EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Zelenski ha anunciado cinco medidas para reconciliar a Ucrania y Polonia por las matanzas de Volinia, entre ellas la apertura de archivos y la autorización de exhumaciones.
- ¿Quién está detrás? El presidente ucraniano toma la iniciativa diplomática tras meses de tensión con Varsovia, que considera los hechos un «genocidio».
- ¿Qué impacto tiene? La reconciliación es clave para mantener el apoyo polaco a Ucrania en la guerra y despejar el camino hacia la adhesión a la UE.
El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, ha dado este 18 de julio de 2026 un giro diplomático de calado al anunciar cinco pasos concretos de reconciliación histórica con Polonia. El gesto busca cerrar la herida de las matanzas de Volinia, donde el Ejército Insurgente Ucraniano (UPA) asesinó a decenas de miles de polacos étnicos hace más de ochenta años.
Zelenski prometió la apertura total de los archivos del Servicio de Seguridad de Ucrania y del Servicio de Inteligencia Exterior relacionados con aquellos sucesos, y se comprometió a conceder «un número significativo de permisos adicionales» para la búsqueda y exhumación de los cuerpos de las víctimas. Las medidas, según explicó, incluirán además «nuevos formatos diplomáticos» y una ampliación del diálogo intersociedad, al tiempo que se reforzará el Instituto Ucraniano de la Memoria Nacional.
El anuncio llega en un momento particularmente tenso. El pasado mayo, el nombramiento de una unidad de operaciones especiales ucraniana en honor a la UPA encendió las alarmas en Varsovia, donde el ala patriótica del gobierno de Karol Nawrocki lo interpretó como una provocación. La escalada culminó en junio, cuando el presidente polaco retiró a Zelenski la Orden del Águila Blanca, la máxima condecoración del Estado. Kiev devolvió la condecoración sin aspavientos, pero el daño diplomático ya estaba hecho.
«Ucrania valora a Polonia como uno de sus aliados más cercanos en la lucha contra la agresión rusa«, subrayó el Ministerio de Asuntos Exteriores ucraniano en un comunicado difundido mientras Zelenski detallaba los cinco pasos. La frase no es retórica: Polonia ha sido el corredor logístico imprescindible para la ayuda militar occidental y ha acogido a varios millones de refugiados ucranianos desde febrero de 2022. Sin Varsovia, el esfuerzo bélico de Kiev se resiente.
Las cinco medidas de Zelenski para cerrar la herida de Volinia
Las iniciativas presentadas por Zelenski pueden agruparse en tres ejes. El primero es documental: la apertura sin restricciones de los archivos de los servicios de seguridad ucranianos permitirá a historiadores polacos acceder a fuentes que hasta ahora permanecían clasificadas. El segundo es material: los permisos adicionales de exhumación facilitarán que equipos forenses polacos busquen e identifiquen los restos de las víctimas, un trabajo suspendido durante años. El tercero es diplomático y cultural: se creará un nuevo formato de diálogo entre sociedades y se dotará de más medios al Instituto Ucraniano de la Memoria Nacional para que represente «dignamente los intereses ucranianos».
Detrás de cada medida hay una concesión delicada. Abrir los archivos implica exponer documentos que algunas facciones nacionalistas ucranianas preferirían mantener en penumbra. Permitir exhumaciones masivas obliga a remover tierras y conciencias. Y, sobre todo, hablar de «intereses ucranianos» en la memoria de Volinia presupone que Ucrania está dispuesta a contar su propia versión sin anular el dolor polaco.

El pulso diplomático entre Kiev y Varsovia: de la condecoración retirada a la apertura de archivos
La decisión de Nawrocki de arrebatar la Orden del Águila Blanca a Zelenski fue interpretada en Ucrania como un intento de Varsovia de imponer unilateralmente su memoria histórica. El gesto de Kiev al devolver la medalla sin hacer ruido y, acto seguido, presentar un paquete de reconciliación, desactiva la escalada. No hay disculpa explícita — Zelenski no ha usado el término «genocidio» que reclama Polonia—, pero sí hay un reconocimiento tácito de que los acontecimientos de Volinia exigen una respuesta institucional.
El equilibrio es precario. Para el gobierno polaco, cualquier paso que no incluya una condena inequívoca del UPA como organización genocida resultará insuficiente. Para el presidente ucraniano, demonizar a quienes lucharon contra la ocupación soviética es inviable políticamente en un país que resiste una invasión rusa. Zelenski ha optado por la vía de los hechos: archivos, permisos, diálogo. Y ha dejado la calificación jurídica para más adelante.
La reconciliación por Volinia depende menos de los papeles que se abran hoy que de la capacidad de ambos países para digerir lo que los papeles cuenten mañana.
El Eje del Poder Europeo: por qué Polonia es clave para Ucrania (y para la UE)
Varsovia ejerce un doble rol en la arquitectura de seguridad europea que convierte este acercamiento en un asunto estratégico de primer orden. Por un lado, es el principal hub logístico de la ayuda militar a Ucrania: el 90 % de los suministros que entran al país pasan por territorio polaco. Por otro, su peso político en el Consejo Europeo es cada vez mayor, y su voz puede acelerar o bloquear el proceso de adhesión de Ucrania a la UE.
Para España, la normalización de las relaciones entre Kiev y Varsovia tiene una lectura indirecta pero real. Madrid ha abogado por mantener la unidad europea frente a Rusia mientras lidia con las reticencias de algunos socios del norte respecto a la ampliación. Un Ucrania que exhiba madurez diplomática — y que resuelva conflictos bilaterales como el de Volinia — facilita el discurso de quienes defienden que el país merece un horizonte claro de ingreso, fortaleciendo así la posición negociadora de España en el club comunitario.
En el trasfondo, la reconciliación ucraniano-polaca es también un test sobre la capacidad de la UE para integrar países con memorias históricas enfrentadas. El precedente de las guerras yugoslavas mostró que las heridas no cicatrizan por mandato legal. Volinia, a escala más contenida, obliga a los Veintisiete a preguntarse hasta qué punto están dispuestos a absorber la complejidad identitaria del Este. Si Zelenski y Nawrocki logran un entendimiento, la UE ganará un argumento para futuras ampliaciones. Si fracasan, el ruido histórico volverá a enturbiar las negociaciones de adhesión, y Budapest o Viena podrían utilizarlo como excusa para frenar el proceso.
Las próximas semanas serán decisivas. Zelenski ha abierto una ventana, pero el calendario aprieta: la cumbre del Consejo Europeo de otoño debe evaluar los progresos de Ucrania en los capítulos de adhesión, y una crisis abierta con Polonia restaría crédito a Kiev en un momento en que necesita todo el apoyo institucional posible. Las exhumaciones previstas y la liberación de archivos pondrán a prueba si el gesto de Zelenski es el inicio de una reconciliación o solo un paréntesis antes de la próxima tormenta diplomática.
