Luis Miguel Montero: «Interviú ofrecería hoy portadas a Jésica Rodríguez y Claudia Montes»

Si Interviú siguiera viva tendría clara su portada. «Daríamos a Jésica Rodríguez, a Claudia Montes y a la mujer de José Luis Ábalos», dice el periodista Luis Miguel Montero. «¿Eso es amarillismo? Para mí no. Esas mujeres tienen mucho que contar». La frase resume perfectamente el espíritu de una publicación que durante más de cuatro décadas mezcló política, escándalo, investigación y cultura popular hasta convertirse en una de las cabeceras más incómodas de España.

Este año se cumplen 50 años de la salida de su primer número, y Montero —que trabajó allí entre 1992 y el cierre en 2018— acaba de reconstruir aquella historia en el libro De Lola Flores a los papeles de ETA: los secretos mejor guardados de la revista Interviú. La tesis del periodista es clara: Interviú nunca entendió el sexo o las portadas como algo separado de la actualidad política y social. «La chica de portada era una de las cuatro patas de la revista», explica.

Las otras tres eran los escándalos políticos, los grandes sucesos criminales y la denuncia social. Por eso, sostiene, la revista habría encontrado hoy material de sobra en el llamado caso Koldo y el entorno del exministro José Luis Ábalos. «Eso es lo que hacía Interviú: darle la vuelta a la actualidad».

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El libro de Luis Miguel Montero repasa la historia de Interviú.

Montero rechaza además la etiqueta clásica de «amarillista» que acompañó siempre al semanario. «Muchos lectores pensaban que era amarillismo, pero nunca se publicó nada que no estuviera probado», asegura. A su juicio, la revista trabajaba con una mezcla de provocación visual y rigor informativo que hoy sería difícil de reproducir.

Porque Interviú fue, sobre todo, un producto de la Transición y de una sociedad menos polarizada mediáticamente. En sus páginas podían convivir autores ideológicamente incompatibles: los colaboradores Francisco Umbral, Camilo José Cela, Manuel Vázquez Montalbán, Emilio Romero o incluso figuras enfrentadas políticamente como Santiago Carrillo y la extrema derecha. «Eso funcionaba perfectamente», recuerda Montero.

La revista también desafió algunos de los grandes tabúes del país. Uno de ellos fue la monarquía. Durante años, paparazzi y fotógrafos ofrecieron a la publicación imágenes comprometidas de Juan Carlos I. Montero recuerda especialmente unas fotografías del entonces rey desnudo en un yate. «Pedían 100 millones de pesetas», explica. Sin embargo, Antonio Asensio decidió rechazarlas. «Dijo: «No quiero ni verlas. No las compres, porque nadie va a publicarlas»».

Finalmente, solo una imagen se vio en un periódico italiano. Aquella mezcla entre olfato empresarial, instinto periodístico y voluntad provocadora definió buena parte de la historia de Interviú. La revista podía publicar investigaciones sobre ETA, corrupción política o secuestros y, al mismo tiempo, convertir en fenómeno nacional el desnudo de Marta Sánchez o las fotografías de Mar Flores con Alessandro Lequio.

También fue pionera en detectar la transformación del consumo televisivo y del famoseo. La llegada de Gran Hermano marcó un cambio de era. «La revista vio rápido que aquello era un fenómeno televisivo y que había que estar ahí», explica Montero. Ya no bastaba el famoso clásico: interesaba «la cara B», la vida privada permanente y los personajes secundarios.

La crisis de 2008 y la irrupción del mundo online golpearon a Interviú

Sin embargo, la irrupción de internet terminó destruyendo el modelo económico que había sostenido durante décadas a la publicación. «Antes una portada famosa desnuda podía revolucionar el país», recuerda. «Ahora las imágenes circulan por redes sociales en segundos». La crisis publicitaria de 2008 aceleró el desplome definitivo.

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Luis Miguel Montero.

Interviú cerró en 2018 tras más de 2.100 portadas publicadas y varias generaciones de lectores acostumbradas a encontrar en el kiosco una mezcla explosiva de política, sexo y escándalo. Montero está convencido de que la revista todavía tendría espacio hoy, aunque transformada. Cree que Antonio Asensio padre habría apostado por reinventarla digitalmente antes que cerrarla. «Quizá online, quizá mensual», apunta.

Lo que parece seguro es que seguiría buscando exactamente lo mismo que hace medio siglo: personajes llamativos, historias ocultas y una portada capaz de provocar conversación nacional al instante.