EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Rusia y Bielorrusia han iniciado este lunes un ejercicio nuclear conjunto de tres días con 64.000 soldados, aviación estratégica y misiles capaces de portar ojivas nucleares tácticas.
- ¿Quién está detrás? El Estado Mayor ruso, bajo orden directa del Kremlin, con la participación de las fuerzas nucleares desplegadas en Bielorrusia desde 2023.
- ¿Qué impacto tiene? La maniobra eleva la presión sobre el flanco este de la OTAN y reactiva el debate sobre la disuasión nuclear táctica a las puertas de la Alianza.
Rusia ha confirmado este lunes 19 de mayo el inicio de un ejercicio nuclear conjunto con Bielorrusia que se prolongará hasta el día 21, con la movilización de 64.000 efectivos y la participación de misiles tácticos y aviación estratégica, según el Ministerio de Defensa ruso. La maniobra, bautizada como Resolución Estratégica, incluye la simulación del empleo de armas nucleares desplegadas en territorio bielorruso —una capacidad operativa desde 2023— y constituye una de las mayores demostraciones de fuerza nuclear conjunta desde la invasión de Ucrania.
Un despliegue de dimensiones no vistas en la última década
El comunicado oficial del Estado Mayor ruso detalla que en las maniobras participan 13 submarinos —incluidos los de propulsión nuclear de la Flota del Norte—, aviación de largo alcance con capacidad para portar misiles de crucero y sistemas de misiles tácticos como el Iskander-M, desplegados tanto en el oeste de Rusia como en Bielorrusia. Además, se han movilizado unidades de las Fuerzas de Misiles Estratégicos, lo que eleva la dimensión nuclear del ejercicio a un plano ofensivo y no meramente defensivo.
Según la nota difundida por el Ministerio de Defensa ruso, la maniobra busca «ensayar la preparación de las fuerzas nucleares no estratégicas para responder a amenazas externas». En la práctica, se trata de una simulación de escalada controlada que incluye desde el despliegue de lanzadores hasta el hipotético uso de ojivas de baja potencia en un teatro de operaciones convencional. Moscú insiste en que el ejercicio es puramente defensivo, pero la OTAN ya ha calificado el gesto como «provocador e irresponsable» en un primer comunicado informal.
El despliegue se produce apenas semanas después de que la Alianza realizara sus propias maniobras de disuasión nuclear, Steadfast Noon, en el espacio aéreo del norte de Europa. La simultaneidad no es casual: el Kremlin replica así el mensaje de que cualquier movimiento atlántico en el ámbito nuclear recibirá una respuesta simétrica, incluso sobre territorio de sus vecinos más cercanos.
Armas nucleares tácticas: la nueva línea roja
La inclusión de armas nucleares tácticas en un escenario de guerra convencional vuelve a poner sobre la mesa la doctrina rusa de «escalada para desescalar». Desde que el presidente Putin firmó el despliegue de estos ingenios en Bielorrusia en 2023, la OTAN ha visto cómo el teatro de operaciones se amplía mucho más allá de Ucrania. Ahora, el ejercicio demuestra que la preparación para un hipotético uso está plenamente integrada en las fuerzas convencionales rusas y bielorrusas.
Los misiles tácticos que se están ensayando —Iskander con ojiva de hasta 50 kilotones, sistemas de artillería de largo alcance 2S7 Pion y misiles de crucero Kalibr lanzados desde submarinos— carecen de la capacidad para destruir ciudades enteras, pero sí para aniquilar formaciones militares o infraestructura crítica en un radio de decenas de kilómetros. Su empleo borraría de facto la distinción entre guerra convencional y nuclear, con consecuencias impredecibles para la seguridad europea.
La maniobra demuestra que la preparación para un hipotético uso nuclear táctico está plenamente integrada en las fuerzas convencionales rusas y bielorrusas.
El Ministerio de Defensa ruso ha difundido imágenes de lanzadores de Iskander desplazándose de noche por carreteras bielorrusas y de bombarderos estratégicos Tu-95MS despegando desde bases en la región de Engels. Aunque no se han reportado lanzamientos reales con carga nuclear simulada, fuentes OSINT apuntan a que los movimientos de tropas coinciden con un patrón de entrenamiento previo a un ejercicio mayor, que podría culminar en una demostración de fuerza el día 21, cuando está previsto un vuelo simulado de ataque con misiles de crucero sobre el polígono de Rodnia.
Equilibrio de Poder
El ejercicio nuclear conjunto de Rusia y Bielorrusia no es solo una respuesta a las maniobras de la OTAN: es la constatación de que la ruptura del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF) en 2019 ha abierto una caja de Pandora. Washington, por su parte, mantiene un perfil bajo mientras ultima su propia postura nuclear, con la administración Trump priorizando la modernización del arsenal y una ambigua relación con la disuasión extendida en Europa. Bruselas, atrapada entre la dependencia del paraguas estadounidense y la urgencia por construir una defensa autónoma, observa con inquietud cómo el centro de gravedad nuclear se desplaza hacia el Báltico y a menos de 100 kilómetros de la frontera polaca.
Para España, el impacto directo es limitado, pero estratégicamente significativo. Las bases de Rota y Morón, con sus destructores AEGIS, son parte de la arquitectura de defensa antimisiles de la OTAN y, en un escenario de crisis, se convertirían en nodos clave para la disuasión extendida. Además, el debate sobre el gasto militar español se recrudece: si la Alianza eleva sus exigencias de contribución al 5% del PIB, el Gobierno de Sánchez se verá forzado a elegir entre inversión social y compromiso atlántico, justo cuando la presión migratoria desde el Magreb y el Sahel consume recursos crecientes.
La lectura a corto plazo es inequívoca: el riesgo de escalada por error de cálculo es hoy mayor que en cualquier otro momento desde la anexión de Crimea en 2014. Cada misil que cruza la línea de separación entre convencional y nuclear, aunque sea en un simulacro, tensa los sistemas de alerta temprana. La próxima prueba de fuego llegará en la cumbre de la OTAN prevista para julio en Vilna, donde los aliados deberán revisar su política nuclear de forma conjunta. Hasta entonces, la península europea se asoma a un vacío que nadie querría explorar.


