EEUU avisa de retrasos en armas a Ucrania por la guerra con Irán

El Pentágono admite ante los aliados europeos que el consumo de interceptores Patriot en la campaña contra Irán ha vaciado los almacenes. Bruselas tiene hasta el Consejo Europeo de junio para activar el SAFE y sostener sola el flujo a Kiev.

Washington ha comunicado a varias capitales europeas que las próximas entregas de armamento estadounidense a Ucrania llegarán con retrasos por el agotamiento de inventarios tras la guerra con Irán, según ha publicado el Financial Times citando a fuentes diplomáticas y oficiales del Pentágono. La advertencia llega en el peor momento posible para Kiev y obliga a Bruselas a acelerar un plan B que llevaba meses sobre la mesa sin terminar de cerrarse.

Qué ha agotado realmente el Pentágono y qué pide ahora Ucrania

Los stocks afectados no son menores. Según los datos manejados por la administración Trump y trasladados a los aliados, el consumo masivo de interceptores Patriot PAC-3 durante la campaña aérea sobre Irán ha dejado los almacenes estadounidenses bajo el umbral mínimo que el Pentágono considera aceptable para mantener compromisos simultáneos en Europa, Indo-Pacífico y Oriente Próximo. A eso se suma la presión sobre los misiles SM-3 y SM-6 embarcados en los destructores AEGIS, gastados intensamente en defensa de la Quinta Flota y de objetivos en Israel.

El listado que Kiev sigue solicitando no ha cambiado: interceptores Patriot, misiles para HIMARS, ATACMS, munición de 155 milímetros y repuestos para los F-16 cedidos por socios europeos. La diferencia es que ahora Washington avisa de plazos de seis a doce meses antes de retomar el ritmo de entrega previo. Fuentes de Defensa consultadas por Moncloa.com confirman que la advertencia llegó por canales OTAN la semana pasada y que ya circula entre los ministerios europeos del flanco este.

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El Estado Mayor ucraniano, según su parte operativo más reciente, mantiene presión sobre cuatro ejes y reconoce un descenso del ritmo de fuego artillero del 18% respecto al trimestre anterior. La correlación es directa.

Por qué Bruselas necesita responder esta misma primavera

La industria europea de defensa lleva desde 2023 prometiendo un salto de capacidad que no termina de materializarse. La meta del millón de proyectiles anuales firmada por la Comisión Europea se alcanzó con casi un año de retraso, y la producción de interceptores antiaéreos sigue cuello abajo: MBDA, Diehl y Saab no consiguen entregar los SAMP/T y los IRIS-T al ritmo que Kiev consume. La capacidad europea de fabricar Patriot bajo licencia está limitada a la planta de Raytheon en Alemania, que ya opera al máximo turno.

La lectura estratégica es otra. Si Estados Unidos retrasa, Europa debe sostener sola el flujo durante meses. Y eso pasa por tres movimientos que el IISS viene señalando desde hace tiempo: ampliar líneas de producción con financiación adelantada por la Comisión, acelerar la European Sky Shield Initiative liderada por Alemania, y desbloquear los 200.000 millones de euros del SAFE para compras conjuntas de munición e interceptores. Ninguno de los tres está cerrado.

stocks Pentágono

España juega aquí un papel discreto pero relevante. Indra y Escribano han posicionado capacidades en radar y dirección de tiro; Expal —ahora bajo Rheinmetall— produce 155 milímetros en Granada y Murcia; y Navantia mantiene activa su línea de fragatas F-110 con el sistema AEGIS integrado. Lo que falta es decisión política para multiplicar pedidos.

Equilibrio de Poder

El movimiento de Washington no es solo logístico. Es doctrina. La administración Trump lleva un año transmitiendo, con más o menos diplomacia, que el sostenimiento militar de Ucrania ya no es prioridad estadounidense salvo que Europa pague la factura completa. El aviso de retrasos por la guerra con Irán encaja en ese marco: el Pentágono prioriza CENTCOM e INDOPACOM, y EUCOM queda como teatro secundario. No es nuevo —el giro asiático lo dibujó Obama en 2011 y lo consolidó Biden— pero Trump lo ha acelerado sin las contrapartidas diplomáticas que sus antecesores ofrecían.

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El Kremlin lee perfectamente la coyuntura. Cada semana de retraso en entregas occidentales se traduce en kilómetros recuperados o consolidados en el Donbás. Moscú no necesita ofensivas espectaculares: necesita tiempo, y Washington se lo está regalando sin pedir nada a cambio. La inteligencia ucraniana ya ha alertado de un repunte en la producción rusa de Geran-2 (la versión local del Shahed-136) que supera las 5.000 unidades mensuales, según estimaciones cruzadas de OSINT y de fuentes europeas.

Cada interceptor Patriot que el Pentágono gasta en Oriente Próximo es un dron Geran-2 que cae sobre Járkov sin que nadie lo derribe.

Para España, la lectura tiene tres capas. La primera, presupuestaria: si Bruselas activa el SAFE y exige cofinanciación nacional, el compromiso del 2% del PIB en defensa se quedará corto antes de que termine la legislatura. Moncloa lo sabe y lleva meses preparando la narrativa. La segunda, industrial: hay ventana real de pedidos para Indra, Expal, Escribano y Navantia si el Ministerio de Defensa actúa rápido y coordinado con Berlín y París. La tercera, frontera sur: cada euro extra que vaya al flanco este es un euro menos para la vigilancia del Magreb-Sahel, donde Wagner —ahora rebautizada como Africa Corps— sigue ganando terreno en Mali, Burkina Faso y Níger. Rabat observa con atención.

El precedente histórico más cercano no es la retirada de Afganistán, sino algo más sutil: la crisis de munición de 2023, cuando Europa descubrió que su industria de defensa era incapaz de sostener una guerra convencional de alta intensidad más allá de unas semanas. Tres años después, el diagnóstico apenas ha mejorado. La diferencia es que ahora el paraguas estadounidense parpadea, y el margen para improvisar ya no existe.

El próximo Consejo Europeo de junio será determinante. Si Bruselas no aprueba antes del verano un paquete reforzado de munición e interceptores, con calendario de entrega vinculante, el otoño en el frente ucraniano será especialmente largo. Y en Moscú lo saben.