Inversión estatal Catalunya 2025: solo el 8,6% ejecutado, Madrid duplica el gasto

La comunidad recibió 1.321 millones, mientras Madrid concentró el 21% de la inversión regionalizable. La cifra es la más baja en participación desde 2014 y reabre el debate sobre el déficit fiscal catalán.

Catalunya captó en 2025 solo el 8,6% de la inversión estatal ejecutada que puede regionalizarse. La cifra, apenas 1.321 millones de euros, contrasta con el 20,9% que absorbió Madrid —más del doble— y queda muy lejos del peso de la comunidad en el PIB (19%) o en la población (17%).

Los datos, extraídos de la estadística de la Intervención General de la Administración del Estado (IGAE) y enviados al Congreso, muestran que la inversión en Catalunya fue la quinta más alta en términos absolutos, pero la penúltima si se relaciona con el número de habitantes: 163 euros por catalán, frente a los 590 de Murcia o los 395 de Madrid.

La dependencia de Adif y el plan de Rodalies

La mitad del gasto ejecutado en la comunidad corrió a cargo de Adif, la empresa pública de infraestructuras ferroviarias, que pasó de 262,4 millones en 2023 a 578,8 en 2025. El director del servicio de estudios de la Cambra de Barcelona, Joan Ramon Rovira, detecta aquí una “velocidad de crucero” del Pla de Rodalies. Sin embargo, el resto de las inversiones de empresas públicas se mantiene en niveles históricos bajos. La consellera d’Economia, Alicia Romero, subrayó que se ha doblado la cifra respecto a 2018, pero admitió que “nos gustaría que el aumento fuera más importante”.

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El análisis comparado no da tregua. Entre 2013 y 2022, el Estado nunca invirtió más de 1.000 millones al año en Catalunya. Los 1.321 millones de 2025 suponen una mejora, pero aún están un 6,2% por debajo de los 1.409 millones de 2024. Y la participación del 8,6% es la más baja desde 2014. Otras comunidades, como la Comunidad Valenciana (1.738 millones), se beneficiaron probablemente de las obras de reconstrucción tras la dana.

El choque político: entre Ayuso y Nogueras

Los datos salen a la luz la misma semana en que la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, acusó al Gobierno de Pedro Sánchez de primar fiscalmente a Catalunya. Las cifras de la IGAE pintan un panorama bien distinto: Madrid recibe 2,4 veces más inversión. La portavoz de Junts en el Congreso, Míriam Nogueras, reaccionó en X con una pregunta incómoda: “¿Por qué los catalanes somos los penúltimos de la lista?”.

Madrid recibió 3.218 millones en 2025, casi lo que Catalunya acumula en tres ejercicios.

Déficit crónico y falta de transparencia

El patrón de baja ejecución se repite año tras año. Con los presupuestos del Estado prorrogados, no es posible medir el grado de cumplimiento respecto a las previsiones, pero si se toma como referencia el último presupuesto aprobado en 2023, la ejecución real apenas alcanza el 58% de lo presupuestado para Catalunya. La Cambra de Comerç y patronales como Foment del Treball llevan años reclamando que se publique periódicamente la estadística de inversión, como se hacía antes en la web de la IGAE. Ahora, la información se envía directamente al Congreso y son los grupos parlamentarios quienes deben divulgarla.

El Govern, a través de Alicia Romero, prefiere poner el foco en la tendencia al alza respecto a 2018, cuando se invertían menos de 700 millones. “Estamos casi doblando la cifra que se dedicaba”, remarcó. Pero el discurso se topa con el dato de que Catalunya sigue siendo la penúltima comunidad en inversión por habitante, una clasificación que los economistas consideran engañosa por las economías de escala en territorios más densos, pero que sigue siendo un arma política de primer orden.

La posición catalana, con un peso del 19% en el PIB y un retorno inversor del 8,6%, alimenta el argumentario de Junts y ERC sobre el déficit fiscal. El mismo día que Ayuso deslizaba la teoría de un trato de favor a Catalunya, los números demostraban justo lo contrario. La coincidencia ha reavivado el debate sobre un nuevo modelo de financiación y la exigencia de una ejecución más equilibrada de las inversiones, algo que, de momento, los datos no reflejan.