ERC, ha encontrado en Orriols un altavoz sin complejos.
Junts paga la factura de una doble pinza. Por arriba, el desgaste de su papel en Madrid y la falta de retorno tangible del acuerdo de investidura con el PSOE. Por abajo, una Aliança Catalana que les disputa el discurso identitario en estado puro, sin la complejidad de tener que negociar leyes con Pedro Sánchez. El resultado, según la encuesta, es una formación que se queda corta justo donde antes era hegemónica: las comarcas de Girona y la Catalunya interior.
En esta redacción observamos un patrón que ya se había insinuado en sondeos anteriores y que ahora se consolida. El espacio de la derecha catalana está en plena recomposición, con cuatro actores —Junts, Aliança Catalana, PP y Vox— peleándose por un electorado finito. Esa fragmentación, paradójicamente, es la mejor noticia para Illa.
La izquierda resiste: la mayoría de investidura sigue en pie
El segundo titular de la encuesta es menos llamativo, pero igual de decisivo. PSC, ERC y Comuns conservarían la mayoría absoluta que permitió la investidura de Salvador Illa en agosto de 2024. Ni el desgaste de la gestión, ni el ruido de la financiación singular, ni las turbulencias internas de ERC tras la marcha de Pere Aragonès han bastado para romper el bloque.
El PSC se mantiene como fuerza más votada con holgura. ERC encaja un retroceso moderado, pero no catastrófico, en lo que parece ser ya su nuevo suelo estructural. Y los Comuns, que muchos daban por amortizados tras el batacazo de las últimas autonómicas, recuperan algo de aire gracias al perfil de Jéssica Albiach en el Parlament.
La lectura política es clara: el pacto que sostiene al Govern de Illa sigue siendo viable en términos aritméticos, aunque la convivencia interna sea cada día más áspera. La financiación singular, la ley de vivienda y los presupuestos de 2026 marcarán los próximos meses, y la encuesta no le da a ERC ningún incentivo para forzar un adelanto electoral.
El bloque de izquierdas resiste por inercia y por miedo: nadie en ERC quiere unas elecciones que dejarían a Junts en horas bajas pero a Aliança Catalana como tercera fuerza del Parlament.
Eso sí, la estabilidad tiene un precio. Cada vez que Orriols sube en los sondeos, la presión sobre Junts para endurecer el discurso aumenta. Y cada vez que Junts endurece el discurso, ERC se ve obligada a marcar perfil propio para no quedar diluida. Un círculo que beneficia, otra vez, al PSC.
Qué nos dice esta encuesta sobre el ciclo catalán
Conviene no sobreinterpretar un sondeo. YouGov mide intención de voto en un momento concreto, sin urnas a la vista, y la volatilidad del electorado catalán en los últimos cinco años ha sido enorme. Pero hay tres lecturas que sí resisten el contraste con datos previos del CEO y de otras casas demoscópicas.
Primera: Aliança Catalana ha dejado de ser un fenómeno comarcal. Lo que empezó en Ripoll se ha extendido a buena parte de la Catalunya interior y empieza a asomar en cinturones metropolitanos donde nadie esperaba encontrarla. El precedente más cercano es el ascenso de Vox en 2018-2019, aunque con un sustrato ideológico distinto: identitario catalán, no españolista.
Segunda: Junts ha entrado en una fase defensiva que no se resuelve solo con cambios cosméticos. La pregunta que se hacen en Waterloo, según fuentes consultadas por este medio, no es si recuperarán terreno, sino cuánto pueden perder antes de las próximas elecciones. La comparación con el PNV vasco, que también ha visto cómo EH Bildu le disputaba la hegemonía, empieza a ser inevitable.
Tercera: Illa gobierna con una red de seguridad que probablemente sobrestima. La mayoría aguanta, sí, pero la legitimidad social del Govern depende de resultados tangibles en vivienda, Rodalies y financiación. Si alguno de esos frentes se complica, el sondeo siguiente puede contar otra historia.
El próximo pleno del Parlament y la bilateral pendiente con Moncloa serán los primeros termómetros. Hasta entonces, la foto es esta: Aliança Catalana sube, Junts se hunde, las izquierdas resisten. El Palau respira. Por ahora.

