Abascal acumula más de dos años sin pisar Cataluña pese a la presión de sus barones

El líder de Vox no visita Catalunya desde el cierre de campaña de 2024. Sus dirigentes territoriales reclaman presencia en un territorio que elige 48 diputados al Congreso y donde el partido aspira a crecer.

Santiago Abascal no pisa Catalunya desde hace más de dos años, pese a la insistencia de sus barones territoriales para que muestre presencia en una comunidad que elige 48 diputados al Congreso.

El líder de Vox pisó Catalunya por última vez en el cierre de campaña de las elecciones autonómicas de 2024, un acto en la plaza de Artós, en el barrio barcelonés de Sarrià. Entonces, los pronósticos auguraban un retroceso, pero el partido de Ignacio Garriga mantuvo los 11 escaños con los que irrumpió en el Parlament en 2021. Desde aquel día, ni una sola visita.

Dos años sin Abascal: la presión de los barones

La ausencia contrasta con la actividad de otros líderes nacionales. Alberto Núñez Feijóo y Pedro Sánchez han multiplicado sus desplazamientos a Catalunya en los últimos meses, conscientes de que los 48 diputados que se eligen en sus cuatro circunscripciones pueden decidir la Moncloa en 2027. Los responsables territoriales de Vox han trasladado en reiteradas ocasiones la necesidad de que Abascal se deje ver más.

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Desde el entorno del presidente argumentan que las campañas electorales en Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía —donde su presencia eclipsó a candidatos regionales poco conocidos— han imposibilitado cualquier movimiento. Y añaden un matiz clave: “Catalunya ya tiene al secretario general”, recuerdan, en alusión a Garriga, número dos del partido y diputado en el Parlament.

Las mismas fuentes internas insisten en que la ausencia no es desinterés, sino confianza. Garriga fue uno de los pocos rostros conocidos que se mantuvo fiel a la dirección cuando comenzaron las discrepancias y las fugas: Iván Espinosa de los Monteros, Javier Ortega-Smith, Macarena Olona… Su desempeño en Catalunya es valorado muy positivamente, y los sondeos internos apuntan a un crecimiento electoral un dato que refuerza la tesis de que el trabajo local compensa la falta de visitas del líder nacional.

La ausencia del presidente de Vox no responde al olvido, sino a una estrategia de delegación que, de momento, los números respaldan.

El giro discursivo y la normalización del mensaje

El partido, además, ha encontrado en en Catalunya un laboratorio para su discurso. La irrupción de la ultraderecha independentista, con Aliança Catalana a la cabeza, no ha restado votos a Vox, sino que, según análisis internos, ha ayudado a normalizar sus propuestas. El concepto de la ventana de Overton sobrevuela la estrategia: el discurso antiinmigración, compartido por ambos espacios, gana adeptos en el llamado cinturón rojo del área metropolitana de Barcelona, feudo histórico del PSC.

Pero la apuesta va más allá del área metropolitana. En zonas como Girona, el hecho de que los candidatos de Vox hablen en catalán con frecuencia —algo que antes no sucedía— está abriendo la puerta a nuevos votantes. La formación trabaja ya en candidaturas municipales para su próximo examen electoral, con Gonzalo de Oro como favorito para repetir al frente de la lista de Barcelona, pese a las dudas que generó al inicio de la legislatura.

Un equilibrio precario: entre Catalunya y la Moncloa

El futuro de Vox, sin embargo, no se entenderá sin la posibilidad de que, a partir de 2027, el partido forme parte del Gobierno de España. En este ciclo, han vuelto a pactar gobiernos autonómicos con el PP y aspiran a repetir la fórmula en el Ejecutivo central si suman mayoría. Ese escenario podría afectar directamente a la facción catalana: Ignacio Garriga ya se planteó antes de los comicios de 2023 la posibilidad de asumir una vicepresidencia, un puesto que Abascal preferiría no ocupar, según las fuentes consultadas.

En ese caso, el nombre que gana enteros para sustituirle al frente del grupo parlamentario catalán es el del diputado Sergio Macián. La coreografía está diseñada, pero todo queda aún lejos. Como también una próxima visita de Abascal, que los barones reclaman pero que, según admite el propio partido, no está prevista en los próximos meses. La ausencia se prolonga, y con ella, la pregunta que ronda los pasillos de Vox: ¿hasta cuándo puede permitirse el líder no pisar Catalunya sin que se interprete como una rendición?

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