Orriols y Barcelona desatan la crisis interna de Junts con Aliança Catalana

La irrupción de Aliança Catalana en el interior de Cataluña erosiona las bases de Junts y revela las tensiones internas en el partido de Puigdemont. Las primarias de Barcelona, con cuatro aspirantes y un resultado incierto, reflejan la lucha por el control del discurso nacionalis

El independentismo catalán afronta un momento de vértigo. Junts, el partido que durante años ha marcado la agenda nacionalista desde el Parlament y desde la Generalitat, se enfrenta ahora a una tormenta interna que tiene dos epicentros: las primarias a la alcaldía de Barcelona y la implosión provocada por Aliança Catalana en el interior de Cataluña. Lo que está en juego no es solo quién encabezará una lista municipal —una alcaldía que, de hecho, los sondeos pintan muy lejana para los posconvergentes—, sino la credibilidad del liderazgo de Carles Puigdemont y la cohesión de un espacio político electoralmente magullado.

Primarias en Barcelona: cuatro candidatos y una alcaldía casi imposible

Esta misma semana, la comisión municipal territorial de Junts en Barcelona tiene previsto proclamar a los cuatro aspirantes que han superado el primer filtro para las primarias. Jordi Martí Galbis, Pilar Calvo, Glòria Freixa y Jaume Alonso-Cuevillas han presentado las más de doscientas firmas que el partido exige —un 20 % de los avales, aunque la formación no ha publicado la cifra exacta de cada uno— y ahora la maquinaria electoral echa a andar. La campaña arrancará mañana 13 de junio y durará hasta el día 19, y la militancia podrá votar el fin de semana del 20 y 21 de junio para elegir al número uno.

Cuatro perfiles, cuatro corrientes dentro de un mismo partido que arrastra una tensión soterrada desde la salida del Govern de la Generalitat. Martí Galbis encarna el juntaireo de raíz municipalista, Calvo aporta perfil técnico, Freixa representa al sector más vinculado a la Assemblea Nacional Catalana y Alonso-Cuevillas, exdiputado en el Parlament, es el candidato que más explícitamente se reclama del puigdemontismo puro. Las primarias no serán, sin embargo, un simple trámite: reflejan la lucha por controlar el discurso de Junts en un momento en que el partido pierde fuelle en las encuestas y ve cómo el votante más radical se siente atraído por una fuerza emergente.

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Aliança Catalana, la amenaza que devora el voto de Junts en el interior

El fenómeno Orriols es ya una realidad electoral que hiela la sangre en la dirección de Junts. Aliança Catalana ha pasado de ser un partido residual a alcaldesas en Ripoll o concejales en Vic, y su discurso —mezcla de independentismo abrupto y un nativismo que no se atreve a nombrar— seduce a un elector cada vez más escéptico con la política de gestos. Donde antes Junts recogía un apoyo casi automático en las comarcas del interior de Cataluña (Lleida, la Catalunya Central o el Alt Empordà), ahora compite con una fuerza que le disputa la hegemonía del «no a todo» frente a Moncloa.

«El independentismo se está fragmentando y la irrupción de Aliança es la expresión más visible de una crisis de confianza en los partidos clásicos», resumía una fuente de la formación consultada por este diario. La capacidad de Orriols para articular un discurso sencillo, con un fuerte componente identitario, está vaciando de afiliados y votantes a las secciones locales de Junts, especialmente en aquellos municipios donde la cuestión migratoria se ha convertido en el eje del debate público.

El problema para Puigdemont no es solo numérico. Es de identidad. Junts siempre se ha movido en la ambigüedad sobre hasta dónde tensar la cuerda institucional. Mientras Puigdemont sigue instalado en la lógica de la «confrontación inteligente» desde Waterloo, su partido en Cataluña se desangra por la derecha. Y en las primarias de Barcelona, cada candidato intenta posicionarse con más dureza que el anterior para no ser rebasado por Aliança Catalana, aunque ello suponga alejar aún más una posible alcaldía.

Orriols independentismo

El síntoma de una crisis de liderazgo que Moncloa sigue de reojo

La tormenta no se queda en lo municipal. En el entorno del president en el exilio crece la frustración por la erosión de la marca. Las primarias de Barcelona y la fuga de voto a Aliança Catalana en el resto del territorio dibujan un panorama poco alentador para un partido que necesita el pulmón electoral de las grandes ciudades para mantener su peso en el Parlament y en el Congreso de los Diputados. Sin Barcelona, el proyecto se queda sin anclaje metropolitano.

La debilidad de Junts es también una variable que Moncloa monitoriza con atención. Cualquier fractura en el espacio independentista puede facilitar o complicar la legislatura estatal, pero, sobre todo, abre una ventana para que ERC recupere parte del terreno perdido. De hecho, fuentes de Esquerra ya deslizan que la división de sus rivales posconvergentes les permitirá volver a presentarse como el único independentismo capaz de negociar.

La competición por Barcelona es un espejo de la fractura que recorre a Junts: entre el independentismo de gestos y la necesidad de ganar la calle.

Lo que ocurra en las primarias estos próximos días no solo definirá el perfil del candidato a la alcaldía barcelonesa. Será un termómetro de hasta qué punto el partido de Puigdemont es capaz de contener la hemorragia hacia Aliança Catalana y de proyectar un liderazgo internamente cohesionado. Si los cuatro aspirantes acaban reeditando la guerra de trincheras que ya se vivió en las elecciones internas de 2024, la imagen de partido roto se consolidará y el mensaje de unidad se esfumará antes de que llegue el próximo ciclo electoral autonómico.

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En la calle y en los despachos de la Generalitat, la pregunta es la misma: ¿puede Junts sobrevivir a la pugna con Orriols sin renunciar a su esencia? Las primarias de Barcelona van a dar la primera respuesta.