El gasto nuclear EE.UU. en 2025: 69.200M$ superan al resto del mundo

La Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares revela un incremento global del 19% y sitúa a China como segundo inversor. El Reino Unido adelanta a Rusia y la OTAN debate llevar más bombas B61 al este de Europa.

Estados Unidos gastó 69.200 millones de dólares en su arsenal nuclear durante 2025, un 22% más que el año anterior, según el último informe de la Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares (ICAN). La cifra supera el gasto combinado de todas las demás potencias nucleares juntas y dispara la inversión global en armamento atómico hasta un récord de 119.000 millones de dólares.

Un salto del 22% que deja al resto del mundo atrás

El desglose de ICAN revela una aceleración sin precedentes en la modernización de los arsenales. Los nueve estados con armas nucleares (Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido, Francia, India, Pakistán, Israel y Corea del Norte) incrementaron su gasto conjunto un 19% interanual, equivalentes a 16.800 millones de dólares adicionales. El gasto medio cada segundo rozó los 3.768 dólares.

China se situó en segunda posición con 13.500 millones de dólares invertidos, mientras que el Reino Unido desplazó a Rusia del tercer puesto al destinar 12.600 millones, frente a los 9.500 millones de Moscú. La brecha entre Washington y sus competidores se ensancha: el Pentágono gastó más de cinco veces lo que asignó Pekín y casi ocho veces más que Moscú.

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El ritmo de desembolso responde, según ICAN, a la tensión internacional y a los planes de renovación de las triadas estratégicas. Estados Unidos acelera el programa de modernización de su tríada nuclear (bombarderos B-21 Raider, misiles intercontinentales Sentinel y submarinos clase Columbia), una empresa valorada en 1,7 billones de dólares a tres décadas vista.

La expansión de la disuasión compartida y la respuesta de Moscú

El informe de ICAN coincide con las informaciones del Financial Times sobre los planes de Washington de ampliar el despliegue de sus bombas nucleares B61 en suelo europeo. Actualmente, las armas nucleares tácticas estadounidenses se encuentran en Bélgica, Alemania, Italia, Países Bajos y Turquía bajo el paraguas de la OTAN. Polonia y las repúblicas bálticas han manifestado interés en albergarlas, una posibilidad que el Kremlin ha calificado de línea roja.

Moscú exige la retirada completa de las ojivas y el desmantelamiento de la infraestructura de apoyo. El embajador ruso para Asuntos de Desarme, Andréi Beloúsov, reiteró hace semanas que cualquier paso adicional hacia sus fronteras provocará una respuesta. La OTAN, por ahora, no ha confirmado negociaciones formales con Varsovia o los países bálticos, pero el debate sobre la disuasión extendida está sobre la mesa de cara a la próxima cumbre de la Alianza.

ICAN

El gasto diario de las nueve potencias nucleares bastaría para alimentar a dos millones de personas durante un año, mientras que la inversión anual cubriría el presupuesto ordinario de Naciones Unidas durante más de tres décadas.

Equilibrio de Poder

El repunte del gasto nuclear reconfigura la arquitectura de disuasión heredada de la Guerra Fría. Washington refuerza su triada mientras Moscú moderniza sus sistemas hipersónicos (Avangard, Kinzhal) y Pekín acelera la construcción de silos en su desierto de Gobi. La dinámica traslada la competencia estratégica a un terreno en el que los tratados de control de armamentos —el New START expiró en 2026 sin sustituto— quedan obsoletos.

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Para España, el impacto es indirecto pero tangible. No albergamos armas nucleares, pero las bases de Rota y Morón y la presencia naval estadounidense sitúan al país en la primera línea logística de cualquier despliegue de la OTAN. El blindaje del gasto en defensa que exige la Alianza (el 2 % del PIB ya no es suficiente; Trump habla del 5%) tensionará las cuentas públicas justo cuando la economía necesita margen fiscal. Además, una escalada de sanciones y contra-sanciones entre Rusia y Occidente podría afectar a sectores como el agroalimentario y el turismo, muy expuestos al mercado ruso.

La intrahistoria diplomática añade otra capa: el Gobierno mantiene una posición oficial contraria a las armas nucleares, pero la presión de los aliados para que se implique en la disuasión extendida —aunque solo sea con apoyo logístico— es creciente. España ya contribuye con cazas Eurofighter a la policía aérea del Báltico y con fragatas al escudo antimisiles de la OTAN, misiones en las que, formalmente, no se manejan cargas nucleares.

El coste de la modernización nuclear, sumado a la guerra económica entre bloques, aleja el horizonte de un desarme multilateral. La paradoja es clara: cuanto más se gasta en disuasión, más se erosiona la seguridad compartida. El legado de ICAN —premio Nobel de la Paz en 2017— choca con la realidad de unos presupuestos que no dejan de crecer. La siguiente cita para medir la temperatura nuclear será la conferencia de revisión del Tratado de No Proliferación (TNP), aunque pocos esperan avances sustanciales en un clima de confrontación abierta.