Irán propone gobernar el Estrecho de Ormuz con un plan de 14 puntos

Teherán plantea un mecanismo multilateral con China, Rusia y los Estados del Golfo para sustituir el despliegue de la Quinta Flota estadounidense. Por Ormuz pasa el 20% del crudo mundial y el GNL catarí que abastece las regasificadoras españolas. Washington guarda silencio.

Irán ha presentado un plan de paz de 14 puntos que propone internacionalizar la gestión del Estrecho de Ormuz, paso por el que circula cerca del 20% del petróleo mundial. La propuesta, adelantada por el corresponsal de RT en Teherán, plantea un mecanismo multilateral inédito para uno de los cuellos de botella más sensibles del comercio energético global.

Qué propone Teherán y por qué importa Ormuz

Según la información difundida desde la capital iraní, el plan, atribuido al asesor presidencial Mehdi Kojouri, recoge catorce medidas orientadas a desactivar la escalada con Washington tras meses de tensión militar y sanciones cruzadas. El punto que ha captado la atención de las cancillerías es el que aboga por crear un marco internacional de gobernanza compartida del Estrecho de Ormuz, hoy controlado de facto por Irán en su orilla norte y por Omán en la sur.

El estrecho mide apenas 33 kilómetros en su punto más estrecho. Por él circulan, según datos de la AIE, entre 17 y 20 millones de barriles diarios de crudo y volúmenes crecientes de gas natural licuado procedentes sobre todo de Catar. Cualquier interrupción —real o anunciada— mueve el Brent al alza en cuestión de horas. El precio del petróleo lleva tres años condicionado por la prima de riesgo de Ormuz, una variable que ningún operador energético se permite ignorar.

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La propuesta iraní, todavía sin texto público completo, contempla, según el relato de RT, la participación de potencias regionales —incluyendo Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Omán y posiblemente Catar— y de actores extrarregionales como China y Rusia en un mecanismo de supervisión que sustituya al actual despliegue naval estadounidense del CENTCOM. Washington opera en la zona la Quinta Flota desde Baréin, con base permanente en Manama.

La reacción que se busca en Washington y la que llegará desde Riad

En esta redacción entendemos la propuesta como un movimiento diplomático con doble destinatario: la administración Trump, que ha endurecido el régimen de sanciones sobre las exportaciones de crudo iraní, y los Estados árabes del Golfo, presionados para alinearse con el bloque saudí-estadounidense. Teherán intenta romper ese cerco ofreciendo una arquitectura de seguridad que, sobre el papel, beneficiaría a todos los exportadores del Golfo.

El Departamento de Estado no ha reaccionado oficialmente. Tampoco el Pentágono. La Casa Blanca, que ha hecho del control de los flujos energéticos una de las palancas de su política exterior, difícilmente aceptará un esquema que diluya la presencia naval estadounidense en aguas del Golfo Pérsico. El secretario de Defensa lleva meses defendiendo el dispositivo en el CENTCOM como pilar de la disuasión frente a Irán.

Riad observa con cautela. La normalización saudí-iraní auspiciada por Pekín en 2023 sigue formalmente en vigor, pero el príncipe heredero Mohamed bin Salmán no se ha pronunciado sobre el plan. El cálculo es delicado: aceptar el marco propuesto supondría reconocer a Teherán como cogestor legítimo del estrecho; rechazarlo, ceder la iniciativa diplomática.

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Equilibrio de Poder

La iniciativa iraní debe leerse en clave de los tres ejes que definen el tablero actual. Estados Unidos no aceptará un marco que rebaje su presencia naval en el Golfo, porque la Quinta Flota es, a la vez, garantía para Israel, palanca sobre Riad y mensaje a Pekín. La administración Trump ha recuperado el discurso de la ‘máxima presión’ contra Teherán, y un esquema multilateral de gestión del estrecho contradice esa doctrina. Rusia, que mantiene cooperación militar y energética con Irán, respaldará el plan en los foros multilaterales —Consejo de Seguridad de la ONU, OCS— sin comprometerse en términos operativos. Bruselas, atrapada entre la presión estadounidense y la dependencia energética de Oriente Próximo, guardará silencio prudente; el SEAE no tiene capacidad para mediar y lo sabe.

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Para España el dato es estratégico. Cerca del 8% del crudo que importa España procede del Golfo Pérsico, según los últimos datos de Cores, y el GNL catarí transita por Ormuz antes de llegar a las regasificadoras de Sagunto, Cartagena y Huelva. Una crisis prolongada en el estrecho disparía la factura energética nacional entre 4.000 y 7.000 millones anuales, según estimaciones que manejan en el Ministerio de Transición Ecológica. La base de Rota, sede de cuatro destructores AEGIS, podría ver redirigida parte de su actividad hacia el Mediterráneo oriental si Washington decide reforzar el flanco sur. No es un escenario remoto.

Cualquier propuesta que reduzca la presencia de la Quinta Flota en Ormuz será leída en Washington como una victoria iraní, aunque venga envuelta en lenguaje multilateral.

El precedente histórico relevante es la Operación Earnest Will de 1987-1988, cuando la Marina estadounidense escoltó petroleros kuwaitíes durante la guerra Irán-Irak. Aquel despliegue cristalizó la presencia naval permanente de EEUU en el Golfo, hoy considerada irrenunciable por el Pentágono. Cualquier propuesta de gobernanza compartida choca con ese legado de cuatro décadas.

Hay un riesgo evidente en el análisis: el plan podría ser solo un globo sonda diplomático sin recorrido real, un movimiento para presentar a Teherán ante el Sur Global como actor responsable mientras se mantienen los preparativos militares. El programa de misiles balísticos iraní no se ha detenido, y la Guardia Revolucionaria sigue desplegando lanchas rápidas y minas navales en el estrecho. La diplomacia y la disuasión avanzan en paralelo, no son alternativas.

La próxima ventana crítica será la reunión del Consejo de Gobernadores del OIEA prevista para junio, donde Teherán intentará vincular el plan a la negociación nuclear. Hasta entonces, la propuesta de los 14 puntos seguirá siendo lo que es hoy: un texto sin firmantes, con un titular potente y una incógnita mayor sobre quién está dispuesto a sentarse a negociarlo.