El informe anual de Seguridad Nacional del año 2025 presentado hace solo unos días advierte del uso de la Inteligencia Artificial en campañas de desinformación. El documento sostiene que «la Inteligencia Artificial ha dejado de ser únicamente una herramienta de producción para convertirse en un soporte integral de campañas hostiles a nivel estratégico, táctico y operativo».
En este sentido, explican que «la Inteligencia Artificial (IA) se ha consolidado en 2025 no solo como herramienta de producción, sino como soporte integral de campañas hostiles en tres niveles: Planificación estratégica, permitiendo el análisis masivo de datos para mapear el “espacio cognitivo” y detectar vulnerabilidades sociales. Planificación táctica, que facilita la generación automatizada de contenidos (texto, imagen, vídeo) y selección algorítmica de canales óptimos y Planificación operativa, donde se adscribe la coordinación de enjambres de bots/agentes y ajuste de estrategias en tiempo real según la reacción de la audiencia».
Además, «la aparición de “enjambres maliciosos de IA” supone el uso de agentes autónomos y adaptativos que superan a los bots tradicionales, capaces de sostener narrativas coherentes y mimetizar el comportamiento humano, dificultando su detección. Asimismo, el uso de deepvoices (voces sintéticas clonadas) y deepfakes aumenta la eficacia del engaño».
Sobre el uso de las campañas de desinformación en 2025 «las campañas de desinformación se han consolidado como un vector destacado de inestabilidad. Desde la perspectiva de las relaciones internacionales, las campañas de desinformación proceden principalmente de actores estatales y no estatales y redes transnacionales que buscan influir en procesos políticos, erosionar la confianza en las instituciones, moldear la opinión pública y debilitar la cooperación internacional.
La desinformación
La desinformación, según Seguridad Nacional, «aprovecha tensiones estratégicas como la guerra de Ucrania, con narrativas manipuladas sobre sanciones, suministros energéticos o el apoyo occidental, y los conflictos en Oriente Medio y el Sahel, donde han circulado falsos relatos sobre la presencia de actores extranjeros o el control de recursos».
Según el documento, «también se han explotado debates sensibles sobre flujos migratorios irregulares, por ejemplo, difundiendo rumores de “oleadas inminentes” para fomentar polarización social, y se han reactivado campañas ligadas a la salud pública, desde teorías conspirativas sobre vacunas hasta mensajes manipulados sobre brotes epidémicos, erosionando la confianza institucional y dificultando la respuesta de gobiernos y organismos sanitarios.
En este aspecto el principal enemigo sigue siendo la Rusia de Putin, que «continúa desarrollando campañas desinformativas, especialmente de naturaleza oportunista, contra España, Europa y regiones de su interés en África e Iberoamérica. Paralelamente, ha expandido sus campañas de influencia en África, consolidando alianzas locales y difundiendo narrativas que cuestionan la legitimidad occidental para erosionar su influencia en regiones clave del continente africano».
Pero su influencia no se ha limitado al público o espectador general, sino que «una parte significativa de los intereses del Kremlin se han centrado en influir en las élites y liderazgos
políticos de los Estados, para reducir el apoyo que se presta a Ucrania, y generar desconfianza en las instituciones democráticas de países occidentales y difundir posturas prorrusas. Asimismo, ha potenciado el uso de proxies con fines desinformativos para lograr una penetración más
orgánica de sus narrativas con mayores posibilidades de negar de manera plausible su vinculación con estrategias híbridas. El Kremlin ha explorado diferentes entornos, hasta la fecha con menor incidencia, como TikTok o Discord, para la ejecución de estas estrategias».
Por eso, desde Seguridad Nacional advierten que «la Inteligencia Artificial (IA) ha permitido a Rusia ampliar el volumen de desinformación. La facilidad de traducción, elaboración y difusión de contenidos de manera masiva ha potenciado la capacidad de penetración y de saturación de la “infoesfera” occidental. Asimismo, la sofisticación de la herramienta dificulta contrastar la veracidad de la información».
La guerra de Ucrania desde la IA
El informe continúa explicando que «se aprecia una reducción de la cobertura mediática en China en relación con la guerra en Ucrania. La escasa cobertura mediática ha mostrado una visión favorable a Rusia. Las narrativas en los medios de comunicación social (MCS) oficiales chinos, así como las utilizadas por la RPC, se han centrado en la región del Sahel, en torno a la «inestabilidad y extorsión» que provocan los países occidentales y su política neocolonial.
