La princesa Charlene de Mónaco hace una reverencia a la Reina Letizia y desata el debate protocolario entre casas reales

El gesto, durante la conmemoración de los 150 años de relaciones diplomáticas entre España y Mónaco, abre el debate sobre las jerarquías entre consortes de rango soberano. La visita de Alberto II y Charlene a Madrid deja una imagen diplomática y un interrogante sobre el peso real

La princesa Charlene de Mónaco ha protagonizado uno de los gestos protocolarios más comentados de la realeza europea en lo que va de año. Durante la visita que los príncipes Alberto II y Charlene realizaron a Madrid para conmemorar los 150 años de relaciones diplomáticas entre España y el Principado, Charlene hizo una reverencia a la Reina Letizia —y también al Rey Felipe VI—, un ademán que ha reavivado el debate sobre la jerarquía entre consortes de rango soberano.

Una visita diplomática con 150 años de historia

La cita, que tuvo lugar el 1 de junio, incluyó la inauguración conjunta de dos exposiciones en el Real Jardín Botánico: el 8.º Foro de los Artistas de Mónaco y la muestra «Mónaco y España: cinco siglos de historia compartida». Según el tweet oficial de la Casa del Rey, los cuatro miembros de las casas reales recorrieron las salas acompañados por autoridades culturales de ambos países.

Más allá del protocolo, la elección estilística también contenía un mensaje de diplomacia blanda. Charlene lució un vestido azul celeste de encaje, con cinturón a juego, de Oscar de la Renta. El fundador de la firma estudió en Madrid con Cristóbal Balenciaga, un guiño sin apenas estridencias a la capital española. La Reina Letizia, por su parte, escogió un vestido blanco midi de la casa italiana Mantù x Yowe, un reconocimiento a la manufactura transalpina que, en un encuentro que celebraba lazos históricos, equilibraba los mensajes de cada bando.

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La reverencia que divide a los expertos en protocolo

El momento más comentado llegó durante los saludos iniciales. La princesa Charlene, que ostenta el tratamiento de Alteza Serenísima como consorte del Príncipe Soberano de Mónaco, se inclinó tanto ante Felipe VI como ante la Reina Letizia. Las imágenes, captadas por las cámaras de la Casa del Rey, muestran una reverencia discreta, casi automática, que ha desatado un intenso debate entre los especialistas.

La controversia tiene dos polos. Una corriente sostiene que, al ser consorte de un jefe de Estado soberano —el Príncipe de Mónaco—, Charlene no debería reverenciar a otra consorte, porque ambas ostentan la misma condición de consortes de soberanos. La otra corriente, mayoritaria en los manuales de protocolo monárquico, argumenta que la diferencia de tratamiento —Majestad frente a Alteza Serenísima— basta para justificar el gesto. Felipe VI es Rey de España y Letizia, Reina consorte y Majestad, mientras que Mónaco es un principado, y su jefe de Estado es un Príncipe Soberano. Aunque la soberanía de Mónaco es plena y no está subordinada a España, la tradición dinástica sitúa a los reinos por encima de los principados.

La discusión, con todo, no es nueva. En mayo de 2025, durante la misa de inicio del pontificado de León XIV, varias princesas consortes, incluida Charlene, hicieron una reverencia al Papa, pero entonces el gesto se interpretó como deferencia al sumo pontífice, no como reconocimiento de jerarquía terrenal. Ahora, el contexto monárquico ha puesto cada tratamiento bajo la lupa.

En el tablero de las monarquías reinantes, una reverencia no es solo un saludo: es un mapa de poder que cada dinastía dibuja a su manera.

¿Majestad frente a Alteza Serenísima? El tablero de las monarquías reinantes

En realidad, el protocolo entre consortes es un territorio pantanoso. No existe un manual único que regule los saludos entre monarquías independientes; cada corte aplica la costumbre, los tratados bilaterales y, sobre todo, la inclinación personal. La decisión de Charlene de reverenciar a los Reyes de España puede leerse como un exceso de prudencia —quizás por consejo de la delegación monegasca— o como una lectura inteligente: en una monarquía donde el trono se hereda por primogenitura y el Rey es jefe de las Fuerzas Armadas, una inclinación de cabeza no menoscaba el prestigio de Mónaco, que ganó presencia internacional con el gesto.

La cuestión, sin embargo, no es baladí. En junio, la Reina Letizia coorganizará la visita de León XIV a España —el mayor viaje del Papa desde su elección— y la princesa Charlene será anfitriona del Gran Premio de Fórmula 1 de Montecarlo. Dos actos de altísima visibilidad en los que el protocolo, de nuevo, actuará como un escaparate de poder blando. En mi opinión, Charlene no se equivocó: la Corte de Mónaco apostó por la deferencia y ganó en imagen, porque en el siglo XXI la jerarquía protocolizada importa menos que la capacidad de un gesto para generar titulares positivos. La imagen ya ha calado. La Casa del Rey ha optado, como es costumbre, por no pronunciarse sobre el gesto. Sin embargo, la fotografía oficial muestra a la Reina Letizia con una media sonrisa que algunos interpretan como la seguridad de quien recibe una cortesía que la costumbre no exige, pero la diplomacia agradece. En la pugna sutil por la precedencia entre cortes, los Reyes de España han recibido, sin pedirla, una deferencia que les coloca simbólicamente un escalón por encima.

Claves del Protocolo y Estado

  • Contexto del acto: La visita de los Príncipes de Mónaco a Madrid conmemoró los 150 años de la primera misión diplomática entre ambos países y reforzó los lazos bilaterales.
  • El detalle de protocolo: La reverencia de la princesa Charlene a los Reyes ha dividido a los expertos: la tradición sitúa a una Majestad por encima de una Alteza Serenísima, aunque ambos sean consortes de soberanos.
  • Próximos pasos: La Reina Letizia recibirá al Papa León XIV en su visita a España en junio; la princesa Charlene presidirá los actos del Gran Premio de Mónaco de Fórmula 1.