El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este sábado que el acuerdo de paz con Irán está ‘prácticamente negociado’ y que se ultiman los detalles finales. La declaración, publicada en Truth Social, incluye la promesa de reabrir el estrecho de Ormuz, el cuello de botella energético del mundo. Sin embargo, la agencia oficial iraní Fars matiza que la vía marítima seguirá ‘bajo gestión iraní’, no en régimen de libre paso.
El optimismo de Trump se apoya en una ronda de llamadas con líderes regionales y en un memorando de entendimiento. ‘Un acuerdo ha sido en gran parte negociado, sujeto a la finalización entre Estados Unidos, la República Islámica de Irán y varios otros países’, escribió. En la misma tanda de conversaciones incluyó a los mandatarios de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Catar, Pakistán, Turquía, Egipto, Jordania y Bahréin, así como al primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, con quien habló por separado.
¿Qué viene ahora en el tablero?
El anuncio llega tras una frágil tregua desde principios de abril y casi tres meses de guerra, iniciada con los bombardeos estadounidenses e israelíes a finales de febrero. Desde entonces, ambos bandos evitaron una escalada directa, pero la tensión se mantuvo alta en el Golfo Pérsico. La Casa Blanca había amenazado con reanudar los ataques si Teherán no aceptaba un acuerdo.
En el texto de Truth Social, Trump asegura que la paz se cerrará ‘en breve’ y que los ‘aspectos y detalles finales’ están en discusión. No obstante, las diferencias de interpretación sobre el tránsito en Ormuz muestran que la letra pequeña aún baila. Mientras Washington habla de ‘apertura’, Irán insiste en que no volverá al statu quo anterior a la guerra.
La ‘gestión iraní’ del estrecho: lo que Trump omite
La agencia Fars, cercana al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, desmintió ayer que el estrecho vaya a tener un ‘libre paso’ y precisó que Teherán mantendrá el control de ‘rutas, horarios, procedimientos de tránsito y permisos’. Añadió que la declaración de Trump era ‘incompleta’ y ‘lejos de la realidad’. En otras palabras, Irán se compromete a restaurar el tráfico marítimo a los niveles previos al conflicto, pero sin renunciar a la capacidad de cerrar la llave si lo considera necesario.
Esta discrepancia no es menor: por el estrecho de Ormuz transita un 20% del comercio mundial de crudo y casi un tercio de las exportaciones de gas natural licuado. La restricción del tráfico durante la guerra y el bloqueo naval estadounidense a los puertos iraníes dispararon las primas de riesgo y obligaron a la Unión Europea a redoblar compras a otras regiones. España, que depende del petróleo de Oriente Medio para cubrir parte de su demanda, sintió el repunte en los precios de los carburantes.
La paz americana que anuncia Trump no es un cheque en blanco: Teherán conserva la llave del grifo energético y deja claro que no vuelve al statu quo anterior.
Irán siempre ha insistido en que cualquier acuerdo debe preservar sus ‘derechos soberanos’ y poner fin a lo que define como ‘piratería’ estadounidense contra sus buques. Por eso la cuestión del bloqueo naval inverso —el levantamiento del cerco sobre sus puertos— sigue siendo un punto clave no detallado en el comunicado de Trump.

Equilibrio de Poder
El acuerdo esquelético anunciado por Trump es, en esencia, una victoria táctica para Irán: logra que Washington acepte públicamente un mecanismo de cese definitivo de hostilidades sin haberse adentrado todavía en el programa nuclear iraní, como el propio Teherán señaló. ‘Los detalles nucleares no se discuten en esta etapa’, repitió ayer la delegación iraní. Eso envía un mensaje inquietante a Tel Aviv, que siempre ha visto las negociaciones con Irán como una antesala de un pacto nuclear que legitimaría su capacidad de enriquecimiento.
Para Estados Unidos, el perfil bajo en los detalles duros deja margen a la presión interna. Trump necesita un éxito diplomático de cara a la opinión pública, pero la ausencia de condiciones verificables sobre el programa de misiles o las milicias chiíes en la región pone en guardia a sus aliados del Golfo. Riad y Abu Dabi, mencionados en la llamada, no han confirmado su participación.
En Bruselas, el anuncio se observa con cautela. La Comisión Europea valora la reapertura del tránsito energético, pero teme un desplazamiento del centro de gravedad hacia un Oriente Medio con Irán como actor aceptado, sin contrapesos claros a sus aspiraciones regionales. Para España, el impacto es doble: alivia la presión sobre los precios del crudo a corto plazo, pero reabre el debate sobre la dependencia energética de un corredor que, como ha quedado demostrado, puede cerrarse en cuestión de horas si Teherán lo decide.
La gran incógnita es si Israel aceptará un alto el fuego permanente sin garantías de que Irán no reanude su influencia en Siria y Líbano. La llamada de Netanyahu, calificada por Trump de ‘muy bien’, no incluyó compromisos concretos. En la intrincada geometría de Oriente Próximo, la paz a medio cocer es el principal factor de riesgo. La historia reciente enseña que los acuerdos de alto al fuego que no resuelven los conflictos de fondo suelen durar lo que tarda la próxima provocación.

