Pakistán se prepara para recibir, a finales de 2026, el primer lote de cazas furtivos Shenyang J-35AE, variante de exportación del avión de quinta generación chino, según ha confirmado Islamabad. El acuerdo, sellado el mes pasado con Pekín, convierte a la Fuerza Aérea paquistaní en el primer operador internacional de este sistema de armas y certifica un salto generacional en la rivalidad aérea con India.
Los 40 aparatos encargados colocan a Pakistán por delante en la carrera por el dominio del espectro electromagnético en el sur de Asia. India, que no dispondrá de su propio caza furtivo AMCA hasta bien entrada la próxima década, se ve forzada a negociar deprisa la compra del Su-57 ruso como solución provisional.
Un vuelco en el equilibrio aéreo regional
La llegada del J-35 —con sección radar reducida, sensores avanzados y capacidad de combate en red— otorga a Islamabad una ventana de superioridad técnica que Nueva Delhi no puede ignorar. El Estado Mayor del Aire indio contempla la adquisición de dos o tres escuadrones de Su-57, un caza que Moscú ofrece con transferencia total de tecnología y producción bajo licencia.
El pacto ruso incluye el desarrollo de una variante biplaza, pensada para operar junto a drones leales como el S-70 Okhotnik en configuración tripulado-no tripulado. India, que ya canceló un proyecto conjunto de quinta generación con Rusia en el pasado, recupera esa vía ante la urgencia impuesta desde el este.
Mientras, el programa Advanced Medium Combat Aircraft (AMCA) indio no entrará en servicio hasta alrededor de 2038. El desfase temporal convierte al Su-57 en el único puente viable.
El primer J-35 en manos paquistaníes reescribe las reglas de la disuasión convencional en el sur de Asia mucho antes de que India tenga respuesta propia.
La apuesta naval y submarina de Pakistán
En paralelo, la Marina paquistaní botó en abril el primero de los ocho submarinos chinos de la clase Hangor, derivados del Tipo 039B/Yuan y equipados con propulsión independiente de aire (AIP). El contrato, valorado en 5.000 millones de dólares, es la mayor exportación de armamento de China hasta la fecha.
Estos sumergibles podrán lanzar el misil de crucero Babur-3 y torpedos pesados, lo que extiende la capacidad de segundo golpe de Pakistán bajo el mar Arábigo. Las primeras cuatro unidades se construyen en Wuhan; las otras cuatro, en Karachi con transferencia tecnológica.
India responde con la modernización de su flota Kalvari (Scorpene) y el megaprograma P-75I, que contempla seis submarinos de nueva generación con AIP de fábrica, en colaboración con el grupo alemán ThyssenKrupp Marine Systems. Sin embargo, los plazos indios son habitualmente más lentos que la ejecución china.

Equilibrio de Poder
La aceleración paquistaní responde a una estrategia deliberada de Pekín: usar a Islamabad como banco de pruebas para sus sistemas más avanzados y, al mismo tiempo, mantener ocupada a India en su flanco occidental. El 81 % de las importaciones de armas de Pakistán entre 2020 y 2024 procedió de China, según el SIPRI, y el Corredor Económico China-Pakistán, aunque agobiado por las deudas, conserva su valor estratégico como salida al mar Arábigo.
Para la OTAN y, por extensión, para España, este rearme acelerado en el subcontinente subraya la fragmentación del orden global y la consolidación de una Asia en plena escalada armamentista. La prioridad de Washington está en el Indo-Pacífico, y el último presupuesto de defensa estadounidense refuerza esa tendencia. Si Delhi se ve forzada a comprar más material ruso —el Su-57, los S-400, el misil R-37M—, la propia estrategia de Occidente para alejar a India de Moscú quedará en entredicho.
España, que participa en el programa FCAS europeo, observa cómo la demanda de cazas furtivos y sistemas AIP se dispara en mercados extraeuropeos. La industria nacional podría encontrar nichos en la cooperación naval con Alemania o en el desarrollo de sistemas no tripulados, pero la ventana de oportunidad es breve.
A diez años vista, la carrera armamentista indo-paquistaní tiene visos de enquistarse. Pakistán opera ya con inteligencia china en red (radar, satélite y apoyo técnico in situ, como se vio durante el choque aéreo de 2025), mientras India busca socios tan dispares como Francia, Israel y la propia Rusia. El próximo hito será la confirmación del contrato del Su-57, probablemente antes de que finalice este año; un movimiento que reconfigurará la geopolítica de las alianzas en la región.

