Las verduras llevan años intentando aparecer en nuestros platos sin tener mucho éxito, al menos no con el entusiasmo que merecen. Están ahí, en la nevera, en los menús, en las recomendaciones de siempre, pero muchas veces quedan relegadas a un acompañamiento sin protagonismo, como si fueran una obligación más que un placer. Y sin embargo, cada vez más voces coinciden en que comer más no solo es bueno para el cuerpo, también lo es para el planeta.
Lo curioso es que el cambio no tiene que ser radical ni dramático; nadie está diciendo que de un día para otro desaparezca la carne de la mesa, pero sí que las verduras empiecen a ganar terreno poco a poco. Porque cuando se hacen bien, cuando se combinan con intención y se cocinan con algo de creatividad, dejan de ser ese “tienes que comerlas” y pasan a ser un “oye, esto está buenísimo”.
3Hacer de las verduras algo apetecible
El gran cambio llega cuando las verduras entran por los ojos y lo hacen de la manera correcta, con un plato colorido, bien presentado y con contrastes de textura. Y aquí no hace falta complicarse demasiado, basta con combinar distintos tipos de verduras, jugar con los cortes y añadir ingredientes que aporten un extra, como frutos secos o semillas.
Las ensaladas, por ejemplo, dejan de ser aburridas cuando se convierten en platos completos, con bases variadas, ingredientes calientes y aliños con carácter. Lo mismo pasa con los bowls o cuencos, donde las verduras se mezclan con cereales y legumbres creando comidas completas y saciantes. Cuando se llega a ese punto, comer verduras ya no es un esfuerzo, es simplemente otra forma de disfrutar la comida.

