La Comunidad de Madrid ha aprobado un contrato de 2,7 millones de euros para asistencia técnica que supervisará el despliegue del pago con móvil y tarjeta en Metro, autobuses y Cercanías. Según avanza ABC, seis gigantes tecnológicos internacionales pugnan por desarrollar el sistema Account-Based Ticketing (ABT) que hará posible olvidarse del billete físico.
Así funciona el sistema que desterrará el abono de plástico
El sistema ABT almacena la cuenta del viajero en la nube y asocia sus desplazamientos al medio de pago que utilice —tarjeta bancaria, móvil o reloj inteligente—. Cada vez que el usuario accede al transporte, la plataforma identifica la entrada y salida y calcula automáticamente la tarifa más económica, sin que tenga que recargar abonos ni elegir previamente qué billete comprar.
En Londres, Transport for London lleva años aplicando este modelo con tarjetas contactless y dispositivos móviles. Nueva York avanza en una dirección similar con OMNY, que reemplaza progresivamente a la histórica MetroCard. Singapur, referencia mundial en digitalización urbana, ya disfruta de sistemas inteligentes que agilizan los accesos y reducen los tiempos de espera.
Seis colosos internacionales se disputan el diseño del ‘cerebro digital’ madrileño
El Consorcio Regional de Transportes de Madrid (CRTM) ha elegido como finalistas a seis grandes grupos empresariales, todos con experiencia en áreas metropolitanas como Londres, Nueva York, Toronto o la propia Singapur. Las aspirantes son Cubic Transportation Systems junto a Eysa; Hitachi Rail France y Hitachi Rail Spain; Indra con Kontron; Masabi junto a Accenture; Kentkart Italia; e Inetum en alianza con BPC-AG (O-City).
El Consorcio Regional de Transportes, ya ha seleccionado a estas seis compañías y se encuentra ahora en la fase de verificación de su capacidad y solvencia técnica. Una vez superada esa criba, las firmas serán invitadas a presentar sus propuestas definitivas para un proyecto que la Comunidad de Madrid califica como una de las mayores transformaciones tecnológicas del transporte público regional en décadas.
Madrid aspira a un pago sin fricciones que sitúe su red a la altura de las grandes capitales mundiales, pero el calendario sigue sin cerrarse y la puesta en marcha real se adivina aún lejana.
Los 2,7 millones que sí están sobre la mesa: el contrato de asistencia técnica
El Consejo de Gobierno ha aprobado un contrato de 2,7 millones de euros para una asistencia técnica especializada que servirá de apoyo al Consorcio durante todas las fases del proyecto. La empresa adjudicataria no construirá el sistema, sino que actuará como supervisor: evaluará las soluciones de los finalistas, controlará los contratos asociados, identificará riesgos y verificará que el despliegue cumpla los plazos y requisitos fijados por la Comunidad.
La licitación de este contrato de apoyo supone el primer paso visible de una hoja de ruta que aún no tiene fechas cerradas. Aunque la Comunidad mira hacia 2027 como horizonte tentativo, la complejidad de integrar el pago inteligente en una red que transporta a más de 4 millones de viajeros diarios aconseja cautela. El verdadero desafío no será solo tecnológico, sino de coordinación entre Metro, autobuses y Cercanías, tres operadores con lógicas e infraestructuras muy distintas.
Por qué Madrid necesita este sistema y qué puede aprender de sus propios precedentes
Mientras Barcelona desplegó su tarjeta recargable sin contacto T-mobilitat en 2020, Madrid aspira a dar un salto directo al pago con tarjeta bancaria, eliminando la necesidad de cualquier soporte físico. La comparación es pertinente porque la capital catalana ha sufrido retrasos y críticas por la lentitud en el desarrollo de su plataforma, un aviso de que estas transformaciones rara vez se cumplen en los plazos previstos.
En Madrid, la historia reciente del billetaje tampoco invita al triunfalismo. La Tarjeta Transporte Público, que unificó títulos, sigue dependiendo de un plástico y de recargas presenciales. Dar el paso a un sistema completamente digital supondrá integrar más de 3.200 dispositivos de control, adaptar estaciones y, sobre todo, convencer al usuario de que su banco es ahora su billete. Analizamos este contrato como un avance necesario, pero también como un recordatorio de que el camino hacia el pago inteligente en Madrid no ha hecho más que empezar.
