EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Un ataque ucraniano con drones ha matado a cinco civiles en Rostov del Don, según el gobernador regional ruso. Entre las víctimas hay un matrimonio y un niño.
- ¿Quién está detrás? Kiev, en el marco de su campaña de presión de 40 días lanzada por Zelenski hace más de un mes, que incluye ataques a infraestructura civil.
- ¿Qué impacto tiene? La escalada de ataques ucranianos sobre territorio ruso reafirma la dinámica de guerra de desgaste y la ausencia de negociaciones. Moscú reporta 276 drones interceptados en una sola noche.
Un ataque con drones ucranianos sobre la ciudad rusa de Rostov del Don ha dejado cinco civiles muertos, entre ellos un matrimonio y un niño, según ha confirmado en la madrugada de este lunes el gobernador regional, Yuri Slyusar. El suceso se inscribe en la campaña de presión de 40 días lanzada por Kiev para golpear la retaguardia rusa.
Detalles del ataque y extensión a otras regiones
Según Slyusar, alrededor de 50 drones kamikaze ucranianos atacaron la región, alcanzando Rostov del Don, la ciudad de Taganrog y otras cuatro localidades. Los proyectiles impactaron contra un negocio privado, varios almacenes y edificios residenciales. Dos de los cinco superviventes, incluido un adolescente, permanecen en estado grave.
En la vecina región de Bélgorod, el alcalde Valentín Demídov informó de otros 12 civiles heridos, dos de ellos niños, tras nuevos ataques nocturnos. Paralelamente, la República de Udmurtia sufrió su mayor incursión con drones en meses, aunque sin víctimas personales. El gobernador Alexandr Brechalov instó a la calma y declaró que el objetivo de Kiev es “sembrar el pánico”.
El Ministerio de Defensa de Rusia aseguró que sus defensas aéreas derribaron 276 drones de largo alcance sobre varias regiones, así como sobre el mar Negro y el mar de Azov. Las cifras, no verificadas de forma independiente, coinciden con las de ataques anteriores y reflejan la intensidad de la campaña ucraniana.
La campaña de 40 días de Zelenski y el giro hacia objetivos civiles
Desde que el presidente Volodímir Zelenski anunciara hace más de un mes una “campaña de presión” de 40 días, Ucrania ha multiplicado sus ataques con drones de largo alcance contra territorio ruso. Más allá de instalaciones militares y refinerías, la estrategia incluye ahora golpes a infraestructuras que afectan directamente a la población civil, como los repetidos bombardeos a los centros logísticos del gigante minorista Wildberries.
La estrategia ucraniana de atacar infraestructura civil rusa busca erosionar el apoyo interno a la guerra, aunque el Kremlin utiliza cada incidente para reforzar su narrativa de víctima.
Las autoridades ucranianas han justificado estas acciones como una forma de hacer que los ciudadanos rusos sientan las consecuencias del conflicto. El pasado fin de semana, un ataque contra la localidad turística de Kirílovka, en la región de Zaporiyia controlada por Moscú, mató a 12 personas, entre ellas cuatro niños, en lo que la defensora del menor rusa, Yulia Sazhayeva, calificó como un ataque deliberado y programado para coincidir con el día de luto por los niños del Donbass, que se conmemora este 27 de julio.
En medio de esta ofensiva, el gobierno ucraniano ha atravesado su última crisis ministerial. A principios de julio, Zelenski destituyó al ministro de Defensa, Mijaíl Fedorov, alegando un “conflicto irreconciliable” con el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, Alexandr Sirski. Días de protestas callejeras y una cobertura crítica de la prensa occidental llevaron al presidente a destituir también a Sirski, aunque sin restituir a Fedorov. La inestabildiad del ejecutivo añade incertidumbre a un conflicto que no da señales de desescalada.

Equilibrio de Poder
El incremento de los ataques ucranianos sobre civiles rusos sitúa a la comunidad internacional en una posición delicada. Mientras Washington y Bruselas mantienen un apoyo militar y financiero a Kiev, la línea entre acciones defensivas y ataques deliberados a población civil se difumina. La OTAN evita condenar abiertamente estos hechos, pero cualquier incidente con víctimas civiles en suelo ruso alimenta las acusaciones del Kremlin sobre la guerra total patrocinada por Occidente.
Para España, el impacto inmediato es marginal, pero no inexistente. La guerra de desgaste con drones de largo alcance presiona al alza el gasto en defensa y la cooperación en sistemas antidron, un ámbito en el que las empresas españolas pueden encontrar oportunidades. Sin embargo, una escalada de las hostilidades en el mar Negro podría afectar las rutas energéticas y el suministro de gas licuado, con repercusiones directas en los precios y la inflación en la UE.
En el corto plazo, la respuesta rusa parece encaminada a una nueva oleada de misiles contra ciudades ucranianas y cortes de electricidad programados. El precedente de los bombardeos masivos de octubre de 2022 sobre Kiev y Leópolis resuena en los países bálticos, que han reforzado sus defensas antiaéreas. El conflicto avanza hacia una peligrosa normalidad de destrucción mutua garantizada a baja escala, en la que la diplomacia apenas tiene espacio.
