La Comunidad de Madrid ha puesto en marcha un operativo de prevención que abarca 5.298 hectáreas de terreno forestal en casi 50 municipios. El plan, activado antes del umbral de máximo riesgo estival, combina podas, desbroces selectivos y una herramienta que gana protagonismo cada año: el pastoreo controlado de rebaños de ovejas y cabras.
Dónde se concentran los trabajos (y el papel inesperado de los ganaderos)
Las actuaciones sobre el terreno se reparten por toda la geografía regional, con especial incidencia en la sierra de Guadarrama y los montes del suroeste. Según ha detallado la Consejería de Medio Ambiente, las brigadas forestales intervienen en zonas de alto valor ecológico como el entorno de San Lorenzo de El Escorial, Cercedilla, Rascafría o la cuenca del Alberche. No obstante, el dato que más llama la atención es el peso del pastoreo preventivo: este año se han incorporado contratos con ganaderos locales para que sus animales limpien el sotobosque en más de 1.200 hectáreas, una cifra que duplica la del pasado ejercicio.
El mecanismo es sencillo y tiene una lógica aplastante: las ovejas y las cabras devoran los brotes de matorral que, en julio y agosto, se convierten en el combustible perfecto para un incendio. Además, su pisoteo compacta el suelo sin dañarlo. «Es barato, ecológico y nos evita tener que meter maquinaria pesada en zonas protegidas», explicó una de las técnicas del dispositivo, en declaraciones que recoge el portal de la Comunidad.
Pero hay un matiz incómodo. De los casi 50 municipios donde se actúa, apenas una decena cuentan con planes locales de emergencia actualizados, según los datos del propio Gobierno regional correspondientes a 2025. La prevención no puede quedarse solo en el monte; la interfaz urbano-forestal, allí donde las urbanizaciones lindan con el pinar, exige ordenanzas municipales que ahora mismo brillan por su ausencia en muchos ayuntamientos pequeños.
En la práctica, el desbroce comenzó en marzo, aunque la campaña de comunicación se ha intensificado a mediados de mayo para mandar un mensaje de tranquilidad antes del verano. Los trabajos finalizarán, si no hay imprevistos, en la segunda quincena de junio, justo cuando se declara la época de peligro alto.
Por qué el pastoreo preventivo se ha convertido en una baza clave
El uso de ganado para la gestión forestal no es nuevo en Madrid, pero sí lo es la escala a la que se está aplicando. El programa, heredero del antiguo Plan INFOMA, ha ido ganando presupuesto tras los grandes incendios que en 2022 calcinaron más de 2.000 hectáreas en la Sierra Oeste, un episodio que aún escuece en municipios como Cadalso de los Vidrios y Cenicientos. De hecho, la Comunidad ha destinado este año 4,2 millones de euros sólo a la prevención, un 18 % más que en 2025, según el proyecto de presupuestos que manejó la Asamblea.
Lo que está cambiando es la percepción técnica. Un informe del Colegio de Ingenieros de Montes citado por la administración señala que el pastoreo preventivo puede reducir la carga de combustible fino hasta en un 70 % en apenas tres semanas de permanencia del rebaño. Cada hectárea pastoreada ahorra entre 300 y 600 euros en desbroce mecánico, una cifra nada despreciable cuando se multiplica por las 1.200 hectáreas previstas.
Los bomberos forestales consultados por esta redacción coinciden en que el pastoreo funciona, pero piden no bajar la guardia con los retenes humanos. «Una cosa es limpiar el monte y otra, muy distinta, tener efectivos suficientes para un verano que se prevé seco y cálido», advierte un portavoz de la Asociación Profesional de Técnicos de Bomberos. Aún no se ha hecho pública la cifra de retenes que se contratará para la campaña estival, y ese silencio administrativo empieza a inquietar.
Mientras, la Comunidad insiste en que el dispositivo de extinción se mantendrá «con los mismos medios que en 2025, más las mejoras de coordinación». La promesa, sin embargo, suena a música de fondo para los alcaldes de la sierra que llevan meses pidiendo una reunión monográfica con la Consejería.
La apuesta por el pastoreo tiene lógica, pero el verdadero examen llegará con los termómetros por encima de 40 grados y sin un plan claro de retenes.
El punto débil: cronograma, recursos y antecedentes que la Comunidad no detalla
En esta redacción entendemos que el anuncio de las 5.298 hectáreas desbrozadas es positivo, pero también que conviene leerlo con lupa. La cifra, aunque récord frente a los 3.800 del año pasado, sigue siendo modesta si la comparamos con las 425.000 hectáreas de superficie forestal que tiene la Comunidad de Madrid. Es decir, se actúa sobre poco más del 1 % del total, concentrado en las zonas de mayor riesgo, sí, pero dejando amplias masas forestales sin tocar.
El precedente más cercano es el de Andalucía, que en 2025 destinó 22 millones de euros a limpiar 28.000 hectáreas con un modelo mixto de desbroce, quemas controladas y pastoreo. Madrid, pese a contar con un presupuesto menor, ha optado por un esquema más quirúrgico que, bien ejecutado, puede ser eficaz. El riesgo, a nuestro juicio, está en la dependencia de unas pocas cuadrillas de pastores itinerantes, cuyo trabajo está sujeto a la disponibilidad de agua y a la propia movilidad del ganado.
Además, la iniciativa llega en un momento en el que varios municipios del noroeste, como Moralzarzal o Collado Mediano, están revisando sus planes de urbanismo para limitar las construcciones en suelo rústic, un debate que la Comunidad lleva meses sin resolver. La prevención de incendios no termina en el monte; también se juega en la mesa de ordenación del territorio, y ahí el silencio es atronador.
Lo que sí sabemos es que la temporada de alto riesgo arranca oficialmente el 1 de julio. Hasta entonces, los vecinos de la sierra verán más rebaños pastando en las laderas, un paisaje que recuerda a otras épocas y que, esta vez, responde a una política pública con nombre y presupuesto. La pregunta que queda en el aire es si esa imagen bucólica será suficiente cuando el calor apriete.

