Francia y Alemania aceleran acuerdos clave de la UE ante la sombra de Le Pen en 2027

Macron y Merz prometen cerrar el presupuesto plurianual y el blindaje comercial frente a China antes de que acabe 2026. El temor no expresado a un triunfo de Le Pen en 2027 acelera las negociaciones mientras España observa con cautela las implicaciones para los fondos europeos.

Emmanuel Macron y Friedrich Merz escenificaron este viernes en Berlín una aceleración sin precedentes de los grandes expedientes económicos de la Unión, pero evitaron pronunciar el nombre que sobrevuela todos los despachos comunitarios: Marine Le Pen. Los líderes de las dos mayores economías del euro se comprometieron a cerrar antes de que acabe 2026 el Marco Financiero Plurianual (MFP, el presupuesto de la UE para siete años) y a desplegar un arsenal de medidas contra la sobrecapacidad industrial china. La prisa, insistieron, obedece a una cuestión de supervivencia económica, no a un blindaje preventivo frente a un eventual triunfo de la extrema derecha en el Elíseo en 2027.

Un calendario comprimido entre la urgencia económica y el silencio político

Tras dos jornadas de trabajo bilateral, París y Berlín firmaron una declaración conjunta en la que piden a la Comisión Europea que multiplique las investigaciones comerciales contra Pekín y refuerce el escudo antidumping del bloque. El canciller alemán fue explícito: “La labor entre Alemania y Francia resulta esencial en un momento en que Rusia amenaza nuestra seguridad, la República Popular China supone un desafío para nuestra economía y la relación transatlántica ya no puede darse por sentada”.

Macron, por su parte, subrayó que el plan de implementación debe avanzar “tan rápido y con tanto vigor como sea posible” porque es “crucial y vital”. El presidente francés añadió que ambos países examinarán la propuesta de Bruselas sobre nuevos recursos propios (impuestos europeos que engrosan directamente las arcas comunitarias y reducen la dependencia de las aportaciones nacionales), una vieja demanda de París que Berlín había mirado con recelo.

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En el centro de las negociaciones está el presupuesto europeo posterior a 2027, cuya negociación formal arrancará en otoño. La sombra de Le Pen planea sobre el calendario porque la líder de Agrupación Nacional, favorita en los sondeos, ha prometido recortar drásticamente la contribución francesa a las arcas comunitarias. Un escenario que haría saltar por los aires el delicado equilibrio financiero de la UE.

La apelación judicial que cambió la ecuación

Hace apenas unas semanas, un tribunal de apelación de París abrió una rendija inesperada para que Le Pen pueda ser candidata pese a su condena por malversación de fondos del Parlamento Europeo. Hasta entonces, la clase política europea trabajaba con la hipótesis de que la inhabilitación la dejaría fuera de la carrera. Ahora, las encuestas la sitúan como principal aspirante al Elíseo.

Preguntado directamente por la posibilidad de que un sucesor de extrema derecha deshaga los pactos alcanzados, Macron se limitó a decir: “Desconfíen de los sondeos. Confíen en el pueblo francés. No siempre predigan lo peor”. Merz, más diplomático, aseguró que Alemania “seguirá haciendo todo lo posible para que la cooperación con nuestros vecinos franceses siga siendo tan estrecha, profunda y de confianza como sea posible, con independencia de cómo decidan los votantes franceses”.

La última vez que Berlín y París intentaron acelerar reformas estructurales con plazos tan ajustados fue durante la presidencia francesa del Consejo de la UE en el primer semestre de 2022, con la guerra de Ucrania como telón de fondo. Entonces, la urgencia energética permitió avances insospechados. Ahora, el enemigo es la parálisis económica y la competencia exterior.

La prisa de Macron y Merz no es solo económica: es un mensaje cifrado a Bruselas de que el eje franco-alemán aún puede fijar la agenda antes de que el calendario electoral lo impida.

El Eje del Poder Europeo

Las prisas de Berlín y París encierran también un pulso silencioso sobre cómo repartir los costes de la adaptación europea a un mundo más hostil. Francia arrastra una deuda pública del 110% del PIB y necesita que Bruselas asuma más gasto común para no tensionar sus cuentas nacionales. Alemania, bajo el nuevo liderazgo de Merz, ha girado hacia posiciones más proteccionistas en comercio, pero mantiene su ortodoxia fiscal.

El resultado es una geometría variable en la que ambos líderes intentan fijar un marco antes de que el resto de los Veintisiete ponga condiciones. Para España, este movimiento tiene implicaciones directas: el MFP 2028-2034 definirá cuántos fondos europeos recibe para la transición ecológica, la digitalización y la política de cohesión. El Gobierno de Pedro Sánchez, consciente de que la regla de gasto y el fin del Next Generation en 2026 ya aprietan las cuentas, necesita blindar un paquete presupuestario ambicioso. La Moncloa ha defendido sistemáticamente mantener los recursos de cohesión y crear un fondo común de inversiones, alineándose con París pero con matices: España quiere que el presupuesto no salga solo de más impuestos europeos, sino de una emisión de deuda conjunta, algo que Berlín sigue vetando.

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Analizamos esta aceleración como un intento de París y Berlín de recuperar la iniciativa tras meses de desencuentros en defensa industrial y política comercial. Alemania ha cedido a las tesis francesas sobre la necesidad de investigar con más agresividad las prácticas chinas: la declaración conjunta pide a la Comisión “abrir más investigaciones y reforzar el arsenal de defensa comercial”. Es un viraje relevante porque Berlín, con su potente sector exportador y sus inversiones en China, había frenado hasta ahora las medidas más agresivas por miedo a represalias. Pekín es el principal socio comercial de Alemania fuera de la UE.

Todo este andamiaje depende de que el tándem franco-alemán logre en pocos meses rematar acuerdos que habitualmente tardan años en negociarse. El MFP requiere unanimidad de los Veintisiete. La política comercial, mayoría cualificada, pero con intereses muy dispares entre los países del norte industrial y los del sur más orientados a servicios. Y, en paralelo, la construcción de una unión de mercados de capitales al estilo estadounidense —otro de los compromisos anunciados— lleva décadas estancada por las diferencias regulatorias entre Estados miembros.

El riesgo de que un Gobierno de Le Pen descarrile todo el proceso es real, pero los líderes de la UE llevan meses negándose a verbalizarlo en público. No obstante, en las capitales se trabaja con un escenario cada vez más presente: si París se vuelve díscola, la UE dependerá aún más de Alemania, y eso podría fracturar el eje sur-litoral que España e Italia han ido construyendo. De ahí que en Moncloa se siga la evolución francesa con “preocupación pero sin alarmismo”, según fuentes diplomáticas consultadas por Moncloa.com. La próxima cita decisiva será la cumbre de octubre, donde la Comisión debe presentar su propuesta de MFP. Hasta entonces, Macron y Merz tienen poco tiempo y muchos frentes abiertos.

La partida está servida. Y aunque nadie mencione a Le Pen, su sombra alarga las horas.