París y Berlín han materializado la cooperación nuclear que anunciaron en marzo: un caza Rafale con capacidad atómica ha operado por primera vez desde la base alemana de Nörvenich, cerca de Colonia, y Alemania participará en los próximos ejercicios nucleares franceses Poker, previstos para septiembre. El gesto, confirmado conjuntamente por el presidente Emmanuel Macron y el canciller Friedrich Merz durante la reunión del Consejo de Defensa y Seguridad francoalemán del 17 de julio, marca un hito en la doctrina de “disuasión avanzada” que Francia ofrece ahora a sus socios europeos.
De las palabras a los hechos: el Rafale nuclear en suelo alemán
El despliegue temporal de un Rafale B —portador del misil aire-tierra nuclear ASMPA-R— en Nörvenich escenifica la aceleración de la integración. Un día antes, cazas Rafale franceses y Eurofighter alemanes realizaron un reabastecimiento en vuelo conjunto, un ensayo simbólico de interoperabilidad nuclear. El propio Merz calificó la nueva etapa como “un rumbo nuevo y compartido en disuasión”, aunque subrayó que no pretende competir con el reparto nuclear de la OTAN, sino complementarlo. “Esto se suma a nuestro compromiso con los acuerdos de disuasión nuclear de la OTAN, que seguimos defendiendo”, puntualizó.
Francia, única potencia nuclear de la UE tras el Brexit, ha invitado hasta ahora a nueve países —de Noruega a Grecia— a cobijarse bajo su paraguas. Alemania fue la primera en adherirse a la iniciativa hace cuatro meses, aceptando participar con fuerzas convencionales en maniobras como Poker, sin renunciar por ello a las bombas atómicas estadounidenses que almacena en su territorio bajo el esquema de la Alianza. La decisión final de empleo sigue siendo exclusiva del presidente francés, pero las tareas convencionales —escolta, reconocimiento, apoyo logístico— se repartirán entre los aliados.
La base de Nörvenich acogió también la primera cumbre de defensa de alto nivel desde el colapso del proyecto FCAS (Sistema Aéreo de Combate Futuro), que envenenó las relaciones entre Dassault y Airbus. Macron y Merz comparecieron en tono constructivo: “Trazamos un rumbo nuevo”, insistió el canciller. El grupo director nuclear francoalemán, creado en marzo, se reunió al margen para detallar cómo las fuerzas alemanas se insertarán en la disuasión francesa, incluyendo “compartir aspectos operativos, ejercicios conjuntos y generar confianza entre expertos y militares”, según palabras de Macron en la comparecencia.
El Rafale en suelo alemán no es una visita de cortesía: es la fotografía más nítida de que la disuasión europea ya no depende solo de Washington.
Mientras Merz se esfuerza por no romper con el paraguas estadounidense, la administración Trump lleva meses presionando para que los europeos aumenten el gasto militar al 5 % del PIB, y no es descartable que en un horizonte de diez años retire parte de las cabezas nucleares desplegadas en Bélgica, Países Bajos, Italia, Turquía y la propia Alemania. La nueva arquitectura francesa, con sus ejercicios y destacamentos avanzados, busca justamente un seguro ante ese vacío.
¿Alternativa al paraguas estadounidense o complemento necesario?
La ambigüedad es deliberada. París insiste en que su doctrina de “disuasión avanzada” no sustituye a la de la OTAN, sino que suma una capa. Pero el hecho de que Berlín se preste a acoger un caza nuclear francés y a participar en ejercicios que antes eran exclusivamente nacionales desdibuja la línea. La soberanía sobre el arma y la decisión de apretar el gatillo siguen en el Elíseo, lo cual tranquiliza a quienes temen un automatismo que arrastre a Europa a una escalada. Sin embargo, obliga a los socios a confiar ciegamente en que un presidente francés responda con cabezas nucleares si, por ejemplo, un territorio aliado es atacado con armas de destrucción masiva.

La reciente decisión de Macron de aumentar el arsenal nuclear francés —anunciada al mismo tiempo que la doctrina de marzo— añade una señal de compromiso. Con ella, Francia se aparta de la senda de contención que marcó la Guerra Fría y se alinea con el rearme atómico que vemos en Moscú, Pekín y, en clave distinta, en la propia modernización estadounidense. En la última cumbre de la OTAN, celebrada en La Haya, los aliados ya debatieron la necesidad de reforzar todos los pilares de la disuasión, incluido el componente nuclear.
Mientras, el grupo director seguirá definiendo los próximos pasos. Entre las opciones sobre la mesa figuran la posible rotación de Rafale nucleares por bases de otros países firmantes —algo parecido a lo que hace Estados Unidos con sus B61— y la integración de cazas alemanes Tornado IDS (sustituidos próximamente por F-35A) en los procedimientos franceses. Todo ello sin comprometer la independencia de mando de París.
Equilibrio de Poder
La jugada francoalemana altera los equilibrios en tres tableros. En el eje Washington-Moscú-Bruselas, la OTAN ve cómo emerge un esquema nuclear europeo que, aunque se presente como complementario, puede ser leído por el Kremlin como un intento de emancipación estratégica del paraguas estadounidense. Moscú ya ha reaccionado con recelo cuando Macron habló de extender la disuasión, calificándolo hace meses de “paso peligroso”. Si la iniciativa cuaja, Europa ganaría un segundo centro de decisión nuclear, algo inédito desde que el Reino Unido posee sus propias armas y París mantuvo las suyas fuera de la estructura integrada.
Para España, el impacto es más sutil pero relevante. Nuestro país no almacena bombas nucleares de la OTAN y, hasta ahora, no se ha sumado a los nueve firmantes del paraguas francés. La base de Rota, que alberga destructores AEGIS estadounidenses, forma parte de la arquitectura antimisiles, no de la disuasión ofensiva. Sin embargo, la apuesta por una disuasión más europea podría presionar a Moncloa para que al menos participe en ejercicios convencionales, igual que Alemania, o ceda capacidades de apoyo. El coste político sería moderado mientras no exija albergar cabezas nucleares, pero el debate ya está servido en círculos de defensa: ¿puede España mantenerse al margen si la nueva disuasión se convierte en el pilar de la autonomía estratégica europea? La alternativa de quedarse fuera reforzaría la percepción de una Europa a dos velocidades en seguridad.
En el horizonte de cinco a diez años, la doctrina de “disuasión avanzada” podría desembocar en un verdadero reparto nuclear europeo con mando compartido, algo impensable hoy pero que gana tracción si la retirada estadounidense se acelera. La cumbre ministerial de defensa de la OTAN prevista para octubre será el próximo escenario donde medir si la iniciativa francesa es vista como oportunidad o como agravio. Entre tanto, el Rafale en Nörvenich ha demostrado que París y Berlín están dispuestos a pasar de los discursos a los hechos, y que la disuasión nuclear en Europa ya no se escribe solo con acento americano.

