Salvador Illa pide en California abrir Cataluña a la inversión exterior

El president de la Generalitat busca en Estados Unidos atraer capital y romper con la imagen de riesgo del 'procés'. Illa promete reducir trámites y destaca el peso del sector del conocimiento. La misión llega en un momento político delicado por las negociaciones con ERC sobre la

Salvador Illa ha tomado la palabra en California con un mensaje tan directo como ambicioso: Cataluña debe abrirse al mundo para atraer inversión exterior. El president de la Generalitat participa desde el lunes en un foro económico organizado en la costa oeste de Estados Unidos, donde ha puesto sobre la mesa la apuesta de su Govern por una etapa de estabilidad institucional que sirva de imán para el capital internacional.

La urgencia de romper la inercia de los últimos años

El viaje no es una simple gira de imagen. La inversión extranjera directa en Cataluña cerró 2025 con un descenso del 3,2%, según los datos más recientes del Registro de Inversiones Exteriores que maneja el Departament d’Empresa i Treball. Mientras Madrid concentraba más del 60% de todo el capital foráneo que llegó a España, Cataluña se quedó con el 15,4%, casi diez puntos por debajo del peso que tuvo en 2015. La década del ‘procés’ pasó factura y el Govern de Illa se ha propuesto reescribir el relato.

En Moncloa.com consultamos con fuentes del Govern que confirman que la misión californiana responde a una estrategia más amplia: está previsto que en los próximos meses el president viaje también a Fráncfort, Singapur y Dubái con el mismo guion. “No podemos permitirnos que el mundo nos mire solo por la política. Queremos que nos miren como un polo de inversión fiable”, resumía un alto cargo del Departament d’Empresa en conversación con esta redacción.

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Normalidad, estabilidad y un gobierno “fiable”: las claves del discurso

Ante un auditorio formado por fondos de capital riesgo, empresas tecnológicas y representantes de la industria audiovisual, Illa ha desgranado los tres pilares de su oferta: seguridad jurídica, simplificación administrativa y disponibilidad de talento cualificado. El president ha subrayado que Cataluña cuenta con 12 universidades y más de 40 centros de investigación que, en su opinión, garantizan cantera suficiente para cualquier proyecto de I+D.

El mensaje central ha sido, sin embargo, que la Generalitat está dispuesta a hacer los deberes burocráticos. Illa ha prometido reducir en un 30% los plazos de tramitación de licencias industriales y medioambientales antes de que termine 2026, una promesa que ya figuraba en el plan de simplificación aprobado en el Consell Executiu del pasado 28 de abril, según la nota oficial del Govern. La novedad en California ha sido elevar ese compromiso interno a la categoría de reclamo internacional.

En ese punto, Illa ha soltado la frase que resume la misión: “Cataluña debe abrirse al mundo, para que el mundo venga a invertir”. A continuación, el president ha detallado que su Govern trabaja en la creación de una ventanilla única digital para inversores y en la puesta en marcha de un nuevo régimen de incentivos fiscales para proyectos que superen los 10 millones de euros.

El Govern de Illa se ha propuesto demostrar que Cataluña no es ya una apuesta de riesgo, sino una oportunidad de negocio dentro de la Unión Europea. La pregunta es si los inversores comparten ese diagnóstico.

El espejo de Madrid y la sombra del ‘procés’: el desafío real de Illa

El éxito de la misión no se medirá en aplausos, sino en si Illa logra transformar las palmadas en carpetas de inversión. Para ello necesita, antes que nada, convencer a los capitales de que el riesgo político en Cataluña ha quedado atrás. Y ahí el presidente tiene un problema: mientras él habla de normalidad en San Francisco, en el Parlament los partidos independentistas mantienen vivas las resoluciones que apuestan por la unilateralidad y la mesa de diálogo con el Gobierno central sigue sin despejar la cuestión de la financiación singular.

Observamos un contraste incómodo. De un lado, la Generalitat proyecta la imagen de una administración que quiere ser previsible; de otro, la aritmética parlamentaria obliga a Illa a negociar cada proyecto con ERC y los Comuns, lo que introduce una dosis de incertidumbre que en un comité de inversión de Palo Alto puede leerse como un riesgo añadido. Madrid, con Ayuso al frente, ofrece un discurso sin esas aristas: fiscalidad baja y ningún debate territorial que pueda asustar a un fondo de pensiones.

Sin embargo el president no ha entrado en el viaje a polemizar con la capital. Su apuesta es otra: jugar la carta de la economía del talento y la innovación, un terreno en el que Cataluña parte con ventaja. Según los últimos datos de IDESCAT, el sector de servicios intensivos en conocimiento ya representa el 42% del PIB catalán, once puntos por encima de la media española. Illa ha utilizado esa cifra en California como aval de que la comunidad está preparada para recibir inversión cualificada.

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La gran incógnita es si ese argumento será suficiente. En ejercicios anteriores, misiones similares protagonizadas por Quim Torra y Pere Aragonès cosecharon titulares internacionales, pero apenas se tradujeron en anuncios concretos de inversión. El entorno de Illa insiste en que esta vez es distinto porque el Govern dispone de una hoja de ruta concreta, apoyada en instrumentos como el Institut Català de Finances, que en 2025 ya participó en 17 operaciones de coinversión con fondos extranjeros. La cifra es modesta, pero marca una tendencia que el Ejecutivo quiere acelerar.

No hay que perder de vista, además, que el resultado de la gira californiana condicionará el margen de maniobra de Illa cuando regrese a Barcelona. Un relato de éxito —aunque sea en forma de acuerdos preliminares o cartas de intención— le daría oxígeno para encarar la negociación de los presupuestos de 2027, que ERC ya ha advertido que no apoyará sin la implementación de la financiación singular pactada en la investidura. Si en cambio California se queda en buenas palabras, el coste político interno será ineludible.

Por ahora, Illa prolonga su estancia en Estados Unidos hasta el jueves. Después de California, la agenda oficial contempla reuniones en Nueva York con representantes de agencias de calificación y con la diáspora científica catalana. La próxima parada europea, prevista para junio, en Fráncfort, debería empezar a dar pistas sobre si la estrategia de apertura da frutos o si, como temen algunos empresarios consultados por esta redacción, el mundo sigue viendo a Cataluña más por lo que fue que por lo que aspira a ser.