África 2026: el terrorismo yihadista se dispara mientras EE.UU. reduce su presencia militar un 75%

El informe del CSIS señala que grupos como Al Shabaab e ISWAP operan con drones e inteligencia artificial mientras Washington admite un 'agujero negro de inteligencia'. La UE y España ven crecer la amenaza a las puertas del Mediterráneo.

El Center for Strategic and International Studies (CSIS) alerta de un ascenso imparable del yihadismo en África mientras EE. UU. reduce sus fuerzas un 75%. La retirada coincide con un salto cualitativo en la capacidad de fuego y financiación de grupos como Al Shabaab e ISWAP, que ya operan con drones e inteligencia artificial.

La nueva capacidad de fuego del yihadismo africano

El informe anual ‘Global Terrorism Threat Assessment 2026’ del CSIS no deja margen a la duda. Los grupos terroristas en África son, hoy por hoy, ‘indiscutiblemente ascendentes’. A diferencia de sus homólogos de Oriente Medio, disponen de ejércitos mejor dotados, recursos financieros más amplios y una libertad de movimiento que les permite atravesar vastas regiones sin apenas oposición. La proliferación de sistemas aéreos no tripulados y la inteligencia artificial han añadido una capa de complejidad a la que pocos ejércitos occidentales estaban preparados en este teatro.

Al Shabaab, la filial somalí de Al Qaeda, sigue siendo la organización más peligrosa del continente. No solo por su tamaño —probablemente la mayor de todas— sino porque ha demostrado una voluntad explícita de atentar contra intereses estadounidenses. Sin embargo, los analistas del CSIS matizan que, por ahora, la probabilidad de que un grupo africano perpetre un ataque masivo en suelo de EE. UU. sigue siendo baja. Su foco es regional. Pero si algo enseña la historia reciente es que las fronteras psicológicas saltan antes de lo que parecen.

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En paralelo, el Estado Islámico también ha movido ficha en África. ACLED, la organización independiente que recopila datos de conflictos, registró que casi el 80% de toda la actividad del ISIS en los once primeros meses de 2025 se produjo en el continente, un 50% más que el año anterior. Y en el centro de esa escalada está la Provincia de África Occidental del Estado Islámico (ISWAP), un entramado insurgente en el Sahel que rivaliza con Al Shabaab por el liderazgo del yihadismo africano. ISWAP no solo combate; coordina inteligencia, logística y ha recibido entrenadores externos enviados por la organización internacional del Estado Islámico para mejorar sus capacidades con drones, explosivos avanzados y tácticas militares.

El agujero negro de inteligencia que abre la retirada de EE. UU.

La administración Trump ha orientado su estrategia antiterrorista en África hacia dos teatros: Somalia, donde el Mando de África de EE. UU. (AFRICOM) ha incrementado los ataques aéreos y con drones, y Nigeria, con bombardeos selectivos junto a socios locales y un pequeño contingente desplegado para labores de entrenamiento. Sin embargo, estos movimientos se producen sobre una realidad incómoda: Estados Unidos ha reducido su presencia militar en el continente en un 75%.

El general Dagvin Anderson, jefe de AFRICOM, lo describió con una crudeza poco habitual ante el Congreso en mayo: la salida de las fuerzas estadounidenses y aliadas ha creado ‘un agujero negro de inteligencia’. Su mando opera con los ‘recursos mínimos necesarios’ y la capacidad de responder a crisis se ha visto comprometida. El reconocimiento es relevante porque la inteligencia no se reconstruye con un presupuesto suplementario: se construye sobre el terreno, durante años, con relaciones humanas y cobertura permanente.

La inteligencia no se reconstruye con un presupuesto suplementario; necesita años de presencia sobre el terreno.

Mientras tanto, el vacío que deja Washington lo ocupan otros actores. Rusia, a través del Africa Corps —la antigua Wagner—, se ha posicionado como socio de seguridad preferente para regímenes golpistas en el Sahel, canjeando protección militar por acceso a recursos mineros. China, más discreta, amplía su influencia económica sin involucrarse en la estabilización. Y Francia, que lideró la Operación Barkhane, ha sido expulsada de Malí, Burkina Faso y Níger, dejando a la Unión Europea sin un verdadero instrumento de fuerza en la región.

Equilibrio de Poder

La lectura estratégica que hacemos desde esta redacción es nítida. Moscú aprovecha el repliegue estadounidense para convertirse en actor indispensable de la seguridad africana, a menudo con métodos brutales pero efectivos para las juntas militares que hoy controlan el Sahel. Bruselas, en cambio, asiste perpleja a la desaparición de su influencia en una franja que está a solo 200 kilómetros de las costas españolas. El equilibrio de poder en la región se ha invertido en menos de cinco años.

Para España, el deterioro de la seguridad en el Sahel es un problema de Estado. La inestabilidad alimenta las rutas migratorias hacia Canarias y el sur peninsular, fortalece a las redes de tráfico de personas y drogas, y puede reactivar células yihadistas con capacidad de golpear intereses nacionales en el Magreb o en territorio español. El año pasado, el CNI ya identificó un repunte de la actividad de ISWAP en el norte de Nigeria que podría proyectarse hacia Mauritania y el Sáhara Occidental. La frontera sur no está blindada.

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En el largo plazo, la ecuación es aún más preocupante. Si el yihadismo africano sigue ganando capacidades tecnológicas y espacio físico, dejará de ser un problema exclusivamente regional. Los drones comerciales cargados con explosivos, la criptofinanciación y el reclutamiento a través de plataformas de inteligencia artificial permitirán a estos grupos operar a distancia contra embajadas, empresas o infraestructuras críticas europeas. El umbral que hoy separa el terrorismo local del atentado en suelo occidental se adelgaza con cada informe del CSIS. Mientras, la UE sigue discutiendo si destinar más fondos al presupuesto de defensa o a la sanidad pública. Y el tiempo corre.