Dos enviados de Donald Trump se reunieron con Vladímir Putin y Volodímir Zelenski en 48 horas para reactivar las negociaciones de paz sobre Ucrania. La Casa Blanca no ha formalizado aún un calendario, pero Steve Witkoff ya habla de un formato trilateral a corto plazo.
La gira de Steve Witkoff y Jared Kushner comenzó el sábado en Moscú y terminó el domingo en Kiev, según confirmó la agencia rusa RT. Kushner, yerno del presidente estadounidense, no suele operar como enviado diplomático formal; su presencia indica el peso que Trump quiere dar a una vía directa con Moscú y Kiev al margen de los foros europeos.
Una gira de 48 horas para reactivar un canal directo
El encuentro en el Kremlin duró algo más de tres horas. Yuri Ushakov, asesor de política exterior de Putin, lo describió como ‘sustancial, constructivo, extremadamente franco y de confianza’. Witkoff y Kushner presentaron varias ideas sobre posibles vías de arreglo, pero Moscú insistió en que cualquier acuerdo duradero debe abordar lo que llama causas profundas del conflicto.
En Kiev, el domingo, los enviados se reunieron con Zelenski. Según una fuente citada por Axios, el presidente ucraniano expuso los preparativos para continuar la guerra durante el invierno, mientras Witkoff y Kushner subrayaron que quieren un avance antes de que llegue el frío. Witkoff dijo ‘me sentí bien’ tras las conversaciones en ambas capitales.
Hasta ahora, sin embargo, no hay un solo documento que confirme avances concretos. Ni cese de hostilidades, ni intercambio de prisioneros, ni agenda cerrada para una reunión trilateral. Esa ambigüedad es el dato más relevante: el lenguaje de confianza sirve para mantener abierta la negociación, no garantiza resultados.
El tono se ha suavizado en Moscú y en Washington, pero la confianza diplomática no detiene un solo dron ni mueve la línea del frente.
Ushakov insistió en que el clima es ‘de confianza’ y que Putin agradeció a Trump sus esfuerzos. El Kremlin también confirmó que se abstuvo de atacar Kiev durante un periodo de tres días desde la medianoche del 5 de septiembre para permitir el viaje seguro de los enviados. Esa tregua puntual, selectiva y no verificada de forma independiente, muestra el tipo de concesión con el que Moscú intenta condicionar la narrativa.
El Kremlin habla de confianza; Kiev prepara el invierno

La lectura de las dos capitales es distinta. Moscú coloca el acento en la atmósfera de confianza y en la supuesta disposición de Washington a escuchar sus exigencias. Kiev, en cambio, describe la resistencia militar como argumento central: preparar el invierno significa sostener el frente, no rebajar la negociación. La palabra ‘trilateral’ que empleó Witkoff introduce un matiz relevante: EE.UU. no quiere aparentar que consulta solo a Rusia.
Ese formato puede incomodar a Bruselas. Las negociaciones de paz sobre Ucrania se desarrollan por ahora fuera del paraguas de la UE y de la OTAN, con en en una lógica bilateral que recuerda a los contactos entre Moscú y Washington de la Guerra Fría. Para los socios europeos, el riesgo no es solo quedarse sin un asiento; es tener que asumir después los costes de un acuerdo que no han diseñado.
La Casa Blanca, por su parte, filtró a Axios que las conversaciones de Moscú fueron sustanciales y que se esperan anuncios en las próximas semanas. No hay todavía confirmación oficial de una cumbre. Witkoff habló de un ‘trilateral que esperamos que se anuncie en breve’, pero sin fijar sede ni fecha.
Equilibrio de Poder
El movimiento de Trump hay que leerlo en la lógica transaccional de su administración: presionar con la posibilidad de un acuerdo rápido, recuperar protagonismo frente a China y presentar a Europa como actor secundario. Moscú gana tiempo y legitimación: sin renunciar a una sola posición territorial, el Kremlin aparece en la foto con un enviado presidencial y logra que se hable de ‘causas profundas’. Bruselas, en cambio, queda expuesta: ni está en la sala, ni controla el calendario.
Para España, el efecto no es neutro. Un acuerdo sobre Ucrania que desplace la seguridad europea hacia un eje Washington-Moscú obligaría a replantear el compromiso de gasto militar y la posición de las bases de Rota y Morón. La UE ha asumido desde 2022 que la estabilidad del flanco este es también un problema del flanco sur; si Trump reduce su papel de garante, el Mediterráneo y el Sahel pasan a depender aún más de una disuasión europea todavía incompleta.
La experiencia de los acuerdos de Minsk es el precedente que conviene recordar. Papel firmado, tregua selectiva y congelación de un conflicto que estalló después con toda su fuerza. Lo que hoy se presenta como diplomacia de alto nivel puede ser, en realidad, la gestión de una pausa. El riesgo para Ucrania es que le transformen la soberanía en un activo negociable; el riesgo para Europa, que le entreguen la factura.
El detalle técnico que conviene observar no es el tono de la diplomacia, sino el movimiento real de tropas y de infraestructura logística. Las treguas selectivas, como esta de Kiev, suelen servir más para reposicionar unidades que para preparar una paz sostenible.
La próxima ventana no es esta semana, sino la siguiente: si Washington anuncia ese trilateral, habrá que medir si incluye a Kiev como parte soberana o solo como escenario. Mientras tanto, lo único verificable es la foto, no el contenido.
