Maniobras OTAN Báltico 2026: la Alianza reduce su fuerza naval ante el desvío de recursos

La OTAN inicia el 4 de junio el BALTOPS 2026 con la mitad de buques que el año pasado, por el desvío de recursos al estrecho de Ormuz y el Ártico. Pese a la reducción, el almirante alemán al mando advierte de que Rusia intentará probar a la Alianza sin cruzar el umbral del Artícu

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? La OTAN lanza el 4 de junio el ejercicio BALTOPS 2026 en el mar Báltico con solo 20 buques y 6.000 militares, la mitad que en 2025.
  • ¿Quién está detrás? Estados Unidos, que aporta el buque insignia Mount Whitney, y 14 aliados más, bajo mando alemán desde Rostock.
  • ¿Qué impacto tiene? La drástica reducción de fuerzas navales envía a Moscú una señal de fatiga operativa de la Alianza, justo cuando se ensayan rutas de suministro al flanco este.

Las maniobras más importantes del año en el Báltico arrancan esta semana con una fuerza naval mermada. La OTAN ha tenido que recortar su despliegue a la mitad —20 buques y unos 6.000 efectivos de 15 naciones— porque sus marinas de guerra están atadas en otros teatros. El estrecho de Ormuz y el Ártico absorben recursos que antes se concentraban en disuadir a Rusia. Lo ha confirmado un alto mando alemán durante la presentación del BALTOPS 2026, las maniobras que Washington lidera desde 1971.

No es un problema de voluntad política, sino de matemática naval. Occidente carece de suficientes buques de guerra para cubrir simultáneamente tres zonas calientes sin degradar su presencia en alguna de ellas. Y este año le ha tocado al Báltico.

Un ejercicio a medio gas que conserva su mensaje político

El contralmirante alemán Stephan Haisch, al frente del Cuartel General de la Fuerza de Tareas del Báltico (Commander Task Force Baltic), ha sido claro: el BALTOPS 2026 “sigue siendo un signo de la fortaleza y unidad de la Alianza, bajo liderazgo estadounidense y con amplia participación de la OTAN”. Las palabras pretenden compensar con retórica lo que falta en cubierta. De los 40 buques que surcaron el Báltico en 2025 se pasa a apenas una veintena. El destructor furtivo de última generación que el Pentágono solía destacar en estas aguas ha sido reasignado al Golfo Pérsico.

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Las maniobras, que se prolongarán del 4 al 20 de junio, arrancarán en el Báltico occidental y se desplazarán después hacia el este. El objetivo declarado es ensayar la protección de las líneas de comunicación marítima y el reabastecimiento de las repúblicas bálticas, conectadas al resto de la OTAN solo por un estrecho corredor terrestre. En un conflicto real, la supervivencia de Estonia, Letonia y Lituania dependerá del control naval aliado. De ahí que el ejercicio pivote sobre la isla sueca de Gotland, punto de estrangulamiento estratégico.

Haisch ha asegurado que no espera que Moscú cruce el umbral del Artículo 5, la cláusula de defensa colectiva, aunque sí “intentará ponernos a prueba por debajo de ese umbral”. La advertencia no es nueva, pero cobra peso cuando la fuerza disuasoria que debe respaldar esa línea roja se ha partido por la mitad.

La resaca de tres frentes abiertos

La explicación oficial es que el repliegue no obedece a un desinterés por el flanco oriental, sino a la superposición de crisis. La presencia naval occidental en el Índico y el Golfo Pérsico ha crecido un 35 % en los últimos doce meses, según datos del Military Balance del IISS, mientras que las operaciones de vigilancia en el Ártico —donde Rusia y China cooperan cada vez más— demandan destructores y rompehielos que antes recalaban en el Báltico. A eso se suma la presión constante de la administración Trump para que los europeos asuman más carga.

La Casa Blanca lleva meses insistiendo en que los aliados deben alcanzar el 5 % del PIB en defensa. El presidente Trump ha calificado a la OTAN de “incubadora de parásitos” en al menos dos comparecencias públicas este año. Para Washington, el BALTOPS reducido es también un argumento: “Europa tiene que defender su patio trasero”.

La OTAN celebra un ejercicio en el Báltico con la mitad de barcos mientras pierde capacidad disuasoria ante Rusia.

Equilibrio de Poder

La lectura estratégica va más allá de los buques ausentes. El BALTOPS 2026 es el síntoma de una Alianza que se ha quedado sin margen de maniobra. Estados Unidos, que históricamente aportaba el 60 % de las plataformas navales en estos ejercicios, está pivotando hacia el Indo-Pacífico y Oriente Próximo. Mientras, Europa sigue sin construir una marina de guerra creíble. Alemania prometió un fondo especial de 100.000 millones de euros para defensa en 2022, pero la construcción de fragatas y submarinos avanza a ritmo de burocracia alemana.

Para España, el impacto es doble. La fragata Blas de Lezo (F-103), que había sido ofrecida inicialmente para integrar el BALTOPS, finalmente permanece en el Mediterráneo dentro de la Operación Sophia ampliada. El Ministerio de Defensa ha tenido que elegir entre vigilar el flanco sur —Marruecos, Sahel— y mandar un buque al Báltico. Ganó la frontera sur. El mensaje es inequívoco: la Armada española, con apenas once fragatas y cinco patrulleros oceánicos, no puede estar en todas partes.

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Hace solo dos décadas, la OTAN era capaz de proyectar simultáneamente fuerzas en Afganistán, los Balcanes y el Mediterráneo. Hoy, una sola crisis en Ormuz basta para vaciar el Báltico. La comparación con la Guerra Fría es pertinente: en 1985, los ejercicios navales de la OTAN en el Báltico involucraban hasta 150 buques. La disminución progresiva es un dato objetivo de pérdida de capacidad.

La cuestión de fondo no es si Rusia lanzará un torpedo a un destructor estadounidense. Es si las repúblicas bálticas pueden confiar en que la OTAN mantendrá abiertas sus rutas de suministro cuando la crisis llegue. Un ejercicio como el BALTOPS 2026 demuestra que, hoy, eso no está garantizado. Y Moscú toma nota.

El último movimiento relevante en esta partida será la cumbre de la OTAN en Vilna prevista para julio de 2026. Allí se medirá si los europeos están dispuestos a llenar el hueco que deja Washington o si el Báltico seguirá siendo, como teme Haisch, un escenario de prueba controlada para el Kremlin.