El Pentágono pide 87.000 millones en fondos para la guerra contra Irán

La comparecencia del secretario de Defensa, Pete Hegseth, ante el Senado destapa las fisuras sobre la eficacia de la campaña y la persistente amenaza de los misiles iraníes. El coste acumulado asciende ya a 37.500 millones de dólares y la Casa Blanca alega que sin nuevos fondos n

El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, compareció el martes ante el Comité de Asignaciones del Senado para solicitar 87.000 millones de dólares en fondos adicionales para el Pentágono, de los cuales 67.000 millones irían destinados a operaciones en Oriente Medio. La petición llega con la campaña contra Irán —lanzada por el presidente Donald Trump junto a Israel el 28 de febrero— acumulando ya un coste estimado de 37.500 millones de dólares en apenas cinco meses.

El coste de una guerra que no logra cerrar la amenaza iraní

Hegseth detalló que, sin los nuevos fondos, el Pentágono se enfrenta a “carencias críticas” que pondrían en riesgo el pago a los soldados, la reposición de equipos y municiones y la continuidad de las operaciones. La cifra solicitada —67.000 millones de dólares solo para Oriente Medio— multiplica por dos el gasto ejecutado hasta ahora y refleja la magnitud de una intervención que, pese a la superioridad aérea estadounidense, no ha neutralizado por completo la capacidad de respuesta de Teherán.

Los demócratas del comité aprovecharon la audiencia para cuestionar la efectividad de la campaña. La senadora Kirsten Gillibrand recordó que la semana pasada, al menos dos militares estadounidenses murieron en Jordania por ataques con misiles iraníes, a pesar de que el propio Hegseth había asegurado anteriormente que los arsenales de misiles de Irán estaban “agotados y diezmados”. Desde el Pentágono se defendió Hegseth argumentando que la base industrial de defensa de Irán “ha desaparecido”, pero que el país dispone de instalaciones subterráneas y ha pasado “47 años escondiendo sus misiles bajo montañas”.

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La persistente amenaza de los misiles bajo tierra

El secretario admitió que “nadie dijo que todos los misiles estuvieran eliminados” y que nunca se esperó que Irán perdiera “por completo la capacidad de lanzarlos”. Subrayó, sin embargo, que Teherán no puede competir “de igual a igual” con Estados Unidos en intercambios de misiles. Georgia el senador Jon Ossoff preguntó si la amenaza de misiles había sido derrotada hace cuatro meses, a lo que Hegseth respondió insistiendo en que la campaña ha sido “aplastante”.

Varios manifestantes interrumpieron la declaración inicial de Hegseth para protestar por los bombardeos estadounidenses y por la guerra de Israel en Gaza. El secretario defendió la doctrina “América Primero” de Trump y afirmó que, a diferencia de administraciones anteriores, el presidente no permitirá que el país se vea arrastrado a “guerras estúpidas”.

Siete meses de bombardeos no han eliminado la capacidad de Teherán para golpear objetivos estadounidenses desde complejos excavados en roca.

Equilibrio de Poder

La comparecencia de Hegseth expone la contradicción central de la campaña: el gasto se dispara pero los efectos militares prometidos no se materializan por completo. La oposición demócrata ha reforzado el mensaje de que la guerra es “increíblemente impopular” entre los votantes, lo que añade presión a la Casa Blanca a medida que se acercan las elecciones de mitad de mandato. En el tablero global, la prolongación del conflicto ata recursos estadounidenses en Oriente Medio justo cuando la OTAN reclama más atención al flanco este europeo y al Indo-Pacífico.

Para España, el impacto directo se mide en el precio del crudo y la estabilidad del estrecho de Ormuz. Cualquier escalada adicional que cierre o amenace el tránsito por el golfo Pérsico encarecería de inmediato la factura energética nacional y elevaría los costes logísticos para las empresas exportadoras. Además, la implicación indirecta en un conflicto liderado por Washington, aunque sin mandato aliado formal, podría tensar las relaciones diplomáticas con países del Magreb que mantienen vínculos históricos con Irán.

A medio y largo plazo, la factura de una guerra sin victoria clara erosiona la doctrina de disuasión estadounidense: si tras 37.500 millones de dólares y una campaña aérea masiva un adversario como Irán puede seguir lanzando misiles desde túneles, el mensaje que reciben Pekín o Moscú es que la superioridad convencional no basta para neutralizar por completo las capacidades asimétricas. La trayectoria invita a otros actores a replicar el modelo de infraestructuras subterráneas y arsenales dispersos.

La sesión del Senado deja abierta la pregunta de si el Congreso aprobará la partida completa o impondrá condiciones. Lo que está en juego no es solo el presupuesto del Pentágono, sino la credibilidad de una estrategia “América Primero” que prometía no enredarse en conflictos largos y que ahora consume más de 7.000 millones de dólares al mes. El próximo hito será la votación en el pleno del Senado, donde los republicanos necesitarán votos demócratas o asumir el coste político de un posible corte de fondos en plena campaña de bombardeos.

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Seguiremos de cerca los movimientos del Departamento de Defensa.