Fallece Carlo Petrini (76 años): el legado del fundador de Slow Food que nos enseñó a comer mejor

Su activismo transformó la forma en que entendemos la alimentación. El movimiento Slow Food sigue vivo en millones de hogares y productores locales.

Nunca pensé que un plato de pasta me haría llorar. Pero la noticia de la muerte de Carlo Petrini me ha devuelto a la mesa, al mantel de cuadros y al olor a albahaca recién cortada. Todos hemos sentido alguna vez el vacío de una hamburguesa sin historia o la prisa que nos impide disfrutar de una buena comida. Petrini, con su activismo callado pero firme, nos enseñó que comer puede ser un acto de rebeldía. Y hoy, a sus 76 años, su legado sigue creciendo como un buen fermento.

En 1986, cansado del avance de la comida rápida que invadía las calles de Roma, este sociólogo italiano fundó Slow Food, un movimiento que reivindicaba el placer de la mesa y la defensa de la biodiversidad alimentaria. Su filosofía es simple pero radical: lo Bueno, lo Limpio y lo Justo. Tres palabras que resumen una revolución silenciosa que ha llegado a más de 160 países.

Lo que empezó como una protesta contra la apertura de un McDonald’s en la Piazza di Spagna en 1986 se convirtió en un movimiento global. Petrini, con su inseparable boina y su verbo pausado, comprendió que la comida rápida no era solo una cuestión de salud, sino de identidad.

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Sus tres pilares no son solo un eslogan. El Bueno apela al sabor y al origen; el Limpio, a la producción sin venenos; el Justo, a la dignidad de quien cultiva. Petrini los explicaba con ejemplos cotidianos, como el del tomate que viaja miles de kilómetros mientras pierde su esencia.

El legado de Carlo Petrini

  • Bueno: No se trata solo del sabor, sino de la calidad que nace de las materias primas y de las manos que las cultivan. Petrini nos recordó que una manzana de un huerto cercano tiene más historia que cualquier producto envasado.
  • Limpio: La producción de alimentos debe respetar el medio ambiente, sin contaminar ni agotar los recursos. El slow food rechaza los pesticidas y apuesta por técnicas tradicionales.
  • Justo: Los productores y trabajadores merecen un precio digno. Comprar directamente al agricultor no solo es más sostenible, sino que también cierra el círculo de la confianza.

Petrini no era un chef estrella ni un gurú mediático. Era un contador de historias. Recuerdo una entrevista en la que decía que la mejor receta era la que te contaba tu abuela mientras removía la salsa. Ese respeto por la tradición y el conocimiento oral fue el motor de toda su lucha.

La cocina es el último territorio donde todavía mandan los sentidos.

Pero no todo fue poesía. El fundador de Slow Food también fue un activista incansable: creó la Universidad de Ciencias Gastronómicas, lanzó proyectos como Terra Madre y denunció sin descanso las políticas que favorecían la agricultura intensiva. Su legado incluye la salvación de cientos de variedades locales de frutas y verduras que estaban al borde de la extinción.

Su mensaje caló en cocineros, campesinos y consumidores. Hoy, más de 100.000 socios en todo el mundo mantienen viva la llama del slow food. Pero no hace falta afiliarse: cualquiera puede ser un activista en su cocina.

Cómo aplicar su filosofía en tu día a día

No hace falta mudarse al campo ni cultivar un huerto en el balcón (aunque ayuda). Basta con pequeños gestos: comprar en el mercado local, preguntar al carnicero de dónde viene la carne, o dedicar al menos una cena a la semana a cocinar sin prisas. La clave está en preguntarnos: ¿quién hizo esto? ¿de dónde sale? Petrini decía que comer con conciencia era el primer paso para cambiar el mundo. Y tenía razón.

Otro consejo: vuelve a las recetas de siempre. Esas que se transmiten de generación en generación. No necesitas ingredientes exóticos ni técnicas complicadas. Un buen sofrito, un pan horneado en casa o una ensalada con productos de temporada son un homenaje directo a su filosofía.

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Y si te sobra tiempo, anímate a conservar. Mermeladas, encurtidos, tomates secados al sol. Petrini fue un firme defensor de la despensa como patrimonio cultural. Cada bote guarda historia y sabor.

Variaciones y maridaje

El slow food no tiene fronteras. En Japón lo interpretan con el mottainai (no desperdiciar) y el respeto por los productos del mar. En México, con el maíz criollo y las milpas. En España, con nuestras denominaciones de origen y la cultura del tapeo como acto social. La filosofía de Petrini encaja a la perfección con nuestra manera de entender la comida: una excusa para compartir y para celebrar la tierra.

Para maridar este legado, qué mejor que un vino de pueblo, elaborado por manos que conocen el terreno. O una cerveza artesanal fruto de la recuperación de lúpulos autóctonos. Brindemos por la lentitud. Por Carlo.