OTAN no ve amenaza rusa: el SACEUR descarta conflicto directo desde Berlín

El general Alexus Grynkewich asegura en Berlín que Moscú no busca un enfrentamiento con la Alianza Atlántica, en contraste con las alertas de varios líderes europeos que apuntaban a una guerra en 2029. La brecha entre la inteligencia militar y la retórica política reabre el debat

El máximo comandante militar de la OTAN en Europa, el general Alexus Grynkewich, ha afirmado este jueves en Berlín que la inteligencia aliada no detecta planes de Moscú para atacar a ningún Estado miembro. «Rusia no busca un conflicto», ha subrayado durante un panel en la feria aeronáutica ILA, desmintiendo así los escenarios de guerra que altos cargos de la UE han situado en 2029.

Una inteligencia que contradice a los halcones europeos

Las palabras del SACEUR (Supreme Allied Commander Europe) suponen un jarro de agua fría para quienes, dentro de la Alianza, han elevado el tono en los últimos meses. Grynkewich, citado por el Financial Times, ha detallado que Moscú «entiende el concepto de ‘alianza defensiva’ y comprende que la OTAN dispone de un buen número de ventajas asimétricas». La conclusión de la inteligencia es clara: no hay indicios de una invasión inminente ni de una voluntad de enfrentamiento directo.

Este mensaje contrasta de plano con declaraciones recientes de líderes como el jefe del Estado Mayor de la Defensa alemán, general Carsten Breuer, quien aseguró el mismo jueves que la OTAN debe estar preparada para un posible choque con Rusia en 2029. En la misma línea, el presidente checo Petr Pavel pidió a la Alianza que «mostrase los dientes», mientras que el ministro de Exteriores lituano, Kestutis Budrys, defendió que la OTAN debe demostrar su capacidad para «irrumpir» en la región de Kaliningrado, un enclave ruso en el Báltico.

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El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, calificó esas manifestaciones de «locura rayana» y «hostilidad maníaca». Por su parte, Vladímir Putin reiteró la pasada semana en el Foro Económico de San Petersburgo que atacar a la OTAN sería «una locura absoluta y una provocación deliberada». La misma idea fue respaldada por el antiguo jefe de la Armada alemana, el vicealmirante retirado Kay-Achim Schoenbach, quien advirtió de que la UE podría «caminar sonámbula hacia el papel de beligerante».

La brecha entre Washington, Bruselas y el flanco este

El posicionamiento del SACEUR, un general estadounidense, refleja también la visión que tiene el Pentágono sobre el teatro europeo. La Administración Trump ha señalado en varias ocasiones que la prioridad estratégica es el Indo-Pacífico, y ha planeado reducir el número de tropas desplegadas en Alemania, una decisión que algunos responsables europeos consideran una señal equivocada hacia Moscú. Sin embargo, la lectura de la inteligencia militar parece avanzar en dirección contraria: Rusia, debilitada por la guerra en Ucrania y las sanciones, carece hoy de capacidad y de voluntad para abrir un segundo frente a gran escala.

La inteligencia descarta un ataque ruso, pero la política europea insiste en el rearme. La Alianza navega entre dos lecturas de la misma realidad.

Esta divergencia entre el análisis castrense y la retórica de ciertos líderes políticos europeos no es nueva, pero ha adquirido una dimensión inédita desde que el conflicto de Ucrania disparó los presupuestos de defensa. Desde 2022, varios Estados miembros han aprobado aumentos sustanciales en su gasto militar, y la Comisión Europea presiona para que esa tendencia se consolide. El argumento principal ha sido siempre la amenaza existencial de Rusia. Si el propio mando militar aliado descarta un ataque, el suelo argumental de ese rearme se resquebraja.

Rusia OTAN

El general Grynkewich ha puesto el foco en las «ventajas asimétricas» de la OTAN, una alusión a la superioridad tecnológica, la capacidad de proyección de fuerzas, la inteligencia y la disuasión nuclear. Es precisamente ese paraguas el que, a juicio de los servicios de inteligencia, disuade a Moscú de cualquier aventura contra el territorio aliado. La cuestión, sin embargo, es si esa confianza puede resultar excesiva y llevar a una relajación de la vigilancia en el flanco oriental.

Equilibrio de Poder

La declaración del SACEUR pone de relieve una fractura latente entre la inteligencia militar de la OTAN y el discurso político de los países del flanco este. Washington, a través de su máximo representante en la cadena de mando, envía un mensaje de calma que puede interpretarse como un intento de rebajar la tensión con Moscú y concentrar recursos en el enfrentamiento con China. Para los países bálticos y Polonia, sin embargo, cualquier indicio de distensión es percibido como una amenaza a su seguridad.

El impacto para España es menos directo pero no por ello irrelevante. La distancia geográfica reduce el riesgo inmediato, pero el debate sobre el gasto en defensa sigue siendo una variable clave en la política nacional. Si la OTAN institucionaliza una lectura más templada de la amenaza rusa, la presión para que nuestro país alcance el 5% del PIB —una exigencia recurrente de Trump— podría moderarse. Sin embargo, la inercia del rearme comunitario y los intereses de la industria militar europea juegan en sentido contrario.

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Desde Moncloa, la posición oficial ha sido siempre la de cumplir con los compromisos de gasto pero sin sacrificar el gasto social. Una distensión entre la inteligencia militar y la alarma política podría dar oxígeno al Gobierno para negociar plazos más amplios. Aun así, la tensión con Marruecos y la inestabilidad en el Sahel mantienen la necesidad de unas Fuerzas Armadas capaces y bien financiadas.

A medio plazo, el verdadero riesgo no es tanto una agresión convencional rusa como una escalada no deseada a partir de un incidente en el Báltico o en Kaliningrado. La historia enseña que las grandes guerras no siempre empiezan por un plan premeditado: la crisis de los misiles de 1962 estuvo a punto de prender por un error de cálculo. La Alianza haría bien en recordar que la disuasión funciona mientras todas las partes crean que existe una amenaza real. Si esa percepción se diluye, el tablero cambia.

La próxima cumbre de la OTAN, prevista para el otoño en La Haya, será el escenario donde se pongan sobre la mesa estas contradicciones. Hasta entonces, la brecha entre los despachos de inteligencia y los discursos políticos solo puede crecer.