Alemania pierde escaño: revés diplomático para Merz

Portugal y Austria obtienen 134 y 131 votos frente a los 104 de Alemania, el primer tropiezo de este tipo en décadas. El revés reabre el debate sobre la influencia alemana en la UE y obliga a Moncloa a calibrar alianzas estratégicas en la ONU.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Alemania no logró este miércoles un puesto en el Consejo de Seguridad de la ONU por primera vez, con solo 104 votos, frente a los 134 de Portugal y 131 de Austria.
  • ¿Quién está detrás? La Asamblea General de la ONU votó de forma secreta. Berlín culpa a su apoyo a Israel y a la presión de Rusia, aunque admite que su candidatura llegó tarde.
  • ¿Qué impacto tiene? El revés debilita la posición de Alemania en la política exterior de la UE. Para España, la ausencia de su principal socio industrial en el órgano clave de la ONU podría entorpecer alianzas puntuales en Oriente Medio o el Sahel.

Alemania se ha quedado este miércoles sin un puesto en el Consejo de Seguridad de la ONU por primera vez en su historia reciente, en un voto secreto de la Asamblea General que concedió los dos escaños europeos a Portugal y Austria.

Votación secreta y resultados: los números que dejan a Berlín fuera

El Consejo de Seguridad cuenta con 15 miembros: cinco permanentes (Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido) y 10 rotatorios. Los puestos para Europa Occidental y otros grupos se deciden cada dos años. En esta ocasión, los 193 Estados votaron en secreto y Austria y Portugal obtuvieron, respectivamente, 131 y 134 apoyos. Alemania se quedó en 104.

Es la primera vez que el país con más peso económico y político de la UE se queda fuera. Había cumplido ya seis mandatos, pero esta vez no logró el respaldo necesario.

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Las razones del tropiezo: apoyo a Israel, presión rusa y una campaña tardía

El ministro alemán de Exteriores, Johann Wadephul permaneció en Nueva York hasta última hora buscando apoyos. Pero las críticas no se hicieron esperar. En círculos diplomáticos se señaló que Berlín no condenó claramente los ataques israelíes contra Irán como violaciones del derecho internacional. Un guiño a Tel Aviv que, según observadores, le costó votos en el mundo árabe y en parte de los países no alineados.

A eso se sumó la presión de Rusia. Moscú, que ha visto cómo Alemania lidera el frente sancionador europeo, maniobró para restar apoyos a Berlín en la Asamblea General. La votación, aunque secreta, reflejó ese desgaste.

Otro factor clave fue el calendario. Austria anunció su candidatura en 2011 y Portugal en 2013. Alemania no la oficializó hasta 2020. Llegar siete años más tarde a una carrera de fondo tan larga le dejó poco margen para tejer las alianzas necesarias.

La diplomacia alemana confiaba en su historial como uno de los mayores contribuyentes al sistema de Naciones Unidas y en sus misiones de paz. Pero no fue suficiente.

El fracaso de Alemania no es un accidente: es el reflejo de una política exterior que no ha sabido adaptarse a un mundo donde la equidistancia ya no es opción, sino exigencia.

El Eje del Poder Europeo

La pérdida del escaño en el Consejo de Seguridad golpea a Alemania en un momento delicado. El canciller Friedrich Merz llegó al cargo prometiendo un perfil exterior más firme, pero el tropiezo en la ONU expone las costuras de esa ambición. Dentro de la UE, Berlín ya no podrá contar con una tribuna preferente para defender sus intereses en el principal órgano de decisión sobre paz y seguridad.

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Para España, el escenario es agridulce. Por un lado, un socio que pierde peso en la ONU puede dificultar la coordinación en temas donde ambos países suelen alinearse, como la gestión de crisis en el Sahel o la presión diplomática sobre Venezuela. Por otro, la ausencia de Alemania abre espacio para que otros actores europeos, como Francia o Italia, refuercen su papel. España, que ocupó el Consejo de Seguridad en 2023-2024, conoce bien el valor de ese asiento.

A medio plazo, la derrota alimentará el debate sobre la reforma del Consejo de Seguridad. Alemania lleva años reclamando un puesto permanente europeo, pero su propia debilidad evidencia que la UE está lejos de hablar con una sola voz. Bruselas respira inquieta: si la mayor economía comunitaria no es capaz de armar una campaña ganadora en la ONU, ¿qué mensaje envía a potencias como China o a los países del Sur Global?

La próxima ventana para Alemania llegará dentro de dos años, pero la herida tardará en cerrarse. Mientras tanto, Merz deberá explicar en casa por qué la diplomacia del «sí a todo» —cooperación financiera, misiones de paz, apoyo a Israel— no se tradujo en votos. Y en Bruselas, observamos que la fractura no es menor: la UE no es fuerte si su locomotora pierde fuelle en el garaje de la diplomacia global.