Goldman Sachs ha disparado en 300 millones de euros su exposición crediticia al fútbol español, y el FC Barcelona es el principal motor de ese incremento. La deuda conjunta de Barça, Valencia, Betis y Sevilla con el banco neoyorquino alcanza ya los 2.671 millones de euros, un salto notable desde los 2.369 millones que acumulaban en abril del año pasado.
El 73% de ese pasivo —unos 1.950 millones— corresponde al club catalán. La razón es doble: el crédito sindicado de 1.450 millones para construir el Espai Barça, ampliable en otros 50 millones, y la deuda de 595 millones contraída en 2021 para reestructurar obligaciones a corto plazo. Aquella operación salvavidas evitó la quiebra técnica de la entidad, pero ha dejado una rémora que no se extinguirá hasta 2028.
¿Por qué sube la factura del Espai Barça?
El contrato de financiación firmado en 2023 contemplaba un colchón de 50 millones extra, que el club ya ha solicitado en su práctica totalidad. A cierre de julio de 2025, el Barça había dispuesto 1.495 millones de los 1.500 puestos sobre la mesa. El capital no se amortiza hasta que venza la carencia, en 2028, aunque los intereses empezaron a pagarse tan pronto como el Spotify Camp Nou reabrió sus puertas. La junta de Laporta confía en que los ingresos comerciales del nuevo estadio —palcos VIP, patrocinios y eventos— generen la caja necesaria para cubrir los vencimientos sin asfixiar la tesorería ordinaria.
Nadie en el club azulgrana admite nerviosismo, pero el calendario de amortización aprieta. A la devolución del préstamo del Espai Barça se suman 499,6 millones aún pendientes de los bonos Senior Secured Notes emitidos desde 2021. El próximo vencimiento, de 28,6 millones, está fechado en este mismo mes de junio de 2026.
El efecto dominó en la Liga
La dependencia de Goldman Sachs no es exclusiva del Barça. El Valencia CF ha refinanciado otros 322 millones para rematar el Nou Mestalla, con la venta de los terrenos del viejo estadio como garantía parcial. El Real Betis cuenta con 125 millones en bonos bullet a diez años y espera que el mismo banco lidere la financiación del nuevo Benito Villamarín, presupuestado en 262 millones tras la intervención de Acciona para recortar costes. El Sevilla, con un patrimonio neto negativo de 123 millones en 2025, se apoyó en una inyección de 108 millones que deberá saldar casi a la mitad de golpe en 2034.
Los cuatro clubes concentran una deuda de 2.671 millones. Esa cifra había crecido en 302 millones en solo doce meses. Goldman Sachs, que empezó a trabajar con el fútbol español tras la pandemia, se ha convertido en el acreedor de referencia de la élite del balompié patrio.
La operación valencianista, cerrada en 2025, ilustra la mecánica: un préstamo sindicado de 322 millones que combinó bonos a 28 años y un crédito a cinco años vinculado al suelo de Mestalla. El Fondo de Titulización de Activos (FTA) repite el esquema del Camp Nou: los ingresos futuros del estadio sirven de colateral y el vehículo financiero canaliza la devolución.
El gráfico muestra cómo los cuatro clubes han pasado de deber 2.369 millones a 2.671 millones en un año, con el Barça acaparando tres de cada cuatro euros del pastel. El Espai Barça es la pieza que más pesa en la balanza.
El Betis, por su parte, confía en que la alianza con Bibium Capital y la constructora Acciona le permitan reducir la factura definitiva del Villamarín. El club verdiblanco ha informado de condiciones “muy ventajosas” respecto a los pasivos anteriores, aunque no ha desvelado el tipo de interés anual de su préstamo de 125 millones. La nota discordante es el bullet del 50% en 2034, un desembolso que pondrá a prueba la salud financiera de la entidad sevillana.
El precedente que asusta: la quiebra técnica de 2021
Conviene no olvidar de dónde viene el Barça. En marzo de 2021, el entonces vicepresidente económico Ferran Olivé recordaba que el club estaba en “disolución”. Los números rojos ascendían a 731 millones de deuda a corto plazo con vencimiento inmediato. Aquel rescate de Goldman Sachs —595 millones al 1,98% fijo— evitó el colapso, pero la factura se ha ido alargando con emisiones sucesivas de bonos. La economía del club ha mejorado: el patrimonio neto negativo, hoy de 153 millones, empezará a reducirse con los beneficios del ejercicio 2025-26. Sin embargo, la losa de la deuda seguirá condicionando los márgenes de maniobra en los próximos siete años.
El plan de Laporta se sustenta en que los nuevos ingresos del estadio —se espera alcanzar los 100.000 espectadores en un año y la cubierta antes de 2028— generen el flujo de caja suficiente para cubrir intereses y, a partir de 2028, amortizar capital. La apuesta es arriesgada porque cualquier retraso en las obras o incumplimiento de las previsiones de asistencia pondría en jaque todo el castillo de naipes financiero.
El Barcelona no es el único alumno aventajado de Goldman. Valencia, Betis y Sevilla han seguido sus pasos con estructuras similares. El factor común: el banco estadounidense ha logrado blindarse frente al riesgo de impago asociando los créditos a los estadios, activos tangibles que generan ingresos recurrentes. La pregunta que pocos se atreven a formular en voz alta es qué ocurrirá si el fútbol español entra en una fase de estancamiento de ingresos.
El Barça necesita 1.950 millones para mantener su plan. La cifra triplica la de cualquier otro club de la Liga y, de no cumplirse el guion de ingresos, obligaría a una nueva reestructuración. De momento, Goldman Sachs sigue ampliando la deuda. El plazo de carencia vence en 2028. La cuenta atrás ha comenzado.
