Israel elimina al nuevo jefe militar de Hamás en Gaza pese al alto el fuego

Mohammed Odeh fue abatido junto a su familia según medios palestinos, solo once días después de la muerte de su predecesor. Israel mantiene ataques selectivos en la Franja a pesar de la tregua de octubre de 2025.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Israel afirma haber eliminado a Mohammed Odeh, nuevo jefe del brazo armado de Hamás, en un bombardeo sobre Gaza.
  • ¿Quién está detrás? Las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF), bajo la directriz del primer ministro Netanyahu y el ministro de Defensa Katz.
  • ¿Qué impacto tiene? La muerte de Odeh, once días después del asesinato de su predecesor, profundiza la inestabilidad en la Franja y pone en jaque la tregua mediada por Estados Unidos en octubre de 2025.

Israel ha vuelto a golpear la cúpula militar de Hamás. Las IDF aseguran haber matado a Mohammed Odeh, nombrado comandante del ala militar del grupo apenas once días después de que su antecesor, Izz al-Din al-Haddad, fuera abatido en otro ataque. La operación se produjo en el centro de la Franja, según fuentes palestinas, y habría acabado también con la vida de su esposa e hijos.

El anuncio de la eliminación ha sido hecho público por la oficina del primer ministro Benjamin Netanyahu, que acusa a Odeh de ser responsable del «asesinato, secuestro y heridas de numerosos ciudadanos israelíes y soldados». El mismo comunicado sitúa al dirigente palestino al frente de la inteligencia militar durante la incursión del 7 de octubre de 2023, que dejó cerca de 1.200 muertos y 250 rehenes.

El ministro de Defensa, Israel Katz, fue más allá al afirmar que Odeh había sido «enviado a reunirse con sus socios en las profundidades del infierno». En su cuenta de X, Katz añadió: «Juramos eliminar a todos los que lideraron la masacre… Están marcados para morir, en todas partes».

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Hamás no ha confirmado oficialmente la muerte de su nuevo jefe militar, aunque medios palestinos reportaron que fue abatido junto a su familia inmediata. La agencia de defensa civil de Gaza denunció que al menos siete personas perdieron la vida en ataques israelíes durante la jornada del martes, cinco de ellas en un solo bombardeo cerca del campamento de refugiados de Al Maghazi.

Este asesinato selectivo se produce pese a que el alto el fuego negociado por Estados Unidos lleva en vigor desde octubre de 2025. La mayoría de los ataques israelíes durante este periodo se han concentrado en objetivos puntuales, pero la repetición de golpes contra altos mandos militares demuestra que la tregua no ha frenado la campaña de eliminaciones.

Los datos de las autoridades sanitarias palestinas elevan ya a más de 72.000 los muertos y 172.000 los heridos desde el inicio de la ofensiva, de los cuales alrededor de 900 han fallecido durante la teórica calma. El Canal 12 israelí reveló hace semanas que las propias IDF consideran que Hamás ha logrado «reconstruirse significativamente» en este periodo, recuperando capacidades militares y reclutando nuevos operativos mientras controlaba la entrada de bienes a la Franja.

La paradoja es evidente: Israel justifica estos ataques precisamente para impedir el rearme, pero cada operación alimenta la espiral de violencia y refuerza el discurso de quienes, dentro del movimiento islamista, consideran inútil cualquier vía negociadora.

La tregua de octubre no fue más que una pausa táctica. Para Israel, la cúpula de Hamás sigue siendo un blanco permanente, gobierne quien gobierne en Gaza.

Equilibrio de Poder

La administración Trump mantiene un respaldo firme a Israel —no ha presionado para que cesen estos ataques— mientras la Unión Europea demanda el cumplimiento del alto el fuego. Bruselas ha reiterado su compromiso con la solución de dos Estados, pero su capacidad de influencia se limita a la diplomacia declarativa. La estrategia israelí de decapitaciones periódicas amenaza con dinamitar cualquier intento de estabilización regional, avivando también las tensiones con Irán a través de sus socios en Siria y Líbano.

Para España, el impacto se lee en varios planos. El riesgo de radicalización en el Magreb y la posible desestabilización de Marruecos y Argelia, países con los que Madrid mantiene delicados equilibrios diplomáticos y energéticos, es real. La Península mira con preocupación cómo cualquier escalada en Gaza puede trasladarse a las comunidades palestinas y al flanco sur, con Ceuta y Melilla como puntos sensibles. El Gobierno ha insistido en la vía diplomática, pero carece de palancas concretas para forzar un alto el fuego definitivo.

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La eliminación de Odeh, tan solo once días después de la de al-Haddad, confirma un patrón que recuerda a las campañas de 2004 o 2012: Israel considera que la velocidad de los golpes impide a Hamás estabilizar su cúpula. Sin embargo, la milicia islamista ya ha demostrado en el pasado su resiliencia institucional. La lectura a medio plazo apunta a una prolongación indefinida de los ataques selectivos, con la comunidad internacional sin instrumentos reales para imponer una paz duradera.

La próxima reunión del Consejo de Seguridad de la ONU sobre Gaza, prevista para la semana entrante, será una prueba para quienes aún creen que la diplomacia puede recuperar el control. La tendencia, de momento, no invita al optimismo.