EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Letonia anuncia el despliegue inminente de equipos móviles con drones interceptores en su frontera con Rusia para frenar incursiones aéreas no tripuladas.
- ¿Quién está detrás? Las Fuerzas Armadas letonas, a través de su Centro de Competencia en Sistemas Autónomos, con apoyo táctico de Ucrania y tecnología local de Origin Robotics y Eraser.
- ¿Qué impacto tiene? La OTAN refuerza la defensa aérea del flanco oriental, cubriendo una brecha crítica en los países bálticos frente a la creciente actividad de drones rusos y ucranianos desviados.
Letonia va a desplegar en los próximos días equipos móviles de interceptación con drones en su frontera oriental con Rusia, según ha confirmado el mayor Modris Kairišs, director del Centro de Competencia en Sistemas Autónomos de las Fuerzas Armadas letonas. La decisión responde a una serie de incursiones de sistemas aéreos no tripulados —al menos 24 incidentes en los tres países bálticos desde principios de 2025, según el recuento del medio independiente ruso Novaya Gazeta Europe— que han puesto en evidencia un vacío en la defensa antiaérea de baja altitud. La urgencia se intensificó después de que dos drones ucranianos se estrellaran en territorio letón el pasado 7 de mayo, uno de ellos contra un depósito de combustible vacío, y de que el gobierno letón colapsara este mismo mes por la gestión de la seguridad.
Unidades móviles para la defensa de baja altitud
Cada unidad estará compuesta por hasta cuatro soldados a bordo de un vehículo todoterreno 4×4, equipados con drones interceptores fabricados por las empresas letonas Origin Robotics y Eraser. El objetivo es tener operativas las primeras patrullas a principios de junio, aunque el número exacto de equipos se mantiene confidencial. “Al menos con estos equipos iniciales resolveremos los requisitos de la sociedad y de los políticos, y avanzamos”, declaró Kairišs a Defense News el 26 de mayo.
Los drones de tipo Shahed, que vuelan a velocidades relativamente bajas, no son un blanco difícil de derribar una vez detectados. El problema, sin embargo, está en la detección: vuelan a altitudes de entre 50 y 100 metros, fabricados con materiales compuestos baratos que resultan casi transparentes para los radares. Para cubrir la frontera de casi 400 kilómetros con Rusia y Bielorrusia harían falta radares tácticos cada 10 o 20 kilómetros, además de la infraestructura de comunicación, algo poco viable a corto plazo.
Asistencia ucraniana y la solución a largo plazo
Kairišs explicó que el país está recurriendo a la experiencia de Ucrania, que desde 2022 ha refinado el uso de equipos móviles de fuego primero y de drones interceptores después. Letonia busca asesoramiento táctico —no equipos— en procedimientos de cadena de muerte y uso de sensores. La colaboración, según confirmó el mayor, incluye expertos ucranianos sobre el terreno.
Aunque esta respuesta inicial es táctica, Kairišs advirtió que no es una solución permanente: reclutar y mantener personal para cubrir toda la frontera sería “una presión enorme” para las fuerzas armadas. La visión a largo plazo pasa por sistemas automáticos de lanzamiento en contenedores instalados a lo largo de la frontera, capaces de lanzar drones interceptores por comando desde un centro de control. “Allá es donde tienen que avanzar los países occidentales, porque nuestro recurso humano es muy caro”, subrayó.
La defensa antidrón de baja cota es hoy la brecha más urgente en la seguridad de los países bálticos y Letonia asume el liderazgo táctico.
Equilibrio de Poder
El movimiento letón llega en un momento en que la OTAN ha identificado la defensa contra sistemas aéreos no tripulados como una de las prioridades más acuciantes del flanco oriental. Letonia alberga el campo de pruebas de la Alianza para sistemas antidrón en la zona de entrenamiento de Sēlija, una instalación que permite ensayos con interferencia electrónica y guerra electrónica que en muchos países europeos serían casi imposibles por la densidad poblacional o las restricciones burocráticas. “Aquí en Letonia tenemos esta oportunidad, y queremos compartirla”, afirmó Kairišs, consciente de que sin acceso a tácticas reales del frente ucraniano, las soluciones occidentales se quedan en teoría.
Para España, el refuerzo de la defensa antidrón en los países bálticos tiene una lectura directa: la demanda de sistemas C-UAS y la presión sobre los presupuestos de defensa aliados seguirán al alza. La necesidad de cubrir brechas como la que está tapando Letonia con medios locales refleja el estado real de la defensa europea, lejos todavía de la autonomía estratégica que se reclama desde Bruselas. Si el 5% del PIB en defensa que exige la administración Trump se materializa en parte, los programas de drones interceptores y sensores de baja cota —un ámbito en el que la industria europea está fragmentada— recibirán un impulso decisivo. Mientras tanto, Letonia se convierte en el laboratorio operativo de una OTAN que aprende sobre la marcha, con la sombra de las incursiones —al menos 24 desde principios de 2025— como recordatorio constante de la urgencia.

