Subastan el centro comercial fantasma de Barcelona con un descuento del 75%

La subasta, gestionada por Segipsa, arranca este miércoles con un precio de 25,7 millones de euros. La operación evidencia el desplome del centro comercial y el fracaso de las conversaciones con el consistorio.

El Centre de la Vila, centro comercial de referencia en la Villa Olímpica de Barcelona, saldrá a subasta este miércoles 10 de junio con un precio de salida de 25,7 millones de euros, lo que supone un descuento del 75% respecto al valor de mercado que manejaba su propietario, la empresa pública Mercasa. La operación, gestionada por la Sociedad Mercantil Estatal de Gestión Inmobiliaria de Patrimonio (Segipsa), refleja el desplome de un activo que nació en 1996 con grandes expectativas y que hoy languidece con menos de la mitad de sus locales ocupados.

La cifra de salida equivale a apenas 1.485 euros por metro cuadrado de superficie bruta alquilable (SBA), una valoración que choca frontalmente con los más de 6.000 euros por metro cuadrado que se pagaron a principios de 2026 por el 50% de Splau, en Cornellà de Llobregat. Ese complejo, propiedad de Unibail Rodamco Westfield, marcó un referente alto para el retail del área metropolitana. También La Farga, en L’Hospitalet, se vendió el año pasado a un precio que fuentes del mercado situaron en parámetros similares.

El desplome no es casual. El Centre de la Vila arrastra un deterioro progresivo desde hace más de una década, agravado por la marcha de operadores clave como los cines Yelmo. En la actualidad, apenas 39 de los 84 locales disponibles tienen inquilinos, y la documentación de la subasta reconoce «deficiencias de mantenimiento» y la necesidad de una inversión urgente para modernizar unas instalaciones que nunca se reformaron.

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El espejo de La Farga y el peso de la inversión

La comparación con La Farga es inevitable. Ambos centros abrieron en 1996, rondan los 18.000 metros cuadrados de SBA y contaban con supermercados y multicines como locomotoras comerciales. Pero mientras La Farga ejecutó una reforma integral en 2022 que le permitió mantener la actividad, el Centre de la Vila no ha tenido esa oportunidad. La falta de inversión ha alejado a compradores potenciales, incluido el Ayuntamiento de Barcelona, que estuvo a punto de adquirirlo.

Según recoge la información de Crónica Global, el consistorio que lidera Jaume Collboni desistió tras meses de tira y afloja con Mercasa. La oferta inicial del vendedor rondaba los 80 millones de euros, una cantidad más alineada con el mercado, pero las sucesivas rebajas no convencieron al gobierno municipal, que finalmente abandonó la idea. El precio se situó como el principal escollo.

El Centre de la Vila es el ejemplo de cómo la falta de inversión y la parálisis institucional pueden vaciar un centro comercial de primera generación.

Lo que queda ahora es una subasta en primera convocatoria, un formato que rara vez garantiza el éxito. Si no hay postores, el precio podría bajar aún más en una segunda vuelta, agravando la sensación de que el activo vale poco más que el suelo que ocupa. Mientras, los vecinos de la Vila Olímpica conviven con un enorme espacio semiabandonado que rompe la trama urbana.

La intrahistoria política: Mercasa, el Estado y una oportunidad perdida

Analizamos el trasfondo de la operación. Mercasa, sociedad estatal propietaria de Mercabarna y de otros centros comerciales en España, no es un agente inmobiliario cualquiera: su capital es público y sus decisiones responden a criterios no solo económicos, sino también de cohesión territorial. El hecho de que el Ayuntamiento de Barcelona no haya podido —o no haya querido— cerrar la compra de un inmueble estratégico en uno de los barrios más simbólicos de la ciudad deja preguntas sobre la coordinación entre administraciones.

El precedente más cercano, La Farga, demuestra que un centro de estas características puede revalorizarse si se acomete la reforma necesaria. Pero en el caso del Centre de la Vila, ni el gobierno local ni el Estado han sido capaces de articular una solución. La subasta, por tanto, no es solo un acto de liquidación patrimonial: es el reconocimiento de un fracaso compartido entre dos niveles de la administración que no supieron —o no quisieron— evitar el deterioro de un activo que pudo ser motor de la zona.

Desde esta redacción, entendemos que el resultado de la subasta marcará el futuro inmediato de la Vila Olímpica. Si un inversor privado se hace con el centro y lo reforma, podría devolverle la vida comercial que perdió. Si la subasta queda desierta, el deterioro se acelerará y la responsabilidad recaerá sobre un Estado que no ha sabido gestionar su patrimonio inmobiliario y sobre un consistorio que ha dejado pasar la oportunidad de intervenir en un punto neurálgico de la ciudad.

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